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EDITORIAL

El PSOE, ante la persistente tentación frentepopulista

De poco servirá resistir la tentación de pactar con la extrema izquierda y los separatistas si persiste la aversión a cualquier acuerdo con el PP.

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En el PSOE ha existido siempre una pulsión totalitaria, sectaria y cainita que, tras las elecciones del 20 de diciembre, llevó a muchos a dar por descontado que Pedro Sánchez llegaría a cualquier clase de acuerdo con la extrema izquierda y el nacionalismo con tal de convertirse en presidente del Gobierno.

El sectarismo y la obsesión anti PP anidan, ciertamente, en el PSOE, pero los hechos son los que son, y lo cierto es que el único acuerdo de Gobierno firmado por Pedro Sánchez ha sido el suscrito con un partido ubicado a su derecha, como es Ciudadanos, aun a sabiendas de que dicho pacto no sería suficiente para evitar la celebración de unas nuevas elecciones.

También es un hecho que Pedro Sánchez ha sabido imponerse en su partido a la hora de rechazar una oferta tan peligrosa y, al tiempo, tan tentadora como la que le hacía este martes Pablo Iglesias, consistente en concurrir juntos al Senado para acabar con la mayoría que el PP conserva en la Cámara Alta.

No eran pocos en el PSOE que veían con buenos ojos esa alianza con Podemos y hasta la defendían abiertamente. Tal es el caso del líder de los socialistas valencianos, Ximo Puig, o del PSC, que se ha echado en brazos de Colau y ha entrado en el Gobierno municipal de Barcelona.

Aunque Puig no haya retirado su propuesta, que la estudiará mañana la Comisión Federal de Listas, lo cierto es que el dirigente socialista valenciano, tras reconocer "la legitimidad que tiene Ferraz para decidir", ha frenado formalmente las negociaciones con Podemos.

Aun así, el hecho de que Pedro Sánchez haya resistido hasta el momento la tentación de un frente popular no significa que ésta haya definitivamente desaparecido y que el PSOE no vaya a caer en ella más adelante. Junto a los Besteiro, los Largo Caballero siguen coexistiendo en un Partido Socialista que no termina por decantarse definitivamente por unos o por otros. Y no hay que olvidar que el propio Pedro Sánchez, que ahora rechaza la radicalización del PSOE y el abrazo del oso que le pretenden dar los nuevos comunistas, es el mismo que no ha dicho ni pío ante la deriva del PSC y que dio el visto bueno a que el PSOE respaldase y siga respaldando al Gobierno podemita de Carmena en Madrid.

Es cierto que la determinación de Podemos de ser el mamporrero de todos los nacionalismos periféricos que pretenden acabar con la Nación y convertirla en un "Estado plurinacional" que facilite la ruptura hace más difícil que el PSOE se deje llevar por los cantos de sirena podemitas en el ámbito nacional.

Sin embargo, de poco servirá resistir la tentación de pactar con la extrema izquierda y los separatistas si persiste la aversión a llegar a cualquier tipo de acuerdo con el PP

En España no habrá un Gobierno socialdemócrata equivalente a los que existen en Europa que no sea el que Mariano Rajoy se empeña en presidir; empecinamiento que impide, a su vez, que el PP recupere en la oposición sus traicionadas señas de identidad liberal-conservadoras. El riesgo de un Gobierno de frente popular-secesionista persiste desde el momento en que Rajoy se negó a disiparlo al votar junto a Podemos y los separatistas contra el pacto PSOE-Ciudadanos. También por culpa de un PSOE que se negó a cualquier clase de diálogo con un partido como el PP, que, por mucho que tenga al líder peor valorado por los españoles, no dejaba de ser el partido más votado.

Así las cosas, mientras no haya ninguna clase de entendimiento entre los dos grandes partidos supuestamente moderados y nacionales, la posibilidad de que, tras las nuevas elecciones, sigamos como hasta ahora, o de que el radicalismo antisistema saque mayor tajada, sigue completamente viva.

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