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EDITORIAL

Hora de desalojar la Puerta del Sol

Es imprescindible desalojar todas las plazas de España, pero también lo es hacerlo con inteligencia y proporcionalidad. De momento, ni en Madrid ni en Barcelona se ha actuado con la diligencia debida.

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Las protestas de Sol nunca tuvieron un carácter pacífico, por el simple motivo de que se basaban en una ilegalidad: ocupar los espacios públicos privándolos del uso para el que fueron concebidos; de hecho, la violación de la jornada de reflexión del pasado sábado sólo fue la guinda de un proceso de permanente afrenta a nuestro Estado de derecho. De ahí que resulte absurdo afirmar que las actuaciones policiales contra el Movimiento 15-M no resultan procedentes: los hurtos o las ocupaciones de inmuebles también pueden efectuarse sin mediar violencia y ello no significa, ni mucho menos, que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado deban quedarse con los brazos cruzados. Es más, la violencia policial puede llegar a ser imprescindible para restituir a la víctima, que no es el ladrón sino la persona desposeída de su propiedad.

Lo mismo sucede con Sol o con la ocupación de todos los restantes espacios públicos de España. Las plazas y las calles son patrimonio de todos los españoles y no de quienes opten por erigir sus tenderetes sobre ellas: la finalidad de la vía pública es facilitar la circulación y el tránsito, no imposibilitarlo. No es de extrañar, pues, que los comerciantes de Sol estén profundamente indignados, no ya con los ocupantes ilegales, sino con un Ministerio del Interior que hace completa dejación de sus funciones. Es urgente que la policía, tras casi dos semanas de impunidad, comience a restituirles las plazas a todos los españoles. Para eso están y para eso les pagamos.

Sin embargo, que haya que desalojar las plazas no significa que se deba hacer de cualquier forma. Es preferible realizarlo de noche y con lluvia, cuando el número de ocupantes es mínimo, que a plena luz del día, cuando se les unen un elevado número de espontáneos; es preferible emplear la menor violencia posible para lograr el objetivo marcado que utilizar de inmediato e indiscriminadamente las porras contra los manifestantes. Por eso, la actuación de los Mossos d’Esquadra en Barcelona resulta del todo desproporcionada. El propósito de la carga no fue desalojar Plaza Cataluña, sino limpiarla para que luego se pudiese volver a ocupar; y para tan desnortado objetivo, se han empleado medios tan inadecuados como para ocasionar decenas de heridos entre los ocupantes ilegales y entre los mossos.

Es imprescindible desalojar todas las plazas de España, pero también lo es hacerlo con inteligencia y proporcionalidad. De momento, ni en Madrid ni en Barcelona se ha actuado con la diligencia debida. Y mientras tanto, los "indignados" siguen ocupando la vía pública, perjudicando a todos los españoles y ocasionando cuantiosas pérdidas a los comerciantes.


 

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