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Elías Cohen

El Gobierno del cambio

Este Gobierno puede ser uno de los más importantes de la historia de Israel.

Elías Cohen
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Este Gobierno puede ser uno de los más importantes de la historia de Israel.

Casi dos meses después de la trepidante noche electoral del 22 de enero, Bibi Netanyahu ha conseguido formar una coalición de gobierno. Las negociaciones han sido largas y duras, y los acuerdos morían antes de nacer. Casi todas las mañanas nos hemos levantado con algún sobresalto político, como revelan las canas y las acusadas entradas del primer ministro. Netanyahu hasta pidió a Simón Peres una demora de dos semanas, ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo.

Ha sido laborioso para el premier encajar las piezas, como ilustra cómicamente el rotativo Israel Hayom. Sea como fuere, este Gobierno puede ser uno de los más importantes de la historia de Israel. El mismo Netanyahu ha declarado que el próximo mandato será "uno de los más difíciles de la historia". No es para menos, se avecina un gran cambio en Israel, y este Gobierno será el principal protagonista. El tercer reinado de Bibi promete ser movidito.

La gran novedad es que los ultraortodoxos se han quedado fuera del Gobierno. Hace unos días comentaba con Alon Bar, el embajador de Israel en España, que este Gabinete se enfrenta a uno de los retos más importantes de Israel: integrar a la creciente población ultraortodoxa en la maquinaria social. En este sentido, uno de los momentos decisivos de las negociaciones lo protagonizó el liberal Yair Lapid, que quería para su partido la cartera de Educación con el objetivo de introducir materias comunes en las escuelas ultraortodoxas –actualmente, no imparten inglés ni ciencias–. Lapid ha conseguido ese gran triunfo, aunque para conseguirlo ha tenido que desechar la instauración del matrimonio civil.

Este comienzo es un cambio muy importante, crucial, para el futuro de Israel y un gran desafío para el nuevo Gabinete.

Es cierto que Bibi defendió a los dos grandes partidos haredim (ultraortodoxos), Shas y Judaísmo Unido de la Torá, y que deseaba que estuvieran en el Gobierno, pero no lo ha conseguido. Como bien apunta David Horovitz, director del Times of Israel, los ultraortodoxos no son los aliados naturales de Bibi, sino los inofensivos. De hecho, forman parte del establishment, y ante la nueva era que se avecina, protagonizada por Naftalí Bennett, de El Hogar Judío (derecha nacionalista religiosa), y Lapid, han intentado unirse para no desaparecer. Los ultraortodoxos no suelen molestar a los Gobiernos de los que forman parte mientras se les garanticen sus privilegios, reflejados en el statu quo que acordaron antaño con David Ben Gurión. En aquel entonces la población ultraortodoxa estaba formada por un puñado de familias, y Ben Gurión no dudó en rendir homenaje a la patria del pueblo judío durante dos mil años, que sin lugar a dudas garantizó la supervivencia en el exilio: la religión.

Hoy la situación es diferente y debe cambiar. La Ley Tal, que exime a los jóvenes haredim que estudian en escuelas religiosas de hacer el servicio militar, va a ser reformada, por mandato no sólo del Tribunal Supremo sino de la sociedad israelí, como ha quedado claro tras el resultado de las elecciones. Además, la Corte Rabínica cambiará, bajo los auspicios de Bennett, de nombre y de estructura: pasará a llamarse Ministerio de Servicios Religiosos, en un intento de poner las competencias religiosas fuera de la influencia de los haredim para llevarlas sobre todo a los datim leumim, los sionistas religiosos, de los que Bennet se ha erigido como supremo líder.

Por otro lado, cabe decir que en las negociaciones Netanyahu ha perdido por puntos, por utilizar un símil pugilístico que tan bien define estas trifulcas políticas. No le conviene este Gabinete. Ha integrado a dos líderes que, de hacerlo bien, le moverán la silla y le harán la cama. Lapid y Bennett hace dos meses eran el futuro, ahora son el presente, y este mandato será el de la jubilación de Netanyahu. Según Haaretz, Bennett ha sido el gran vencedor en las conversaciones, pues con sólo 11 escaños se ha hecho con cinco ministerios. Las dos jóvenes estrellas del firmamento político israelí ya son ministros tras sus primeras elecciones, y durante las arduas negociaciones han dado cuenta de que son más que presidenciables. Si la coalición no es estable, Bibi se puede ver en alguna escena shakesperiana en su oficina de Jerusalén cuando menos se lo espere.

No obstante, Netanyahu no ha jugado tan mal sus cartas. Ha sido hábil y ha colocado a Lapid en un aprieto: el popular periodista y exboxeador será el ministro de Economía. Es una cartera que desgasta –Bibi también la ocupó con bastante éxito, por ello sabe lo que supone– y que no conduce tan directamente al poder como las de Defensa y Exteriores. Uno de los lemas electorales de Lapid fue: "¿Dónde está el dinero?". Ni que decir tiene que el político liberal Lapid estará sometido a mucha presión.

Lapid lleva en su agenda promover aún más la formación de pymes. De la mano de Bennett, que tiene la cartera de Comercio e Industria, el éxito y la prosperidad de la Start Up Nation está, sobresaltos aparte, asegurado. Bennett es uno de los rostros de la nación emprendedora: empresario tecnológico de éxito, sabe cómo favorecer a los nuevos emprendedores y fomentar el desarrollo de las empresas ya establecidas. Por su parte, Lapid, que ha girado a la izquierda en temas sociales, tiene la llave para relajar la política impositiva del Estado y desahogar a los ciudadanos o, por el contrario, para aplicar políticas socialdemócratas en, por ejemplo, lo relacionado con los precios de la vivienda y la alimentación, ejes de su campaña electoral. Bennett y Lapid, que han ido prácticamente de la mano en las negociaciones, pueden chocar en este punto: Bennet es un liberal en lo económico y Lapid puede dejarse llevar por los sectores más a la izquierda de su partido y de su electorado.

Pero no todo es controversia dentro del nuevo Gabinete. La coalición, obviamente, también comparte objetivos; por ejemplo, la reforma de la ley electoral (para subir del 2 al 4% el umbral de votos para acceder al Legislativo) y la de la Ley Tal. Además, todos se quieren centrar claramente en asuntos domésticos, como no ha cesado de recalcar Bennett, que quiere dejar aparcado el proceso de paz y continuar con la calma relativamente contenida en Cisjordania.

Israel es un país en constante debate interno desde el día de su fundación. Herzl Inbar, antiguo embajador en España, siempre que recibe a una delegación española dice que el Estado judío se encuentra en un momento crucial. Ciertamente, en Israel cada cambio de Gobierno parece presagiar de un giro existencial. No obstante, existen pocas dudas de que esta vez el cambio está aquí. Israel se enfrenta a un cambio estructural social y político, y sus líderes deberán estar a la altura de las circunstancias como lo estuvieron los líderes sionistas que erigieron el Estado. 

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