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Enrique Navarro

Toca esperar

A esta hora hay que esperar y evitar pronunciamientos que a uno le recordarían en los próximos cuatro años.

Enrique Navarro
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A esta hora hay que esperar y evitar pronunciamientos que a uno le recordarían en los próximos cuatro años.
Seguidores de Trump esperan el resultado en uno de los centros electorales | EFE

Nadie esperaba que a estas alturas de la noche (mañana en España) todo presagiara que Trump ganaría estas elecciones barriendo en los estados industriales del norte y en todo el sur incluyendo Florida. La temprana victoria en Carolina del Norte y en Florida nos hizo levantarnos esta mañana viendo a Trump en la casa blanca.

Pero se están produciendo sorpresas y gordas como la vicoria (de momento) de Biden en Arizona, en Nebraska y que fuera por delante en Montana donde nunca se conoció que hubiera demócratas. Pero a la hora de escribir este articulo la lucha está en tres estados Pensilvania, Michigan y Wisconsin.

En Pensilavnia Trump vencía al 60% de los votos por diez puntos, pero faltaba todo el voto por correo, más de un millón por contar; si Biden obtiene dos tercios de esos votos ganaría el estado, y eso sería probable. En condados en los que Biden estaba arrasando apenas se llevaba contabilizado el 30% de los votos.

Lo mismo ocurre en Michigan y en Wisconsin, donde en condados con voto a favor de Biden por encima del 70% el porcentaje de voto contado estaba en el treinta por ciento. Esto hace que los datos actuales puedan variar enormemente.

El pronóstico es que incluso perdiendo Pensivania y Florida, Biden podría ser presidente con los votos de Michigan y Wisconsin por solo dos votos de diferencia 270 vs 268, lo que abriría una larga y dolorosa pugna legal por cada voto. Trump no se va a quedar tranquilo con un resultado perdiendo de forma tan ajustada, y eso podría significar que hasta el 20 de enero no sabremos quién será el próximo presidente.

Las conclusiones más evidentes es que Trump habría conseguido, a pesar de tener todo en contra un tremendo resultado. Cuando todos le daban por muerto, el magnate ha resurgido de sus cenizas. Está claro que una gran parte del pueblo americano ha valorado sobre todo su gestión económica. Ha conseguido mejorar en el voto latino, que cada cuatro años se vuelve más conservador y no ha conseguido desmovilizar al voto republicano de centro que no ha visto fortalezas suficientes en el abuelo Biden para volcarse en su favor.

Por parte de Biden, ha acortado mucho la diferencia e incluso ha ganado en estados tradicionalmente republicanos, pero al final su granero de votos se encuentra en California Nueva York y aquellos estados del noroeste, considerados más europeos que americanos por la mayoría de los norteamericanos. Los demócratas siguen sin capitalizar los votos de las minorías, y sobre todo están muy lejos del americano medio del sur y del centro, que solo ve amenazas contra sus valores y fundamentos desde los demócratas. El posicionamiento tan claro a favor del movimiento black lives matter ha sido claramente contraproducente y los demócratas deben evolucionar hacia el centro si quieren perpetuarse más de cuatro años en el poder.

A esta hora tan temprana con un resultado incierto, hay una sensación agridulce en cada partido; los demócratas podrían ganar el senado y amargarle la presidencia a Trump y los republicanos a pesar de todo pueden volver a tener cuatro años en la casa Blanca; a esta hora hay que esperar y evitar pronunciamientos que a uno le recordarían en los próximos cuatro años.

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