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La fanfarronería insolidaria e impune de Paulino Rivero

La impunidad de los nacionalistas hace que personajes como el presidente regional canario se crean facultados para actuar de la manera más insolidaria.

EDITORIAL
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Las bravuconadas de Paulino Rivero, impropias de una autoridad del Estado como es él, no han cesado con la autorización definitiva del Gobierno para que se puedan realizar prospecciones petrolíferas en aguas españolas próximas al archipiélago. Este lunes, el presidente canario amenazó a "Repsol y sus compinches" con impedirles hacer su labor "pacíficamente", porque no va a consentir "el expolio de los recursos situados en aguas canarias”.

Las palabras de Rivero son en el fondo un ejemplo de ignorancia y demagogia y, en la forma, más propias de un matón que de un mandatario. El presidente canario debe saber que la política energética y la administración de los recursos naturales hallados en territorios o aguas de soberanía española corresponden al Gobierno de España, sin que las autoridades regionales puedan impedir prospecciones o explotaciones futuras. Por más que Rivero lance ridículas amenazas como las que profirió este lunes, el procedimiento para autorizar los trabajos de búsqueda de yacimientos de crudo ha cubierto todas las etapas previstas en las leyes y ahora sólo cabe esperar que las prospecciones tengan el éxito que los estudios preliminares vaticinan.

En realidad, Paulino Rivero debería ser el primero en felicitarse por la posibilidad de que se encuentre una importante fuente de riqueza en las proximidades de Canarias. Con un paro que supera el 30%, lo que convierte a Canarias en una de las regiones con más desempleo de Europa, cualquier posibilidad de estimular el crecimiento de una economía desplomada como esa debería ser recibida con satisfacción, máxime cuando se hace con todas las garantías posibles para preservar la riqueza medioambiental del archipiélago.

Pero de poco vale aportar argumentos racionales en defensa de un proyecto que beneficia a todos los españoles cuando lo que se dirime con esta polémica artificial alimentada por Rivero no es el interés general, sino quién ganará las próximas elecciones. En un clima de radicalismo político, exacerbado por formaciones antisistema que se aprovechan de la desesperación de los ciudadanos, el presidente canario ha decidido sumarse a esta estrategia y no vacila en utilizar la demagogia más burda si con eso cree que consigue arrastrar un puñado de votos.

En otras circunstancias las baladronadas de Rivero habrían sido cortadas de raíz por la acción enérgica del Gobierno, que no tiene por qué tolerar que una autoridad subalterna trate de perjudicar una operación que beneficia a España en su conjunto. Sin embargo, la impunidad con que los nacionalistas catalanes están llevando adelante su desafío, mucho más grave que las bravatas riverinas, hacen que personajes como el presidente regional canario se crean facultados para actuar de una manera tan insolidaria.

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