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La ruindad del PP con Mayor Oreja

Los dirigentes del PP no dudaron ayer en en utilizar el acto desarrollado en Toledo para llevar a cabo su revancha particular contra Mayor Oreja.

EDITORIAL
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La proclamación oficial de la candidatura del Partido Popular al Parlamento Europeo ha constituido una afrenta inmerecida a Jaime Mayor Oreja, el político que, además de una trayectoria política intachable en el ámbito nacional, ha encabezado dos veces consecutivas la lista del PP en estos comicios. A lo largo de todo el acto desarrollado ayer en Toledo nadie hizo referencia al trabajo desarrollado por Mayor Oreja en Estrasburgo, ni siquiera los que todavía van a seguir a sus órdenes hasta que se constituya el nuevo Parlamento bien entrado el mes de junio. La decisión del político vasco de no repetir en la candidatura popular, justificada por el cambio de rumbo de su partido en temas tan sensibles para Mayor Oreja como la política antiterrorista, ha sido suficiente para que los burócratas a las órdenes de Rajoy y de Cospedal actúen como si jamás hubiera existido, lo que refleja perfectamente la categoría moral de los dirigentes actuales del PP.

Jaime Mayor Oreja ha sido, sin duda, el mejor ministro de Interior de la democracia, como acredita sobradamente su hoja de servicios en la lucha antiterrorista, engrandecida por el hecho de que, en manos de los socialistas, sirvió fundamentalmente para enriquecerse ilícitamente y cometer crímenes de Estado. En atención a esos méritos, Aznar valoró la posibilidad de proponerlo para sucederle al frente del partido en un proceso del que, finalmente, resultó beneficiado Mariano Rajoy. Sólo por eso, Mayor Oreja merecía en el día de su adiós a las tareas de representación política un mínimo reconocimiento, al margen de las discrepancias programáticas que se han puesto de manifiesto con la llegada del PP al poder en diciembre de 2011 y su seguimiento de la política de rendición ante la ETA iniciada por José Luis Rodríguez Zapatero.

El agravio se pone de manifiesto todavía con mayor crudeza tratándose de un acto relativo a unas elecciones de ámbito europeo, que muy poco tienen que ver con las cuestiones de política interna que han suscitado el desencuentro de Mayor Oreja con su partido. La decisión de evitar cualquier mención al político que ha encabezado las listas europeas del PP en las dos últimas convocatorias revela también el escaso respeto que el partido de Rajoy tiene por estas elecciones, cuya puesta de largo de cara a la inminente campaña ha sido utilizada para saldar cuentas con el político que más puede aportar en un acto de estas características, después de haber dirigido durante una década los designios de su grupo político en el Parlamento Europeo.

Los dirigentes del PP, además de evitar a toda costa la introducción de mecanismos de democracia interna en los procesos de selección de candidatos, no dudan en utilizar actos como el desarrollado ayer en Toledo para llevar a cabo sus revanchas particulares, de manera que todos sepan a qué se exponen si se atreven a cuestionar la línea oficial marcada por Rajoy y su camarilla. A falta de que en los próximos días Arias Cañete comience a explicar su proyecto, esa es la principal enseñanza que cabe extraer del inicio de la campaña europea del PP.

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