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Déficit de credibilidad

Cada nueva noticia sobre corrupción encoleriza más a los ciudadanos y dificulta más al Gobierno el tomar las medidas que tiene que tomar.

Emilio J. González
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Este Gobierno tiene muchas carencias en materia de política económica, y la más importante de todas ellas es la desconfianza que genera entre los ciudadanos. Pero es que Rajoy y los suyos en ningún momento se han preocupado de cultivarla, sino todo lo contrario. Cuando ganó las elecciones, el PP se creyó que bastaba con su llegada al poder para generar automáticamente confianza en la marcha de la economía. En efecto, el cambio de Gobierno suscitó un clima favorable en los mercados y entre los ciudadanos. A fin de cuentas, regresaba al poder el partido que había sido capaz de demostrar que el desempleo en España no era una maldición bíblica, que se podía bajar los impuestos y que el saneamiento macroeconómico, por duro que pudiera resultar, al final deparaba pingües beneficios en forma de puestos de trabajo y de mayor bienestar para todos. Pero como, después, la única medida digna de tal nombre que ha adoptado Rajoy ha sido la reforma laboral, y en materia de déficit se ha dedicado a subir los impuestos y a recortar un poco por aquí y otro poco por allá, sin entrar en los verdaderos problemas de fondo, porque significa acabar con la utilización de lo público con fines partidistas, esa confianza inicial de los ciudadanos se ha venido abajo.

Ahora el Gobierno sueña con que se produzca la tan deseada recuperación económica, para que le cure de todos los males que le aquejan. El problema es que dicha recuperación depende, necesariamente y entre otras cosas, de la confianza que el Ejecutivo suscite entre los ciudadanos, y esa confianza, en vez de crecer, mengua a pasos agigantados, sobre todo cada vez que surge una nueva noticia sobre Bárcenas, Gürtel o cualquier otro caso de presunta corrupción que pueda afectar al PP. Todos estos temas le producen al ciudadano la sensación de que todos los sacrificios que ha hecho, y que le han obligado a hacer, no sirven para nada. Al ciudadano le suben los impuestos y le recortan los gastos en sanidad, educación, pensiones, prestaciones por desempleo y otras políticas sociales, pero lo que afecta a los políticos ahí sigue: ni se reduce el número de asesores o coches oficiales, ni se mete mano de verdad a las autonomías y a todos los colocados a dedo que hay, directa o indirectamente, en ellas, mientras quien no trabaja en lo público ve todos los días amenazado su empleo o su empresa, si no los ha perdido ya.

En este contexto, cada nueva noticia sobre corrupción encoleriza más a los ciudadanos y dificulta más al Gobierno el tomar las medidas que tiene que tomar, por miedo a la reacción de una sociedad justamente indignada. Y como el ciudadano ve lo que ve, piensa que todo va a seguir igual y se prepara para ello, ahorrando todo lo que puede en vez de consumir, reduciendo sus deudas a marchas forzadas en vez de gastar, porque piensa que esto va a ir a peor, que si las cosas siguen mal en materia presupuestaria van a venir nuevas subidas de impuestos y nuevos recortes en los gastos sociales. De esta forma es imposible que en España tenga lugar la recuperación económica que tanto desea el Ejecutivo. Ésta solo se producirá el día en que los ciudadanos recobren la confianza en quienes nos gobiernan y en su verdadera capacidad para sacarnos de la crisis. Y eso, con tantas noticias sobre corrupción política como van apareciendo, hoy no va a pasar. Así que, o el PP y el Gobierno ponen de una vez las cosas claras y piden las responsabilidades políticas pertinentes a quienes se las tengan que pedir, o la recuperación se va a hacer esperar mucho más de lo que ya se retrasa por otros motivos.

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