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EDITORIAL

Iglesias y su totalitario desprecio a la libertad de expresión

Aquí están los podemarras, dando lecciones de democracia mientras pretenden cercenar las libertades en nombre del "Pueblo" o de la "ciudadanía". Con la ominosa complicidad silente de Pedro Sánchez y su inicuo Partido Socialista.

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Vaya por delante que criticar a un periodista o a un grupo de periodistas no es atacar la libertad de expresión sino una forma de ejercerla. Los periodistas no están por encima del resto de la ciudadanía y, por tanto, pueden ser criticados como cualquier otra persona, por lo que dicen tanto en el ámbito de la opinión como en el de la información. Por otro lado, no es lo mismo la crítica que el insulto; como no es lo mismo la crítica que un periodista pueda sufrir por parte de cualquier ciudadano y la intimidación o el señalamiento por parte de un gobernante o de un miembro de un partido que forma parte del Gobierno.

Buena muestra de la confusión de ambas cuestiones y de la creencia totalitaria de que la prensa no está para controlar al Gobierno, sino que es el Gobierno el que debe controlar a la prensa, la ha brindado este martes, nada menos que desde la Moncloa, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. Para el líder comunista, hay que "naturalizar" que los periodistas reciban tanto "críticas como insultos en las redes sociales", en referencia a las inadmisibles descalificaciones que su compañero de partido Pablo Echenique ha vertido contra el presentador de Antena 3 Vicente Vallés, al que ha relacionado con las "cloacas" y la "extrema derecha" por haberse mostrado crítico con Podemos. Eso, por no hablar de otros señalamientos y descalificaciones que el propio Iglesias ha dirigido contra otros periodistas, como Esteban Urreiztieta, Eduardo Inda o Javier Negre.

No es de extrañar que un político leninista como Iglesias avale los ataques contra la libertad de prensa, habida cuenta de que él mismo manifestó en su día que consideraba contraria a la libertad de expresión "la existencia misma de medios de comunicación privados". Y es que, según una noción de democracia propia de la orwelliana Republica Democrática Alemana, o como la que impera en países como Argentina o Venezuela, la libertad de expresión no es para Iglesias un derecho individual que debe respetar el Estado, sino una concesión del Estado que debe articularse a través de medios de comunicación estatales.

No menos chavista y totalitaria es la noción de libertad de expresión que evacuó recientemente su semejante Juan Carlos Monedero al advertir que aquélla "no pertenece a los periodistas o a los medios de comunicación" sino a la "ciudadanía", entendida esta como un todo, que "la delega si trabajas con objetividad, no cuando eres parte de las cloacas".

Ni que decir tiene que ni un solo demócrata digno de tal nombre defiende enfoques tan aberrantes de la libertad de expresión. Pero aquí están los podemarras, dando lecciones de democracia mientras pretenden cercenar las libertades en nombre del "Pueblo" o de la "ciudadanía". Con la ominosa complicidad silente de Pedro Sánchez y su inicuo Partido Socialista.

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