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EDITORIAL

Colau arruinará Barcelona

Colau y sus adláteres, serían un grave peligro para cualquier pequeña localidad. Al frente de Barcelona, su gestión puede llegar a ser letal.

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La moratoria hotelera decretada por el Ayuntamiento de Barcelona es una de las medidas más dañinas de las implantadas por el equipo liberticida Ada Colau. La franquicia barcelonesa de Podemos ya había puesto en su punto de mira la actividad turística durante la campaña de las elecciones municipales. Han bastado sólo unos meses de legislatura para que se ponga de manifiesto que las amenazas contra el sector más dinámico de la segunda ciudad española iban completamente en serio.

Colau ha decidido por su cuenta paralizar las inversiones hoteleras para, en sus propias palabras, abrir "un proceso de reflexión pausado y ordenado" (sic) sobre el modelo turístico de la ciudad. Su profunda ignorancia sobre todas las cuestiones relacionadas con la vida económica, por otra parte algo lógico en una persona a la que no se le conoce actividad productiva alguna más allá del activismo callejero, ha llevado a esta radical de tres al cuarto a poner patas arriba un negocio vital para Barcelona, uno de los grandes destinos turísticos ya no de España sino de Europa.

Una decisión arbitraria de este calado carecería de justificación incluso en el caso de que Colau y sus colaboradores fueran grandes expertos en el sector de la hostelería, cosa que, desde luego, no son. La prepotencia y la incompetencia son en este caso un cóctel explosivo que amenaza gravemente la economía de la Ciudad Condal.

No contenta con paralizar las inversiones más importantes del sector, la alcaldesa ultra la ha emprendido también contra los pequeños negocios hoteleros, decretando el cierre inmediato de casi cuatrocientos de ellos. El despropósito de esta ofensiva contra una de las principales fuentes de riqueza de Barcelona se está poniendo de relieve en la gravedad de sus consecuencias, la primera de las cuales es el aumento brutal de los costes de alojamiento durante este mismo ejercicio.

El sector turístico es extraordinariamente sensible a los ataques institucionales, de manera que una ciudad señalada por su enemistad hacia este tipo de negocios tardará muchos años en recuperarse a ojos de los principales operadores nacionales e internacionales.

Colau y sus adláteres, radicales y populistas todos ellos y sin la menor experiencia, serían un grave peligro para cualquier pequeña localidad española. Al frente de una ciudad de la importancia de Barcelona, su gestión puede llegar a ser letal.

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