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Eduardo Goligorsky

Operación Aguas Servidas

Andalucía y Madrid marcan el camino.

Eduardo Goligorsky
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Andalucía y Madrid marcan el camino.
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. | EFE

Hay tres categorías de tránsfugas en el ámbito político. Por un lado están los trepadores que, a cambio de prerrogativas sociales o económicas, o de ambas a la vez, traicionan los compromisos contraídos con sus votantes y se pasan al bando contrario. Son aquellos que han convertido el término en un baldón infamante. Es el caso de Inés Arrimadas con su acercamiento al sanchicomunismo.

Por otro están los principistas que, cuando comprueban que es el movimiento del que forman parte el que traiciona el programa que prometió defender, lo abandonan, se mantienen fieles a sus votantes y buscan una alternativa más compatible con ese programa. Es el caso de los representantes de Ciudadanos que optaron por formar grupo aparte o se incorporaron al Partido Popular por considerarlo más afín a su ideario liberal originario. Felicitémoslos por su rectitud.

Pero existe una tercera categoría de mayor impacto: la componen los muchos millones de ciudadanos que en sucesivos comicios transfieren su voto de un partido a otro porque los ha decepcionado, o incluso indignado, el que respaldaron anteriormente. Lo cual explica que Isabel Díaz Ayuso haya conquistado una mayoría abrumadora en el llamado cinturón rojo de Madrid, tradicionalmente izquierdista, y en otros distritos donde triunfaba el centro liberal y socialdemócrata. El transfuguismo de esos millones de votantes no fue un estigma sino un mérito cívico. Un fenómeno que se inició en el feudo históricamente socialista de Andalucía.

Tirar la cadena

Nuestro futuro como nación de libres e iguales en el seno de Europa y de la civilización occidental depende de que esta transferencia –este transfuguismo de masas– continúe y se acentúe en el resto de España. Lo cual implica tirar la cadena para que los detritos del sanchicomunismo sigan bajando hacia las alcantarillas. La operación Aguas Servidas ha comenzado con el reflujo del caudillo Pablo Iglesias de la vicepresidencia segunda y de la entraña confidencial del CNI al circo mediático del magnate trotskista Jaume Roures y al soberbio casoplón de Galapagar. Un comienzo de depuración, que también le debemos a la desatascadora Ayuso, pero incompleto.

Pedro Sánchez, capo de la banda que escogió como lugarteniente al histrión afortunadamente eclipsado, continúa en el puesto de mando, en la Moncloa. Y lo rodea la manada de conjurados que el hoy recauchutado Iglesias empoderó para dinamitar el Estado de Derecho, la Constitución del 78 y la Monarquía parlamentaria, con la fragmentación de España en un mosaico de republiquetas bananeras como guinda del pastel. Acaba de confirmarlo la ministra de Trabajo con carnet del Partido Comunista, Yolanda Díaz, sucesora in pectore del Coleta esquilado, cuando proclamó, parafraseando a su colega argentina la Cruella de Vil peronista Cristina Fernández de Kirchner: "¡Vamos a seguir haciendo historia: este espacio va a por todas!" (LV, 16/5). La avalaba la flor y nata del Gabinete comunista-podemita: Irene Montero, Ione Belarra, Alberto Garzón, Manuel Castells y Enrique Santiago. Con Jaume Asens y Gerardo Pisarello entre bambalinas.

Las taras del sanchismo

Daniel Fernández escribió un panegírico de Sánchez ("¿Existe el sanchismo?", LV, 16/5) donde, con la intención de ridiculizar los argumentos de la oposición, sintetizó involuntariamente, con lenguaje premeditadamente hiperbólico, las taras de su predilecto:

Epítome de todos los males de la peor política, el sanchismo se supone es un monstruo horrible, una perversión, un virus que solo desea el poder y que luego lo usa para destruir el suelo sagrado de la patria. Un disolvente de la España eterna. Frente al sanchismo, de nuevo, la libertad.

El retrato, aunque pretenda ser una caricatura, es veraz. Y explica el traslado masivo de los votos socialistas y centristas liberales a la candidatura de Ayuso. Juan-José López Burniol lo explica con prolijidad notarial ("¡Con todo el mapa en la cara…!", LV, 15/5):

El centroizquierda –o izquierda moderada– ha empezado a votar a la derecha. Las consecuencias de esta deriva serán: a) Aumento de las opciones de la derecha a ganar las próximas elecciones generales. b) Un riesgo grave de desintegración del PSOE, que sería sustituido por un conglomerado de izquierdas autónomas –según el modelo de Más Madrid– articuladas en una especie de Confederación Española de Izquierdas Autónomas.

Intelectuales abducidos

Donde se equivoca López Burniol es en el empleo de la palabra tabú: española. El filósofo rebajado a apparatchik del Diplocat supremacista Josep Ramoneda (ver sus privilegios en El Confidencial, 23/7/2019), la suprime cuando propone vertebrar a Más Madrid, Podemos y "grupos de izquierda con fuerte implantación territorial", o sea los secesionistas y proetarras, en una Federación de Izquierdas Ibéricas ("¿Ahora qué?", El País, 8/5). Cuidado, portugueses. A estos salteadores de caminos ya no les basta con anexar los Països Catalans, también os codician a vosotros, compulsivamente ibéricos.

¡Ay, estos intelectuales abducidos por la izquierda reaccionaria! Antonio Muñoz Molina se jacta de haber votado a la izquierda en Madrid el 4-M "por unos pocos ideales concretos que caben en un folio", y descarga su artillería pesada contra los herejes que impugnan la verdad revelada en sintonía con los revisionistas Andrés Trapiello, Fernando Savater, Joaquín Leguina, Nicolás Redondo, Javier Cercas, Félix de Azúa y otros críticos de los pocos ideales concretos que caben en el folio reivindicado por el gurú Muñoz Molina. Los cuales deben de ser los mismos que se materializan en el programa del bloque de izquierda que abarca desde felones voraces hasta reliquias del terrorismo etarra, pasando por racistas antiespañoles. Programa que ya ha puesto en marcha el Gobierno que padecemos, con el voto a favor de Muñoz Molina.

Lista de ideales

Veamos cuáles son algunos de los ideales concretos que sedujeron a este intelectual de izquierda y a sus cofrades. 1) La ruptura de la unidad nacional y la implantación del modelo balcánico de repúblicas étnicas autoritarias con la consiguiente desaparición de la Monarquía parlamentaria. 2) La derogación de la Constitución del 78 y de los deberes, derechos y libertades que garantiza. 3) La conversión del sistema de enseñanza en un laboratorio de ingeniería social, hostil a la libertad de pensamiento y programado para el adoctrinamiento sectario. 4) La sustitución de la lengua vehicular española por otras regionales, minoritarias o dialectales inútiles para la comunicación, la convivencia y el progreso personal fuera del marco local. 5) La cancelación de la potestad parental para sustituirla por la imposición de la ideología de género, con su secuela de agresiones a la identidad biológica de niños y adolescentes, agravadas por operaciones invasivas y tratamientos hormonales teratogénicos. 6) La erosión de la Justicia y de las fuerzas del orden para dejar impunes los atentados contra la propiedad privada, las rebeliones, las sediciones, las malversaciones y los actos de vandalismo, delitos todos ellos a cuyos ejecutores recalcitrantes prometen generosos indultos, amnistías y reformas del Código Penal.

¿Necesita el intelectual Muñoz Molina más ideales concretos para llenar el folio de virtudes que lo impulsaron a votar por el Frankenstein sanchicomunista y sus ramificaciones rufianescas y proetarras? Podríamos hablar de la profanación de la cultura y la historia en beneficio del guerracivilismo. O de la cohabitación ideológica y venal con las dictaduras tercermundistas y la subvención a sus empresas fallidas.

Sobran motivos

Lo dicho: después de leer el contenido de este folio de ideales concretos impregnados de odio cainita, sobran motivos para tirar la cadena y practicar la operación Aguas Servidas, librando de enemigos a la España constitucional que nos legaron el rey Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Manuel Fraga Iribarne, Santiago Carrillo, Josep Tarradellas y muchos otros patriotas. Andalucía y Madrid marcan el camino.

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