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EDITORIAL

La violencia no tiene 'género'

No se puede victimizar ni criminalizar a una persona por razón de su sexo. Como ha denunciado acertadísimamente Macarena Olona, “la violencia no tiene género”.

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Se trata, sin lugar dudas, de uno de los mayores atentado legislativos contra la democracia liberal y el Estado de Derecho que se hayan perpetrado en Europa en las últimas décadas y, para colmo, uno de los mayores fracasos a la hora de combatir esa terrible lacra que se supone pretende erradicar: el maltrato y el asesinato de mujeres a manos de sus parejas o exparejas masculinas. Nos referimos, evidentemente, a la mal llamada Ley Orgánica de Medidas de Protección contra la Violencia de Género, engendro pseudojurídico aprobado en 2004 y que vulnera principios jurídicos esenciales como la presunción de inocencia y la no discriminación por razón de sexo.

Bajo su amparo, no se aplica la misma norma en caso de que sea el hombre el denunciante y la mujer el denunciado, ni está igualmente penada la agresión de un hombre a una mujer que la de una mujer a un hombre. Como toda legislación que privilegia a una parte de la población respecto de otra, estimula el abuso. Así, basta una denuncia por maltrato en un proceso de divorcio donde se ventila la custodia de los hijos para otorgar esta a la denunciante. La mujer, por el mero hecho de interponer una denuncia, sin que medie sentencia, tiene derecho a asistencia social integral y a asistencia jurídica gratuita (si acredita falta de recursos), a numerosas ventajas laborales; se le exime de cotizar a la Seguridad Social durante seis meses (si es trabajadora por cuenta propia) y pasa a percibir la Renta Activa de Inserción en el caso de que sus ingresos sean lo suficientemente bajos.

Al amparo de este desafuero, el Gobierno no contabiliza como falsas las denuncias de las que resultan absueltos los varones y silencia desde e 2003 el número de varones, niños, abuelos u homosexuales que han sufrido asesinato o maltrato en el seno familiar por no cumplir el requisito de ser un acto criminal perpetrado por varón contra mujer. Aun así, las 1.054 mujeres que han sido desde entonces asesinadas por sus parejas o exparejas masculinas deberían ser razón más que suficiente para derogar este atropello jurídico y, en su lugar, aprobar una legislación que endurezca las penas contra maltratadores y asesinos, con absoluta independencia del sexo al que pertenezcan víctimas y verdugos.

Y es que la existencia de esta persistente lacra no obedece al sexo al que pertenece el agresor, como tampoco obedece al sexo de la victima, sino a la condición de criminal del agresor. Y ni se puede victimizar a una persona por razón de su sexo ni se puede criminalizar a otra por razón del suyo. Como ha denunciado la diputada de Vox Macarena Olona, con gran acierto tanto en la forma como en el fondo, "la violencia no tiene género".

Lo peor es que, ante el descomunal fracaso de esta injusta ley, sus defensores, lejos de entonar el mea culpa y hacer propósito de enmienda, tratan de apuntalarla violando la libertad de expresión pretendiendo que se considere delito afirmar que la violencia no tiene género, palabra ya de por sí tóxicamente cargada de ideología.

Así las cosas, resulta inaudito que únicamente Vox salga en defensa tanto del endurecimiento de las penas que castigan todo acto de violencia como de la derogación de este engendro jurídico que victimiza a la mujer y criminaliza al hombre por el mero hecho de serlo.

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