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IBEROAMÉRICA

El muro que separa a la Argentina de Alemania

La presidenta electa de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha declarado que su modelo es Alemania. Teniendo en cuenta las alianzas y amigos que su marido ha forjado en la arena internacional, uno se pregunta: ¿la Oriental o la Occidental? Pero debemos suponer que se trata de la Alemania unificada.

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¿Cuál es la Alemania que admira nuestra futura presidenta, la anterior a las dos guerras mundiales o la actual? La primera de ellas era una economía mercantilista en la que predominaban los cárteles, apoyados por el Gobierno. Ya en 1890 la Corte Suprema se pronunció a favor de que los comerciantes de un mismo sector regularan el mercado "cooperativamente". La concentración económica fue aprovechada luego por los nazis para imponer estrictos controles sobre los precios, la producción y las inversiones.
 
Esa visión de la economía estaba inspirada en la Escuela Histórica Alemana. Para su principal exponente, Gustav Schmoller, no había leyes económicas generales: una teoría intuitiva debía relacionar los conceptos analíticos con las observaciones históricas.
 
Si, por el contrario, el modelo de que habla Cristina Fernández de Kichner es la Alemania de hoy en día, entonces debemos prestar atención a cómo consiguieron los alemanes saltar de la ruina de posguerra a la prosperidad de que disfrutan ahora. Habrá que prestar atención, pues, a los aportes del movimiento ordo-liberal, encabezado por Walter Eucken. Estos intelectuales, perseguidos por los nazis, buscaban establecer un orden basado en la competencia, el respeto a la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos, así como en una moneda sana que garantizara la estabilidad económica.
 
La principal herramienta contra el poder de los cárteles fue la apertura económica. "Resulta difícil mantener los monopolios (...) si no existen restricciones al comercio, si se abandonan las prohibiciones que pesan sobre las importaciones y las inversiones y se levantan las restricciones en la concesión de licencias –escribió Eucken–. El establecimiento de un sistema competitivo presupone el libre flujo de la oferta y la demanda".
 
Ludwig Erhard, en una portada de la revista TIME.La aplicación de tales ideas fue obra de un funcionario próximo a los ordo-liberales, Ludwig Erhard. En el primer trimestre de 1946 la economía alemana producía un 28% de la cota alcanzada en 1936, y el mercado negro representaba el 50% del total. Erhard, desde la Oficina Especial del Dinero y el Crédito, abogó por desregular y liberalizar la economía y acometer una reforma monetaria. El 17 de junio de 1948, contrariando disposiciones de los generales de las fuerzas norteamericanas de ocupación Clay y Robertson, consiguió que se eliminaran los controles de precios. Al día siguiente se anunció la reforma monetaria. El racionamiento, entonces, tocó a su fin.
 
Ahí arrancó el milagro alemán, que fue producto de ideas sólidas y consistentes, nada milagrosas. Ahí arrancó la Alemania moderna, que, al tiempo que la RDA se hundía en la miseria, lograba superar en pocos años las cotas de prosperidad alcanzadas por el resto de los países europeos (Inglaterra incluida, que se contaba entre los vencedores de la II Guerra Mundial).
 
En Prosperity Through Competition, Erhard resumió así su programa:
Debe darse prioridad a la libertad de cada ciudadano para vivir según sus circunstancias financieras, deseos y valores personales. Este principio básico de libertad para el consumidor se contrabalancea lógicamente con la libertad del productor para fabricar y vender lo que crea que sea vendible (...) La libertad, tanto la del consumidor como la del productor, debe ser reconocida explícitamente, como un derecho básico e inviolable de cada ciudadano. Su violación debe considerarse una ofensa contra la sociedad. La democracia y la economía libre están tan lógicamente vinculadas, como la dictadura y los controles estatales.
Asimismo, nuestro hombre predijo: "Den completa libertad a la gente y al dinero, y la gente y el dinero harán fuerte al país".
 
No sólo es que la Argentina actual esté muy lejos de aquella Alemania: es que nos separa un muro mental de las ideas que hicieron grande a la patria de Ludwig Erhard.
 
 
© AIPE
 
MARTÍN KRAUSE, director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados del Eseade (Argentina).
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