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EDITORIAL

Los sobresueldos y la 'caja B' de Podemos

El cacareado código ético de Podemos es de aplicación para otros partidos, no para el de Iglesias.

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La declaración que, durante casi cuatro horas, ha realizado este miércoles el excoordinador del equipo legal de Podemos, José Manuel Calvente, ante el Juzgado nº 42 de Madrid no pueden ser más explosivas: Calvente ha denunciado no sólo la irregular adjudicación de unas obras de remodelación en la sede del partido de Pablo Iglesias, sino la existencia de una "caja B" en la formación neocomunista y el pago de sobresueldos a miembros destacados de la misma.

A lo largo de su extensa declaración, Calvente –expulsado del partido mientras investigaba sus irregularidades contables– ha dado cuenta de una batería de episodios que, de probarse, serían constitutivos de delito; por ejemplo, el de las obras de en la sede, que, saliendo a licitación por 600.000 euros, acabaron adjudicándose de forma opaca por 1,2 millones. El abogado ha asegurado igualmente que el partido inflaba ante Hacienda el importe de una serie de donaciones que, en realidad, eran de menor cuantía, lo que apunta a que Podemos podría haber blanqueado dinero en efectivo de origen desconocido. En cuanto al pago de sobresueldos de forma irregular, Calvente asegura que descubrió el abono de "complementos injustificados" a determinados miembros del partido, así como el pago constante de "gastos de transporte también sin justificar" que constituían una forma de retribución mensual encubierta. Finalmente, el exabogado de Podemos ha asegurado que la adjudicación de los trabajos de campaña a la empresa mexicana Neurona, entidad que realiza servicios para las dictaduras latinoamericanas, también estuvo repleta de ilegalidades

Deberán ser los tribunales los que dictaminen si es cierto todo lo que denuncia este abogado. Pero, desde luego, con muchos menos indicios de delito contra el PP los de Podemos, empezando por Pablo Iglesias, no tuvieron el menor reparo en ignorar la presunción de inocencia y pedir dimisiones inmediatas al partido entonces liderado por Mariano Rajoy cuando los tribunales todavía no se habían pronunciado. Una vez más, el cacareado código ético de la formación ultra, ese que dictamina que no hay que esperar a que haya condenas para asumir responsabilidades políticas, es de aplicación para otros partidos, no para el de Pablo Iglesias.

Dado que Pablo Iglesias está en un brete no sólo por este asunto sino por el mal llamado caso Dina, ya podría el ahora silente líder de Podemos recordar aquella frase suya de que "en política no se pide perdón, en política se dimite". Porque esta es la hora en que él no ha hecho ni una cosa ni la otra.

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