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¿Por qué con un gobierno como este el centro derecha no despega?

Cuanto más tiempo se mantenga en la Moncloa más se afianzará su liderazgo y sus expectativas electorales.

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Santiago Abascal, Albert Rivera y Pablo Casado | Cordon Press

Por escasa credibilidad que le otorguemos a la despensa de Tezanos, nadie puede negar que hasta ahora la jugada de Pedro Sánchez y la moción de censura, solo ha tenido un vencedor, el presidente del gobierno. De defenestrado hasta por sus propias huestes a liderar las encuestas hay un triunfo personal notable innegable.

Si analizamos los hechos de manera fría, deberíamos concluir que nadie en su sano juicio, que no sea sanchista por vocación, debería mantener a un presidente que sólo acierta parcialmente cuando corrige. Pero no lo neguemos, Sánchez no está para contentar a la derecha. Nada parece hacer mella en este nuevo "SúperSánchez", ni la exhumación, ni las interferencias en el proceso judicial contra los separatistas, ni los casos de corrupción de su gobierno, ni las escuchas de Villarejo con Dolores Delgado. Nada.

El problema, no nos equivoquemos, no está en el PSOE, está en la propia esencia del centro derecha. Mientras a los mismos males no se apliquen remedios diferentes, nada puede salvar a la derecha de una derrota. La victoria republicana en las elecciones de medio término en EEUU, no hay más que ver el mapa rojo republicano de Estados Unidos para darse cuenta, es la victoria de la derecha sin complejos, que habla claro. Se podrá estar de acuerdo o no con el discurso, pero a Trump se le entiende con nitidez, y ni a Pablo Casado ni a Albert Rivera se les acaba de ver el plumero.

Las claves para un cambio más allá de la crítica persistente y martilleante a un gobierno que es incapaz de llevar a cabo el programilla que se había impuesto para regenerar la vida política española, pasan por la defensa de tres principios básicos que todo el mundo en la órbita liberal y conservadora entiende: La defensa de la libertad como el bien supremo y de sus dos adláteres, la igualdad de todos los ciudadanos y la propiedad privada; el adelgazamiento del estado sin incrementar la presión fiscal al ahorro ni a la producción y finalmente la defensa del estado nación España. En estos tres pilares, sin embargo, no percibimos diferencias de fondo entre Ciudadanos y el Partido Popular, por lo que las razones deben estar más bien en las formas y en las apariencias.

El primer hándicap para Casado es que el que votó a Rajoy (que quería representar la experiencia) en lugar de al "inexperto Rivera", ahora debe elegir entre dos amateurs, y eso provoca que un electorado muy conservador huya de experimentos optando por lo auténtico, a su juicio, Vox.

El segundo problema de Pablo Casado es que no termina de sacudirse el fantasma de la corrupción. Cada día que pasa sin enterrar este asunto de forma definitiva, es un lastre para sus expectativas. No hay tacticismo posible en este punto; sólo autoridad, lo que siempre aplaude el votante conservador, y en esto Ciudadanos todavía conserva una cierta virginidad.

El tercer problema es que en el mayor caladero liberal conservador fuera de Cataluña, pesa mucho la actitud con respecto al independentismo, y ahí Ciudadanos bate al PP. Mientras Inés Arrimadas se ha convertido en el martillo españolista contra Torra, el PP anda perdido y sin un mensaje, más allá del 155 blandiblú de Rajoy.

El arsenal de Villarejo puede ser todavía muy amplio; cuando los brujos de los partidos contrataban sin pudor los servicios de las cloacas, todo se puede esperar, y más le valdría a todos desactivar esta bomba de relojería en diferido lo antes posible para salvar la democracia, y en particular a Pablo Casado que se puede encontrar con muchas sorpresas todavía, así que mejor cortar de raíz.

Finalmente, el centro derecha debería ser, a mi juicio, mucho más inteligente en cuanto a su actitud con el PSOE. Mientras su líder sólo ambicione mantenerse en la Moncloa, es mucho mejor apuntalarle que echarle en brazos de Podemos. Pedro Sánchez que está dispuesto a prorrogar los presupuestos de Rajoy para mantenerse en el poder, lo que supondría perjudicar a las Comunidades Autónomas que administran los servicios sociales, la educación y la sanidad, aceptaría de buen grado unos presupuestos diferentes que fueran más beneficiosos para el país. El centro derecha le robaría algunas de las medidas a la izquierda, mientras que se convertiría en el socio de facto de la austeridad Sanchista. No merece la pena obcecarse, la historia nos muestra que quien sacará a Pedro Sánchez de la Moncloa no será la derecha sino su socio Podemos, el día que se de cuenta que es el socio del 155 electoral que aplicará Sánchez y de unos presupuestos que se descafeínan cada vez que Calviño pasa por Bruselas. Nada más perjudicial para el presidente que sacar los presupuestos con los votos del PP y de Ciudadanos., pero lo hará porque su narrativa es diferente, cuanto más tiempo en la Moncloa más se afianzará su liderazgo y sus expectativas electorales.

En definitiva, limpiar rápidamente el interior sin miedo, y sin mochilas para adquirir credibilidad, ser transparente en la defensa de los pilares de la nación y de sus consecuencias, abarcar todo el espectro político no marxista y apoyar unos presupuestos que beneficiarán a todos los españoles.

A Sánchez le queda sentarse a ver cómo prorroga los presupuestos mientras Podemos se convierte en el mayor regresor social de la historia de la izquierda, o retratarse con los independentistas cambiando la ignominia del indulto por un año en la Moncloa, lo que se me antoja imposible y suicida.

Si Casado y Rivera no se ponen las pilas e impulsan una ilusión entre todos aquellos desde la socialdemocracia hasta los conservadores, dejando fuera de juego a los populistas de derechas, que tienen su propia dinámica, pero que se alimentan de las fallas del Partido Popular, no sólo Sánchez agotará la Legislatura sino que podría pensar en una larga estadía en la Moncloa. Que cada uno saque sus conclusiones.

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