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CUBA

El corrupto 'hombre nuevo' de Fidel

Recientemente, al denunciar la escandalosa corrupción enquistada en todas las ramas del poder público, el ministro cubano de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, pidió "extirpar implacablemente el cáncer de la corrupción en la isla".

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Se protegió el alto funcionario de las consecuencias de su afirmación señalando: "La lucha contra la corrupción ha sido una de las promesas del presidente Raúl Castro". En efecto, en el III Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), celebrado en diciembre de 2011, Raúl Castro reconoció abiertamente la magnitud del problema y su propósito de combatirlo. "Estos fenómenos pueden llevar a la autodestrucción de la revolución", advirtió.

 
El inocultable hecho de que la corrupción es un cáncer que ya hizo metástasis en todas las esferas del aparato gubernamental cubano es lo que obliga a admitirla y a prometer combatirla implacablemente. Pero de las causas no se dice nada. El presidente de Cuba no profundiza en los orígenes del extendido fenómeno para impedir que se extraiga la única conclusión lógica: el estruendoso fracaso de cinco décadas de socialismo en la construcción del cacareado "hombre nuevo".
 
Hace 25 años Fidel Castro se vanagloriaba de la existencia en la Cuba socialista de un "hombre nuevo", superior al "individualista", "egoísta", "materialista" de las sociedades capitalistas. Citemos sus palabras, extraídas de la adulante entrevista (¿cuál no lo ha sido?) que el periodista italiano Gianni Miná le hiciera en 1987 y que se publicó en el libro Un encuentro con Fidel:

Si no se habla de conciencia no se puede hablar de socialismo. De modo que no se puede ser socialista sin pensar que la conciencia es el factor fundamental. Incluso, ¿cómo puede usted aspirar al comunismo sin la conciencia? ¿Desarrollando el individualismo, el egoísmo, puede usted formar una sociedad solidaria?

Luego de alabanzas y lisonjas sin cuento, expresadas en frases como "Nadie puede negar que su revolución ha creado una conciencia diferente en los cubanos", el comunista Miná lanzó la pregunta convenida:

¿Cómo puede usted definir, sin retórica, a este hombre nuevo cubano, o, como decía el Che, a este "hombre nuevo"?

La sesuda respuesta de Castro no se hizo esperar:

Che habló del hombre nuevo (...) una sociedad nueva tiene que crear una conciencia nueva; un proceso revolucionario socialista tiene que crear un hombre también nuevo. Ese hombre nuevo, en esencia, tiene que ser mucho más solidario, mucho más altruista; tiene que ser un hombre capaz de ver a todos los demás como su hermano.

Más adelante, usando como siempre su licencia para mentir, vendría la trascendental afirmación de que ese "hombre nuevo" ya era una realidad en la Cuba socialista:

En nuestra patria se ha producido un salto enorme en la calidad de los hombres, es una realidad, tenemos cientos de miles, millones de personas, jóvenes, trabajadores manuales e intelectuales, campesinos, con una alta dosis de esa conciencia que pudiéramos llamar de hombres nuevos.

Por supuesto, todo ese palabrerío del Guerrillero del Tiempo no tenía un ápice de verdad. Si los funcionarios del gobierno comunista han sido reclutados de esos millones de hombres nuevos, ¿cómo se explica la cancerígena corrupción existente hoy día? Si la selección de todos los cargos gubernamentales ha sido realizada por los dirigentes del PCC y la cúpula militar, con Fidel Castro a la cabeza, ¿de quién es la responsabilidad de la corrupción administrativa generalizada? La respuesta es muy sencilla: la corrupción está en el propio sistema socialista, y su principal responsable en Cuba es el único gerente de recursos humanos que ha conocido la isla por más de 50 años: el omnipotente comandante en jefe de la revolución cubana, Fidel Castro. Sería risible que los líderes comunistas cubanos acusaran al "imperio norteamericano" o al capitalismo de la degradación moral de la revolución.
 
La bancarrota moral del socialismo cubano es evidente. Un sistema igual de corrupto es el futuro que espera al país que imite el camino impuesto por Fidel Castro en Cuba. ¿Por qué, pues, hay gobernantes e intelectuales latinoamericanos izquierdistas que insisten en llevarnos por esa vía? Los izquierdistas sólo se ocupan de denunciar la corrupción en las democracias para derrocarlas y tomar el poder por cualquier medio (un ejemplo: el golpe militar del 4 de febrero de 1992 en Venezuela). De la corrupción en los regímenes socialistas nunca les interesó ocuparse. Ni siquiera hoy lo hacen, a pesar de las denuncias del propio Raúl Castro.

 

© Diario de América

BALDOMERO VÁSQUEZ SOTO, economista venezolano.

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