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Daniel Rodríguez Herrera

Los marsupios contra Ayuso

Unos de los colectivos que más han quedado en evidencia durante estos meses de pandemia es el de los divulgadores científicos, los escépticos profesionales.

Daniel Rodríguez Herrera
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El número de contagios ya estaba bajando en Madrid cuando el Gobierno de Sánchez ordenó que nos confinaran. El objetivo de la medida, por tanto, no era sanitario sino político. En primer lugar, había que dejar mal a Ayuso, que representa el Madrid liberal que no pueden aguantar porque objetivamente funciona mejor que cualquier región gobernada por el PSOE, amén de resistirse al rodillo ideológico que domina el discurso televisivo. Y en segundo, porque así Illa podría presentarse a las elecciones catalanas poniéndose la medallita de haber luchado contra Matrit, fuente de todo mal en el imaginario nacionalista: un discurso que es dominante en Cataluña porque la izquierda mediática lo ha permitido y alentado.

El problema es que los contagios ya estaban bajando cuando Illa pisó el acelerador al dictado de Sánchez y Redondo. Ya estaban bajando por las medidas previas al confinamiento de las áreas sanitarias, incluso. Y estaba cantando por soleares, incluso con todas las teles haciéndole la propaganda, que confinaban a todo Madrid porque consideraban que les convenía políticamente. Si ya resulta difícil de partida creerse que al Gobierno del 8-M le importa la salud de los ciudadanos, que se mostraran de acuerdo con las medidas tomadas por los de Ayuso un día y al siguiente dieran mano un giro de 180 grados pese a la mejoría de los datos hacía mucho más ardua la labor de los mentirosos profesionales que tienen en nómina.

Así que han acudido a unos de los colectivos que más han quedado en evidencia durante estos meses de pandemia: los divulgadores científicos, los escépticos profesionales, los que nos explican la cencia centífica desde los medios de mucho progreso. Los mismos que llevan meses limitándose a ser el eco de Fernando Simón cuando decía que en España habría dos o tres casos, cuando decía que era como una gripe, cuando decía que las mascarillas no eran necesarias y cuando pasó a reconocer que sí lo eran. Todo ello explicado con grafiquitos muy monos y sin salirse ni una coma de lo que decía el Gobierno de los suyos, aunque tuviesen que cambiar la música de un día para otro. Esos que han demostrado que, entre periodismo y propaganda de izquierdas, nunca jamás se plantearían optar por lo primero.

Habiendo sido capaces incluso de despreciar todas las evidencias a favor del uso de mascarillas al comienzo de la epidemia, para ellos resultaba sencillo encontrar el Santo Grial que ayudaría a explicar la bajada de los datos de contagios. ¡Se están haciendo menos PCR en Madrid! ¡Albricias! ¡Lo tenemos! ¡Por eso salen menos contagiados! ¡Los datos de Madrid son falsos!

Solo que no lo son. Porque están bajando los test, pero también el porcentaje de positivos. Tras bajar los contagios, empezaron a bajar las hospitalizaciones. Tras bajar las hospitalizaciones, los ingresados en UCI. Lo previsible es que esta semana, o a más tardar la siguiente, desciendan los fallecimientos. Todos los datos son coherentes con un descenso real de contagios, y no encajan con una simple reducción en los test. Pero eso nunca ha importado a los marsupios de la prensa progre, porque la ciencia siempre ha de quedar sometida a los dictados de la ideología de izquierdas. Los que llevamos años siguiendo la campaña teológica del calentamiento global ya lo sabíamos. Me gustaría decir que ahora le ha quedado más claro al resto del mundo, pero todos sabemos dónde está la potencia de fuego mediática.

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