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EDITORIAL

El PSOE y la "república plurinacional" del caudillo Iglesias

Estel anticonstitucional proyecto de nada menos que el vicepresidente segundo del Gobierno no por disparatado resulta menos desestabilizador.

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Ya resulta una vergüenza que España sea el único país democrático del mundo con comunistas confesos empotrados en el Gobierno. Pero no queda ahí la aberrante anormalidad que representa la presencia de Podemos en el Poder Ejecutivo. Y es que la formación de Pablo Iglesias, a diferencia de otros movimientos de extrema izquierda, no sólo aspira a imponer su liberticida agenda colectivista, también pretende fragmentar el sujeto de soberanía sobre el que se sustenta el edificio constitucional –la nación española– y transitar a un "Estado plurinacional en forma de república". Ni el Partido Socialista Unido de Venezuela del carnicero Nicolás Maduro, ni la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) de Alexis Tsipras ni ninguna otro entidad relevante de la extrema izquierda –y para qué hablar de los regímenes comunistas– aspiran dinamitar los países en los que operan.

La llegada de Pablo Iglesias al Gobierno no le ha llevado a renunciar a ese lesivo, anacrónico y disparatado proyecto, clamorosamente anticonstitucional, tal y como ha dejado de manifiesto este miércoles en la Universidad Complutense de Madrid. Para el caudillo comunista, en España se está abriendo un "horizonte republicano plurinacional".

Con ser lamentable e indignante que un profesor de ciencia política haga una contraposición tan burda como la que enfrenta monarquía y democracia, cuando las mayores y más criminales dictaduras del momento son repúblicas y cuando democracias tan consolidadas como la sueca, la británica, la danesa, la holandesa o la belga son monarquías parlamentarias, lo peor es que el capo comunista, cuyo modelo de república se asemeja más al que rige en Venezuela que al de Estados Unidos, se empecine en aspirar a un Estado plurinacional sin tener siquiera la gentileza decir el nombre y el número de las naciones que pasarían a conformarlo.

Estel anticonstitucional proyecto de nada menos que el vicepresidente segundo del Gobierno no por disparatado resulta menos desestabilizador, por cuanto da además oxígeno a las formaciones secesionistas, volcadas en la demolición de la Monarquía, a la que perciben, con razón, como símbolo de la unidad y permanencia de la nación española. De hecho, este miércoles los socios de investidura de Pedro Sánchez –incluidos Podemos, los proetarras de Bildu y los golpistas catalanes– han intentado por décima vez que el Congreso investigue los negocios de Don Juan Carlos como medio de desgastar a la Corona.

Aunque el PSOE se haya opuesto a ese intento de convertir el Parlamento no en una cámara de control al Gobierno sino en una especie de tribunal destinado a enjuiciar a un rey que nunca gobernó y que hace años dejó de reinar, debería ser mucho más activo en su oposición a este nada disimulado plan de sus socios para acabar con la Monarquía constitucional. Pero es que, como les ha reprochado la popular Cayetana Álvarez de Toledo, los socialistas son "muy hábiles generando ruido sobre el Rey, pero inútiles para rastrear los contagios del coronavirus".

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