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Enrique Navarro

La rendición de Alepo: comienza el partido: "Trumputin" 1 - civilización 0

Preparémonos para la doctrina Trumputin. La civilización ha sufrido una gran derrota; quizás no nos recuperemos nunca de la ignominia de Alepo.

Enrique Navarro
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Preparémonos para la doctrina Trumputin. La civilización ha sufrido una gran derrota; quizás no nos recuperemos nunca de la ignominia de Alepo.
Fotografía tomada el pasado 15 de diciembre en Alepo | EFE

El acuerdo de rendición de Alepo, por denominar de una manera precisa los acontecimientos producidos en las últimas semanas en este importante enclave estratégico de la guerra civil en Siria, supone mucho más que un punto de inflexión en el conflicto. Es el comienzo de una nueva era en las relaciones internacionales. De la "Guerra Fría", pasamos a la hegemonía proactiva norteamericana y de ésta en los años de Obama a la hegemonía resignada del gigante norteamericano. Con Trump en la Casa Blanca parece inaugurarse una nueva etapa, la de la hegemonía compartida, que debería preocuparnos y mucho, y cuyo primer incipiente escalón es lo acontecido en Alepo en los últimos meses.

El contexto de la caída de Alepo

La caída de Alepo y los acontecimientos que se desarrollarán en los próximos meses han venido marcados por tres causas específicas y no ligadas entre si, pero que han desencadenado el nuevo escenario.

La primera, la intervención militar directa de Rusia en connivencia con Irán, justo después de alcanzarse el acuerdo de Occidente con Teherán, en el que Rusia tuvo un papel destacado. El mal acuerdo con Irán fue un gran éxito para Putin que reclamó su cuota de éxito con su acción militar en Siria desplegando aviones, fuerzas terrestre y todo su arsenal de combate naval en una demostración de fuerza sin precedentes desde la crisis de los misiles en Cuba en 1962.

Sin Rusia, ni Alepo habría caído ni Asad estaría a un paso de conservar el poder en Siria con la connivencia o el hastío internacional. El problema para Putin y el presidente sirio es que sin la presencia militar rusa en Siria, el conflicto podría recrudecerse en los próximos meses por lo que nuevas y cruentas batallas están por venir en las próximas semanas, aunque el destino de la oposición será la muerte en combate o en las mazmorras de Asad.

La segunda causa fue el golpe de estado en Turquía el pasado mes de julio y el posicionamiento de Rusia. Los eternos enemigos se encontraron en un entorno favorable, y cuando Turquía se percató que Occidente no iba a actuar contra Rusia, decidió cambiar cartas. Para Erdogán, Asad es un mal menor si a cambio tiene las manos libres para actuar contra los principales aliados de Estados Unidos y su otro gran enemigo, el pueblo kurdo. La posición de debilidad de Erdogán con una fuerte presión interna y externa le ha llevado a optar por volver a la situación previa a 2011. El precio: medio millón de muertos y dos millones y medios de refugiados.

La tercera causa fueron los atentados del Estado Islámico en Francia, principalmente. Si Rusia y Asad luchaban contra el Daesh, ¿cómo mantenerse en franca beligerancia con ellos cuando eran piezas necesarias en la destrucción del ISIS? La cuestión Asad devino en la cuestión terrorismo y ahí se terminaron las esperanzas de la denominada oposición moderada de alcanzar suficientes apoyos internacionales para derrocar al régimen sirio.

Alepo: el punto de inflexión

Cuando las protestas contra el presidente Asad desembocaron en la cruenta guerra civil que ha asolado Siria durante cinco años, los mismos que duró la Segunda Guerra Mundial, Alepo permaneció bastante tranquila sin apenas participar en los enfrentamientos iniciales. Sus más de dos millones de habitantes vivían en una relativa seguridad y prosperidad. Una ciudad que tardó cuatro mil años en ser construida y que la Guerra se ha llevado por delante en el último año ¿Cuántos se tardará en reconstruirse?, seguramente nunca volverá a ser lo que fue.

Cuando las fuerzas rebeldes moderadas apoyadas de forma muy activa por Turquía y Arabia Saudí lanzaron su ofensiva sobre esta estratégica metrópoli en 2012, no consiguieron su objetivo, pero dividieron la ciudad en dos partes iguales, convirtiéndose en la línea del frente por la que durante años lucharon con escasos recursos tanto las fuerzas leales a Asad como la atomizada oposición liderada por Jabhat Fateh al-Sham, el antiguo Frente Nusra, franquicia de Al Qaeda que, en un esfuerzo por provocar una activa intervención militar norteamericana, lavó su imagen de grupo terrorista. Lo que no sabían es que Obama ya hacía tiempo que había decidido que lo mejor que podía ocurrir era el regreso de Asad a cualquier precio, a lo que la Unión Europea se ha sumado sin entusiasmo, pero inerme ante el auge de los populismos que han hecho del tema de los refugiados la principal cuestión política en Europa.

Durante años, las fuerzas leales a Asad han sido incapaces de controlar el país. Muchas de sus propias fuerzas se convirtieron en milicias independientes que en muchos lugares, como en Alepo, han cometido un verdadero genocidio. Se calcula que en los últimos cinco días más de mil hombres y niños han sido asesinados durante la "liberación de la ciudad" por estos grupos extremistas que actúan sin control y que van a dejar tras de sí un rastro de muerte que hará imposible una reconciliación en Siria.

Nada de esto habría ocurrido sin la intervención militar, unilateral y descarada de Rusia, saltándose toda la legalidad internacional. Rusia no acudió a Siria a luchar contra el Estado Islámico, para lo que ha dedicado escasos recursos, sino para apuntalar a Asad. Los continuos bombarderos y despiadados ataques rusos han roto definitivamente la balanza. Miles de civiles han muerto bajo los ataques rusos sin que se haya producido ninguna reacción internacional. La cuestión es que Asad podrá ganar esta guerra pero no podrá prescindir de la presencia militar de Rusia, que podría tener en Siria su Irak particular.

A comienzos de este año, los rebeldes controlaban la mitad de la ciudad y mantenían una franja de comunicación con la frontera turca y con los demás territorios bajo su control. A finales de julio, las fuerzas gubernamentales tomaron el control de la carretera del Castillo en el norte de Alepo, la única ruta abierta hacia el Este controlado por los rebeldes. De pronto unos 300.000 sirios y unos cinco mil combatientes quedaron bajo el sitio gubernamental. Aunque a comienzos de agosto en una acción combinada y desesperada, los rebeldes consiguieron levantar el cerco, los masivos ataques de la aviación rusa con más de tres mil víctimas provocaron que a finales de septiembre el cerco sobre la ciudad se cerrara definitivamente. A partir de ahí, los continuos bombarderos y la falta de alimentos y medicinas hicieron el resto. Los ataques sobre los hospitales consiguieron minar la moral de los rebeldes y sobre todo de la población que era prisionera de los rebeldes y de las fuerzas gubernamentales.

A finales de noviembre, la ofensiva final ya había producido significativos resultados para Asad y un tercio del territorio bajo el control rebelde en el Este de Alepo ya había sido recuperado por las tropas de Asad. Los rebeldes perdieron todos los barrios del norte de la ciudad.

El 6 de diciembre ya se había reconquistado más del 70% del territorio bajo control rebelde y una semana después, el día 12, el ejército regular había tomado el control de nuevos distritos incluyendo el área principal de la ciudad, Sheikh Saeed, dejando a los rebeldes confinados en un pequeño enclave de no más de unas cincuenta calles, donde quedaban unos quinientos guerrilleros y una cifra que las organizaciones estiman en 50.000 civiles aunque las evidencias de las últimas horas reducen esta cifra a menos de la mitad. El día 13 de diciembre la única opción de los rebeldes era capitular o morir en una gran masacre que no le interesaba a nadie.

El 14 de diciembre, después de varias conversaciones entre Turquía y Rusia, se acordaba el cese del fuego y la retirada de los heridos y combatientes a otras zonas rebeldes. Unos veinte autobuses y diez ambulancias ya han trasladado a los heridos y a unos mil civiles. Que el ejército sirio permita que los combatientes abandonen la ciudad está aún en entredicho y el hecho de que todavía algunos centenares de rebeldes no hayan abandonado la ciudad, podría hacer volar por los aires esta frágil tregua. Dentro del acuerdo se ha permitido la evacuación de civiles y militares en favor de Asad en dos villas, Foah y Kefraya, sitiadas por los rebeldes. Este trueque es la mayor garantía que existe hoy para que el acuerdo se cumpla.

Y después de Alepo ¿Qué?

La conquista de Alepo por las fuerzas gubernamentales supone un punto de inflexión, pero no el final de la guerra. Mientras Estados Unidos ha concentrado sus esfuerzos en Irak, y Asad y Rusia en Alepo, el Daesh ha resurgido con un avance sobre la ciudad de Palmira, recuperando una gran parte del terreno perdido. Asad sólo controla el oeste del país y Damasco, pero mas de dos tercios del territorio están en manos del Daesh y de los kurdos. El régimen sirio podría optar por encerrarse en el corazón sirio y dejar a los kurdos gran parte del territorio fronterizo con Turquía y al Daesh los territorios menos estratégicos y que entre ellos se desgasten llevándose por delante la moral occidental en esta guerra de desgaste. Si esto fuera así podríamos asistir a un cambio de alianzas de incalculables consecuencias ya que el algunos estados de la región podrían ver en el Daesh un mal menor para sus propios intereses particulares.

La otra opción es que Rusia continúe involucrándose con mayor fuerza para conquistar todo el país. La cuestión es que tendría que hacerlo sólo con el apoyo de las milicias de Hizbullá y los iraníes, y teniendo en contra a medio mundo. Yo nunca le aconsejaría a Putin meterse en ese berenjenal porque podría llevarse por delante su popularidad y la presidencia de Rusia.

Pero la tercera opción es una incógnita y dependerá de si la teórica doctrina Trumputin deviene en una realidad. Es muy posible que para el nuevo presidente, la situación que se producirá con un posible fin de la guerra con Asad, bajo el control de Putin y con éste como aliado para terminar con el Daesh, sea la menos mala. No se puede negar que la cercanía entre Putin y Trump es inmensamente mayor que la de aquél con Obama. Los futuros nombramientos de la Casa Blanca no desvelan cuál será al final la estrategia definitiva, ya que todas las tendencias van a converger en la nueva administración, quizás la situación más cómoda para Trump de imponer su estilo personal.

Rusia ya no es el enemigo ideológico y Putin no tiene pretensiones sobre Estados Unidos y Occidente; sus objetivos son muy claros: ser un actor estratégico global determinante y mantener su esfera de influencia. En esto no hay oscuridad. Trump tampoco parece muy decidido a mantener a sus tropas en permanente combate ni tampoco dedicará significativos recursos a nuevos programas militares. Para que la estrategia del nuevo inquilino de la Casa Blanca tenga éxito solo necesita desvincular a Rusia de China y de Irán. Si lo consigue habrá conseguido un gran éxito estratégico. No nos engañemos, si hay enemigos estratégicos de Estados Unidos, éstos son China e Irán. Si Putin se empeña en el enfrentamiento con Occidente y mantiene su alianza con sus nuevos socios, conocerá al Trump tormentoso y ahí sí puede prepararse para una guerra económica y política sin cuartel, en la que Rusia tiene poco que ganar. Definitivamente la élite rusa prefiere Las Vegas y Londres a Beijing o Teherán.

Lo que es cierto es que, de momento, la estrategia Trumputin ha derrotado a los más básicos conceptos y principios de la civilización. Lo que se ha producido en Alepo no lo veíamos desde la guerra de Vietnam. Los millones de desplazados; los miles de niños muertos de inanición o por la falta de medicinas; los miles de jóvenes menores de quince años reclutados para combatir y muchos de ellos asesinados de forma salvaje, es el mayor fracaso de Occidente y sus consecuencias acompañarán a Obama por muchos años. Obama abrió una puerta en 2009 que nunca ha sabido cerrar y este hecho será el que pase a los libros de historia como la principal consecuencia de la política internacional de Obama.

El jueves, cuatro de junio de 2009, el premio Nóbel de la Paz y presidente de los Estados Unidos pronunciaba su famoso discurso de El Cairo que sin duda fue un detonante de la primavera árabe de la que Siria fue uno de sus mayores exponentes en las manifestaciones de 2011. El buenismo en política tiene un alto coste y por eso al final los países deben optar por un realismo que evite males mayores que los que se pretenden eliminar. Esta es la principal lección que debemos aprender de lo acontecido.

Decía Obama:

"… sí tengo una convicción inquebrantable en que todas las personas anhelan ciertas cosas: la posibilidad de expresarse libremente y tener voz y voto en la forma de gobierno; la confianza en el estado de derecho e imparcialidad de la justicia; un gobierno transparente que no le robe a su gente; la libertad de vivir según escoja cada uno. Éstas no son solo ideas estadounidenses, son derechos humanos, y es por eso que nosotros los apoyaremos en todas partes…. Los pueblos del mundo pueden vivir juntos y en paz. Sabemos que ésa es la visión de Dios. Ahora, ésa debe ser nuestra labor aquí en la Tierra. Gracias. Y que la paz de Dios esté con ustedes".

Grandes deseos por lo que merece la pena luchar y morir. El terrible problema es que en muchos lugares del mundo y el mundo islámico es un protagonista destacado, sólo se lucha y muere por el poder y la corrupción, por mantener privilegios y cercenar los derechos. Para ser el vigía del mundo hay que tener muy segura la casa, muy fortalecida la moral de combate y muy asentados los principios morales, y todo esto es todavía gran utopía para Occidente. Preparémonos para el realismo geo-estratégico de la doctrina Trumputin porque nos va a transformar a todos en los próximos años; de momento la civilización ha sufrido una gran derrota; quizás no nos recuperemos nunca de la ignominia de Alepo.

Tertuliano de Es la Mañana de Federico.

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