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¿Massachusetts o Kosovo?

A pesar de todo, los ciudadanos pensantes tratan de frenar la embestida fundamentalista.

Eduardo Goligorsky
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El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, convocó a los empresarios de su comunidad para exhortarlos a orientar sus exportaciones fuera del mercado español. ¿Hacia dónde? Si se produjera la muy cacareada ruptura con España, también se cerrarían automáticamente las barreras aduaneras con Europa. Este es un justificado temor que los secesionistas se esfuerzan por disipar con mentiras flagrantes.

Un desvarío impresentable

Jordi Barbeta tergiversa la realidad en el somatén mediático (La Vanguardia, 16/9):

En CiU no hacen ninguna mella las amenazas sobre la expulsión de la Unión Europea de una eventual Catalunya soberana puesto que no está previsto en el Tratado y si el proceso se desarrolla con todas las garantías democráticas sería impensable dejar fuera "al primer país de la Península Ibérica que formó parte del imperio carolingio".

Vaya desvarío impresentable. Nadie amenaza con expulsar a nadie. Sencillamente se trata de que si una región se escinde de un Estado miembro de la Unión, se autoexcluye de esta. Sin contar con que un proceso estimulado y controlado por los centros de poder y jaleado por las soflamas de los medios de comunicación que dichos centros dirigen o subvencionan tiene más puntos de contacto con los tinglados chavistas o kirchneristas que con las garantías democráticas. En fin, la apelación al imperio carolingio revela en qué etapa de la historia han plantado sus argumentos estos reaccionarios de pura cepa. Añoran también al depredador Roger de Flor y sus mercenarios almogávares, y al rey expansionista Jaime I, todos los cuales figuran en el callejero de Barcelona.

Si leyera el diario que él mismo pilota, Barbeta se habría enterado de lo que sigue (LV, 12/9):

¿Cómo afrontaría la Comisión Europea la secesión de una región de uno de los actuales socios de la UE? "Los tratados no contienen ninguna provisión al respecto", aclaró el portavoz, diferenciando entre el proceso de secesión en sí, que se debe regir "por el Derecho internacional", y la posible demanda de ingreso a la UE, que se resolverá "según los tratados y sus disposiciones sobre la adhesión". "Mientras tanto, esta nueva entidad no es parte de la UE" y si quiere volver a formar parte de ella "tiene que pedir la anexión", explicó el portavoz. El derecho comunitario prevé que la demanda de ingreso del nuevo Estado deberá ser aprobada por unanimidad por todos los países de la UE.

Por unanimidad. Más claro, imposible. Y mientras esperan esa unanimidad, los empresarios y el resto de los ciudadanos catalanes podrán copiar la paciencia de Kosovo, donde la aguardan desde hace cuatro años y medio.

Una reseña disuasoria

Al somatén mediático se le coló (LV, 15/9) una reseña sobre la situación de Kosovo que puede resultar disuasoria para más de un ciudadano pensante:

Cuatro años y medio después de su declaración unilateral de independencia, Kosovo sigue al margen de la Unión Europea y es el país balcánico más retrasado en la negociación, hipotecada por el no reconocimiento diplomático de cinco de los 27 Estados miembros: España, Grecia, Chipre, Eslovaquia y Rumanía. Tampoco ha podido ingresar en Naciones Unidas, gentileza de Rusia. Ni siquiera tiene el consuelo del fútbol: ni la UEFA ni la FIFA han admitido a este país cuyos mejores jugadores defienden las camisetas de Albania y Suiza.(...) Kosovo vive bajo tutela internacional en un círculo vicioso –sin normalización en la relación con Europa no hay progreso, según la doctrina oficial que maquilla así vicios autóctonos como la corrupción o el derroche de la asistencia internacional.

¿Corrupción? ¿Derroche? El artículo "Oasis o cloaca", de Antonio Robles, bastará para sembrar en el ciudadano pensante las dudas acerca de la idoneidad de quienes pretenden monopolizar la llave de la caja única, y la lectura de Música celestial. Del mal anomenat cas Millet o cas Palau (Rosa dels Vents, 2012), de Manuel Trallero, terminará de convencerlo de que es víctima de un montaje demagógico que no lo llevará a Ítaca sino a un Kosovo ibérico.

Vergonzoso despilfarro

Queda el interrogante del derroche. Nada mejor que consultar a un balcanizador militante, el economista Xavier Sala i Martín, quien, con la intención de demostrar la viabilidad de una Cataluña soberana, abrió, paradójicamente, las compuertas a una avalancha de datos que disuadirá al ciudadano pensante de entregar la llave de la caja única a los caciques de la tribu. Escribió Sala i Martín (LV, 2/9):

Desde 1997, primer año de la burbuja inmobiliaria, hasta el fin de la era Pujol, la deuda de la Generalitat se mantuvo constante alrededor de los 10.000 millones de euros. Pero entre el 2003 y el 2008 (gobierno de Pasqual Maragall y primeros años de José Montilla) la deuda pasó de 10.900 a 15.776 millones. Eso fue un grave error, porque el Govern tenía que haber visto que su recaudación dependía de una burbuja que tarde o temprano tenía que explotar. Y al ser temporales esos ingresos tenía que haberlos ahorrado para cuando vinieran las vacas flacas. Pero no, en lugar de hacerlo, la Generalitat los dilapidó e incluso aumentó su deuda en casi un 50 %: aeropuertos e infraestructuras absurdas, Fòrum de les Cultures, gasto sanitario descontrolado, altos cargos repletos de parientes y afiliados del partido, estaciones de metro encargadas a los arquitectos más caros del mundo y hasta algún conseller sostenible y solidario diseñando su propio edificio de oficinas al estilo Feng shui.

Todo este vergonzoso despilfarro siguió hasta que, naturalmente, la burbuja explotó y llegó la recesión. Era la segunda mitad del 2008. La recaudación fiscal cayó en picado, y como se siguió gastando como si no pasara nada, la deuda pública se duplicó (repito, ¡duplicó!) hasta alcanzar los 34.229 millones de euros en el 2010. Bravo, don José.

Con Artur Mas llegaron los recortes... pero la deuda siguió subiendo hasta los 42.000 millones (21 % del PIB) (...) Lección número uno: el primer responsable de la deuda de la Generalitat es la propia Generalitat y su dispendio descontrolado durante los años de la burbuja.

Secesionista hasta la médula, Sala i Martín no menciona, entre el "dispendio incontrolado", las pseudoembajadas y las subvenciones a todo quisque que enarbole la estelada.

El núcleo duro

A pesar de todo, los ciudadanos pensantes tratan de frenar la embestida fundamentalista. La élite de "unas 400 personas que nos encontramos en todas partes" y que "coincidimos en muchas cosas" (Fèlix Millet dixit) no es monolítica. Josep Ramoneda ve, alarmado, cómo se resquebraja el frente radical (El País, 13/9):

Un sector muy importante de estas élites, las 25 o 30 personas que forman el núcleo duro del poder económico, no están precisamente entusiasmadas con lo que está pasando.

Este núcleo duro está compuesto por el empresariado que produce bienes y riqueza para Cataluña como parte integrante de España y, lógicamente, para sus propios bolsillos, por lo que no se siente subordinado a los proyectos de la oligarquía parasitaria que ambiciona apoderarse de la llave de la caja única. Y tampoco acompaña las movilizaciones que sumergen al hombre-masa y lo arrastran a la gestación del Kosovo ibérico. Así, el somatén mediático tituló (LV, 16/9) que el empresariado catalán "apoya a Mas para que consiga el pacto fiscal", sin arriesgar ni un euro por la independencia; aclarando, a renglón seguido: "La gran empresa, el mundo financiero y las multinacionales se muestran más críticos". Que los talibanes de CiU y sus socios emulen a Kosovo, si tanto les gusta la idea, pero los ciudadanos pensantes y productivos no están por la labor.

Algunos periodistas veteranos del somatén mediático también están, por lo visto, hartos de que el poder que los subvenciona les haga comulgar con ruedas de molino. Lluís Foix advierte, sin circunloquios (LV, 20/9):

Las pugnas entre Catalunya y España se me antojan como peleas pequeñas, de barrio, porque donde se deciden y se debaten los grandes temas es en Europa (...) Si España otorgara a Catalunya el derecho a decidir sería insólito. Que no se cuente con ello. Donde hay que trabajar es en Europa. Me parece una frivolidad política admitir que en el proceso de creación de un Estado propio podamos quedar un tiempo fuera de Europa. Con el frío que se pasa al raso.

Últimamente los talibanes se deshacen en falsos elogios a Massachusetts. Massachusetts es una parte inseparable de Estados Unidos, donde todos los ciudadanos comparten y respetan la Constitución, las instituciones, los valores y la lengua comunes, sin caprichos secesionistas. Kosovo es un detrito marginado de Europa, semillero de mafias y caldero de corrupción. Se me ocurre una buena pregunta para el hipotético referéndum: ¿Massachusetts o Kosovo?

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