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EDITORIAL

Los separatistas, a puñetazos a la espera de las negociaciones con Sánchez

La mesa de negociación orquestada por Sánchez con los golpistas es un balón de oxígeno para el separatismo y un factor de unidad de los separatistas.

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Las organizaciones independentistas están tan degradadas tras tantos años de frustración y derrota que ya combaten entre ellas por el liderazgo de la violencia en el movimiento para la secesión de Cataluña. La hostilidad en el seno del separatismo quedó de manifiesto con especial crudeza en los actos del Día de la Comunidad Autónoma Catalana, donde unos y otros dirimieron sus diferencias a golpes, sillazos, insultos y gritos.

Antes de eso, las organizaciones que apoyan a los partidos separatistas ya habían dado pruebas del tono que iban a adoptar durante la Diada al proferir gruesos insultos contra Oriol Junqueras, otrora el líder providencial que iba a conducir a Cataluña a la independencia, convertido hoy en un apestado para las facciones más radicales del separatismo, que lo acusan de haber traicionado al movimiento con su acuerdo con Sánchez para una mesa de negociación.

Pero la violencia entre los grupos separatistas es solo el reflejo primario de las relaciones entre los partidos políticos que buscan la independencia de Cataluña. Con la necesidad de mantener el poder autonómico a toda costa, el partido de Junqueras, el del fugado Puigdemont y los ultraizquierdistas de la CUP mantienen abierta una cruda lucha intestina para liderar el movimiento secesionista, lo que ha provocado no pocas grietas en la coalición que controla el Gobierno de la Generalidad.

En tales circunstancias, los actos de la Diada han tenido una participación sensiblemente menor que otros años, señal evidente de que el hartazgo ya cunde hasta entre los partidarios de la secesión. Por eso, los cerriles que continúan persiguiendo la quimera independentista se están radicalizando a marchas agigantadas, como único resorte para mantener viva la llama disparatada del separatismo.

La mesa de negociación orquestada por Sánchez con los golpistas, que comenzará sus tareas de demolición esta misma semana, es un balón de oxígeno para el separatismo y un factor de unidad de los partidos independentistas, que han visto en el Gobierno socialcomunista a un aliado inestimable para humillar a España y avanzar en su camino a la secesión.

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