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Otra reforma para que nada cambie

A Mariano Rajoy le falta voluntad para atajar de raíz los verdaderos problemas de nuestro país.

Emilio J. González
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La reforma de la Administración que ultima el Gobierno es un nuevo ejemplo de que a Mariano Rajoy le falta voluntad para atajar de raíz los verdaderos problemas de nuestro país y se limita a poner parches y a dar la sensación de que cambia todo para que, al final, nada cambie, porque de por medio hay muchos intereses políticos y personales. Prueba de ello es la insistencia del Gabinete en que con la reforma de la Administración local se eliminarán muchas mancomunuidades, se reducirá el número de concejales y de altos cargos y se establecerán límites salariales. Ahora bien, ¿por qué no desaparecen las diputaciones provinciales?

Las diputaciones tenían sentido cuando el modelo de descentralización territorial tomaba como base la provincia, pues se encargaban de gestionar los intereses económicos y administrativos de dichos territorios. Sin embargo, desde que se puso en marcha el Estado de las Autonomías perdieron su razón de ser, porque de esos asuntos se encargan ahora las delegaciones provinciales de los Gobiernos regionales. En consecuencia, la reforma de la Administración debería abarcar también a esas instituciones, que han perdido su razón de ser y se han convertido en verdaderos nichos de caciquismo y corrupción.

El Gobierno, sin embargo, no está por la labor de acabar con las diputaciones. ¿Por qué? Pues porque a través de ellas se pastorean muchos votos a nivel local, que luego también se traducen en sufragios en unas generales. Vamos, que en este país, para poder gobernar a nivel nacional, primero hay que hacerlo a nivel provincial. Dicho de otra manera, las diputaciones son instrumentos políticos para conquistar el poder y permanecer en él, con lo cual el PP, que gobierna en la inmensa mayoría de las diputaciones, no está dispuesto a perder un arma política tan poderosa, por no hablar de los problemas internos que podría tener la dirección del partido si se le ocurriera tocar esos abrevaderos de los caciques provinciales que mueven tantos afiliados y votos. Y lo mismo cabe decir de los socialistas, que tampoco quieren esta reforma.

En consecuencia, la reforma de la Administración que pretende llevar a cabo el Gobierno no va a ser tal, en tanto en cuanto no empezará por lo que de verdad hay que hacer, que no es otra cosa que cargarse las autonomías y las diputaciones y reformular el modelo de descentralización administrativa, para que no sea tan ineficiente, manirroto y corrupto. Pero como en todo esto hay muchos intereses políticos y no políticos de por medio, al final lo único que se va a hacer son algunos cambios en la superficie para que no cambie nada de lo importante, que es lo que se tendría que modificar.

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