Como si fuera un pinchadiscos de tercera, el presidente del Gobierno ha difundido por sus cuentas en las redes sociales la lista de canciones que escucha y pretende seguir escuchando mientras el mar aún escupe muertos en Ceuta y miles de inmigrantes permanecen emboscados en la ciudad. Que en estas circunstancias Pedro Sánchez se haya ido de vacaciones es casi peor que cuando les dijo a los valencianos en la gota fría que si necesitaban ayuda, la pidieran.
Una ciudad entera, más de ochenta mil ciudadanos españoles, ha corrido un riesgo extremo mientras Sánchez, atenazado por su incompetencia y todo indica que por la información sobre él de la que dispone Rabat, tardaba horas y horas en reaccionar y cuando lo hacía era para mostrarse totalmente sobrepasado por los acontecimientos, convertido en una piltrafa política en manos de Marruecos y diciendo que la interlocución con las autoridades del país vecino era "fluida y muy muy razonable".
No se podía exhibir más debilidad que la mostrada por un Sánchez desbordado, incapaz de disimular un estupor paralizante y tan rendido ante Marruecos que en vez de una respuesta enérgica contra la invasión lo que hizo fue humillarse, arrastrarse y abandonar Ceuta tan pronto como pudo, presa de un ataque de pánico menos accidentado que en Paiporta pero mucho más grave.
Las vidas y las haciendas de más de ochenta mil españoles corrieron un serio peligro y aún lo corren, pero el presidente del Gobierno no ha tenido reparo alguno en irse de vacaciones, las mismas que no van a poder disfrutar los ceutíes por la pavorosa actuación del Gobierno socialista, cuyo presidente se muestra mucho más ducho a la hora de recomendar cancioncitas pop que en la de proteger los intereses nacionales, las fronteras de España y de Europa y a los ciudadanos de nuestra nación.
Con ese gesto de la playlist, de cruda falta de empatía con los ceutíes, de desconexión de la realidad, de estupidez política, de pura desidia, de delictivo abandono de sus funciones, Pedro Sánchez ha redondeado una actuación nefasta y que no pocos dudan en calificar de traición. En el momento en el que se necesitaba un mensaje de contundencia frente al agresor marroquí, cuando más urgía una alocución pública en la que se garantizara la seguridad de los ceutíes y de nuestras fronteras, va Sánchez y se larga a la Mareta no sin antes enemistarnos con toda la Unión Europea y endilgarnos sus canciones favoritas, la "banda sonora" de su verano, una "ecléctica", según él, colección de temas musicales. Y la vende repantigado en un sofá, sonriendo, como si España no acabara de ser atacada en la que es la enésima operación de guerra híbrida del "amigo" marroquí y, probablemente, la más grave. No tiene pase y aunque ya es difícil que el presidente nos sorprenda, hay que reconocer que este es uno de sus más lamentables episodios y, por lo que al devenir futuro de este país se refiere, quizá esto sea peor incluso que la corrupción, la amnistía y la cloaca dedicada a la destrucción de los jueces.

