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Eduardo Goligorsky

La caverna espiada

Los conciliábulos de la caverna deben estar sometidos a una vigilancia permanente para que no se repitan movilizaciones subversivas como la del 1-O.

Eduardo Goligorsky
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Los conciliábulos de la caverna deben estar sometidos a una vigilancia permanente para que no se repitan movilizaciones subversivas como la del 1-O.
Margarita Robles | Flickr-Defensa

La caverna supremacista catalana se siente espiada. Dos de sus cabecillas –el presidente del Parlament, Roger Torrent, y el concejal del Ayuntamiento de Barcelona Ernest Maragall– denunciaron que han sido víctimas de una operación de espionaje cibernético. Torrent anunció que emprendería las acciones legales y políticas necesarias para que se investiguen "hasta el final" unos hechos que consideró de una "gravedad extraordinaria" y que "se depuren todas las responsabilidades". A continuación enmarcó el hackeado en una "causa general" y en "la guerra sucia" del Estado contra el movimiento independentista. Recalcó que el Gobierno de Pedro Sánchez "es cómplice" si tenía constancia de dicho espionaje y que si no lo conocía estaríamos "ante un signo muy preocupante de negligencia política".

Por su parte, los grupos independentistas registraron en el Congreso y en el Senado solicitudes de comparecencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de la titular de Defensa, Margarita Robles, de quien depende el CNI, para que den cuenta del asunto.

Actos aberrantes

Por fin aparece en este entramado la sigla que puede despejar equívocos si se la interpreta desde un punto de vista patriótico y de respeto a la legalidad constitucional.

El texto que enuncia la misión del CNI –Centro Nacional de Inteligencia– es tan conciso como taxativo:

El objetivo esencial del CNI es proporcionar al Gobierno de España la información necesaria para prevenir y, en su caso, evitar cualquier riesgo o amenaza que afecte a la independencia e integridad de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de Derecho y sus instituciones.

Es notorio que la caverna de la que forman parte Torrent y Maragall se jacta de que todos sus actos están encaminados a aniquilar la integridad de España, perjudicando los intereses nacionales y quebrantando la estabilidad del Estado de Derecho y sus instituciones, lo cual justificaría con creces la vigilancia primero, y la imputación y condena a prisión después, de los responsables de estos actos aberrantes.

Sin embargo, no existen pruebas de que el CNI haya puesto realmente en marcha esta operación. Sobre todo ahora, cuando está infiltrado por la marabunta podemita anticonstitucional. Los expertos opinan que "es un misterio, y probablemente siga siéndolo, a quién proporcionó [NSO Group] este software de espionaje para acceder al teléfono de Roger Torrent" (Ramón Peco, "Pegasus, el misterioso Spyware", LV, 15/7). "De hecho", añade aparte el mismo diario, "populares y naranjas sugirieron que detrás del espionaje podía estar el socio de ERC en el Govern, JxCat". Piensa mal y acertarás, sentencia el refrán hecho a la medida para estos timadores.

Basta de chirigotas

Basta de chirigotas. Confiemos en que los profesionales del CNI consigan neutralizar el sabotaje podemita, cumplan con la misión que tienen encomendada y actúen, con la discreción propia de los servicios de inteligencia, pero con el rigor implacable de los ejércitos en acción, contra los enemigos de España. Los conciliábulos de la caverna deben estar sometidos a una vigilancia permanente para que no se repitan movilizaciones subversivas como la del 1-O, amparadas por la nocturnidad y la alevosía.

Afortunadamente, tampoco se necesita mucha perspicacia para desenmascarar los tejemanejes de estos rufianes. Ensoberbecidos por su morboso sentimiento de superioridad racial, apenas salen prematuramente de la cárcel donde purgaban sus delitos comprobados de sedición, malversación y desobediencia, se pasean orondos por las calles y proclaman orgullosamente que los volverán a perpetrar, conchabados con los caciques del entorno feudal y con el frenopático guerracivilista de Waterloo.

Cerrar filas

Hoy el CNI no puede perder de vista a la caverna supremacista catalana, pero debe abordarla como un engranaje accesorio de la máquina trituradora lanzada contra la Monarquía parlamentaria. En la cabina de mando está instalado el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, un republicano leninista que idealiza el régimen montado sobre el asesinato de la familia real Romanov y de cien millones de plebeyos. Lo acompaña el vicepresidente republicano del Govern catalán, Pere Aragonès, que acaba de calificar a los Borbones de "organización criminal", incurriendo en una equiparación torticera con su beatificada mafia republicana Pujol-Ferrusola, mientras él y su partido se amanceban en listas conjuntas con los matarifes de la estirpe republicana bilduetarra. Y al pie, dirigiendo el tráfico rumbo al abismo, está el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tan renegado del socialismo que lo aupó al poder de la nación española, donde chupa del bote con avidez republicana.

Frente a la embestida de estos vándalos no son suficientes los recursos cibernéticos del CNI. Es la hora de que intervengan los partidos políticos constitucionalistas en su totalidad, abrazados a la sociedad civil y también, como durante la pandemia, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La consigna es cerrar filas en torno al legítimo Jefe del Estado, Felipe VI, para marchar unidos hacia la concordia, la fraternidad y la reconstrucción nacional.

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