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La castidad de las lenguas

Han descubierto que la lengua es el pretexto ideal para reivindicar el derecho de propiedad sobre un territorio muy apetecible.

Eduardo Goligorsky
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Hubo una época en que proliferaron las narraciones tejidas en torno a doncellas cuyos padres las encerraban en torres herméticas para preservar su castidad. Rara vez lo conseguían, y en ello residía la emoción de la trama. Hasta hace no mucho tiempo estas historias tenían su reflejo en la vida real: las familias velaban celosamente por la virginidad de las jóvenes hasta el día del himeneo. Y los recursos para burlar la vigilancia eran tan ingeniosos como en las ficciones literarias. Hoy, vencidos aquellos prejuicios tradicionales, campan por sus respetos los guardianes de otra castidad. La de las lenguas. ¡Que ninguna competidora intrusa contamine la pureza del verbo ancestral! Con una salvedad: no es el arcaico prurito moralizador el que mueve a estos gendarmes, sino la profana ambición de poder. Han descubierto que la lengua es el pretexto ideal para reivindicar el derecho de propiedad sobre un territorio muy apetecible.

Condenada a la decadencia

Las víctimas de esta campaña son las lenguas -tanto la originaria como la presuntamente intrusa, sometidas a presiones, deformaciones y esclerosis contra natura-, sus hablantes, y sobre todo los niños y los jóvenes, convertidos en rehenes de una contienda que los priva de conocimientos y de medios para comunicarse y así poder progresar en un mundo cada día más interrelacionado. Y una sociedad embarcada en un proceso anómalo de este tipo está irremisiblemente condenada a la decadencia. Es el caso de Cataluña, donde los secesionistas maltratan a la lengua catalana, al convertirla exclusivamente en un arma identitaria, despojada de sus valores como vínculo entre compatriotas, entre culturas y entre economías; maltratan a la lengua española, al confinarla ilegalmente extramuros del sistema de enseñanza, en todos los ámbitos de la administración pública y en los medios de comunicación oficiales; y maltratan a los niños y los jóvenes, encerrados en una burbuja lingüística de la que sólo salen para respirar la precaria atmósfera cultural de la calle, la televisión, los videojuegos y las redes sociales.

La lengua paria es el castellano, que, a juicio de los secesionistas, amenaza la castidad del catalán y, sobre todo, el blindaje de la frontera que anhelan levantar entre Cataluña y -aunque se lo oculten a los ciudadanos- la Unión Europea, encarnada esta última en España. (Advertencia: cuando Mas promete a Israel que Cataluña será su puente con la UE está vendiendo una mercancía tarada, porque una Cataluña independiente estaría automáticamente fuera de la UE, y tendría tantas posibilidades de ser intermediaria con la UE como las que tiene Mas de ser intermediario entre un catalán y Sharon Stone).

El diplomático español Carles Casajuana ha publicado un artículo (LV, 9/11) en el que se manifiesta totalmente de acuerdo con la voluntad de la Generalitat de exigir que todos los estudiantes universitarios tengan un buen nivel de inglés para graduarse, porque, "hoy, no saber inglés es una sofisticada forma de analfabetismo". Pero ¿y la condena a recibir desde la primera infancia una enseñanza monolingüe en catalán para inculcar la formación del espíritu secesionista, despreciando el castellano, no se inscribe en otra categoría de analfabetismo? Un analfabetismo de matriz cainita. Tiene razón Fernando Savater cuando afirma que si alguien critica al ministro Wert y no hace otro tanto con la inmersión es porque "la educación le importa un pimiento".

El colectivo Cataluña Tal Cual aborda este tema con rigor. He aquí algunos de sus argumentos, expuestos en el boletín número 60 de la Asociación por la Tolerancia. Frente a quienes aducen que el conocimiento del castellano de los niños de Cataluña es incluso superior que el de los niños del resto de España, responde:

No parece muy lógico que los niños que realizan su vida escolar completamente en una lengua, el castellano, la conozcan a un nivel inferior al de los que la tienen como una simple asignatura que además se empieza a enseñar cuando el niño ha sido escolarizado desde edades tempranas exclusivamente en catalán.

La verdadera amenaza a la convivencia la constituyen aquellos que apuestan por el monolingüismo escolar obligatorio o emprenden, alocadamente, la senda separatista, que, esa sí, fracturará irremediablemente la sociedad catalana.

No es necesario continuar con políticas de normalización lingüística. Después de treinta años, o bien el catalán ya está normalizado y debe cesar la normalización, o bien estas políticas han sido inútiles y deben cesar también.

Degradación progresiva

Un detalle curioso demuestra hasta qué punto estos experimentos de ingeniería social han perjudicado el conocimiento de la lengua. Leo en la versión en castellano para metecos del somatén mediático (LV, 11/11) un artículo titulado "Divino tesoro" que dice, entre otras cosas:

No se puede comparar la competencia lingüística, por ejemplo, de nuestros abuelos, que la tenían según sus tiempos, con la que debemos exigir a los estudiantes de hoy.

El artículo lo firma Enric Prats que ejerce, y aquí viene lo interesante, en el "Departamento de Teoría y Historia de la Educación de la UB". El "y Historia" en lugar de "e Historia” es un síntoma de la degradación progresiva de la “competencia lingüística” en la etapa actual de la historia de la educación. Sucede que la versión en castellano para metecos es un muestrario de dicha degradación. Los “testigos” se convierten en “testimonios” (testimoni, en catalán); quemar, verbo transitivo que significa "hacer arder", se transforma en arder, verbo intransitivo (cremar, en catalán tiene las dos acepciones). El director del diario, José Antich, comete este error, con su firma, en la página 2 (LV, 13/11): "Un incendio en Catalunya como el que aún quemaba anoche en el Baix Empordà". Ardía, no quemaba. También se repite la conjunción catalana i en lugar de y. Si los adultos tienen esta empanada mental, qué se puede esperar de los niños víctimas del experimento.

En medio de este embrollo, asoman los expertos en camelar incautos con su colección de patrañas infumables. "Ninguna aversión a la lengua castellana", es el título del engañabobos que firma el secesionista Josep-Maria Puigjaner (LV, 12/11):

Hay aún muchos españoles, y quizás algún catalán desinformado, que piensan que una eventual Catalunya soberana minusvaloraría la lengua de Castilla. Que no sufran: los representantes políticos de la opción independentista ya se han pronunciado con claridad meridiana sobre este asunto: el castellano no perdería en ningún caso el carácter de lengua cooficial.

¿Una lengua cooficial cercenada ilegalmente en las escuelas y proscripta en los documentos del gobierno autonómico y en todos los papeles y letreros de las oficinas públicas? La desfachatez de los lenguaraces no tiene límites. Esta burla obscena merece una andanada como la que descerrajó, con su típica causticidad, Gregorio Morán, después de dedicar un elogio, raro en él, al entorno humano de Barcelona (LV, 13/4):

Una singularidad peninsular que rompieron los talibanes cuando recorrieron la ciudad denunciando quién tenía los carteles correctos y quién estaba fuera de la norma lingüística. La ciudadanía siguió impecable, pero el nuevo fascismo nacionalista, descendiente de los viejos tiempos nacional-católicos, enseñó la cara.

Una lamentable farsa

Aparentemente la castidad de la lengua catalana está protegida por todos los flancos. Celosos cancerberos no escatiman artimañas para mantener alejado al seductor español.

Y sin embargo… Sin embargo, como en las versiones picarescas de las historias de doncellas prisioneras, el seductor se infiltra por donde menos se lo espera. Quien le entreabre la puerta es, paradójicamente, el líder de la cruzada secesionista. Lo descubre Francesc de Carreras (LV, 13/4):

Por último, todo el asunto es una lamentable farsa. Acudan ustedes a la página web de la Escola Aula, en la que han estudiado el president Artur Mas y sus hijos, y comprobarán que allí se cumple la doctrina que aplican los tribunales y que rechaza el Govern: se enseña en catalán y en castellano. Una escuela privada, claro, pero igualmente sometida a la ley. En Catalunya la ley no es igual para todos.

Adiós castidad de la lengua. El contacto y la intercomunicación de las lenguas despejan el camino hacia la convivencia civilizada. Lo explica Lluís Foix (LV, 23/4):

Las lenguas perduran por la capacidad intrínseca de cada persona de hablar lo que aprendió de sus padres. El idioma no puede ser una lanza del político para someter a otros. Una auténtica mente abierta será aquella que, sin perder su identidad lingüística, intente comprender la lengua de los otros. Cuantas más, mejor.

La evolución de las culturas lo ha demostrado: cuando las lenguas pierden la castidad que pretenden imponerles los maniqueístas puritanos, engendran los frutos de la ciencia y la sabiduría.

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