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EEUU, EN EL DISPARADERO

Irak, Bush y la izquierda

Los críticos de la guerra afirmaron primero que la batalla de Bagdad se convertiría en "el Stalingrado del Medio Oriente". El pomposo New York Times, un diario que ha perdido su objetividad debido a su sesgo ideológico, pronosticó miles de bajas estadounidenses en cuestión de días. Nada de esto ocurrió. Entonces comenzaron a designar a los terroristas de la minoría sunita, seguidores de Sadam Husein, como románticos "insurgentes" y a dar a los coches bomba la categoría de "guerra asimétrica".

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Cuando se acercaban las elecciones iraquíes de febrero, en varios de los principales periódicos de Estados Unidos y Europa, dominados ideológicamente por la izquierda, se frotaban las manos a la espera de un fracaso. La extraordinaria victoria de los iraquíes ese día inolvidable, y las imágenes de hombres y mujeres enarbolando con orgullo sus dedos impregnados de tinta electoral, no moderaron el odio de la izquierda internacional hacia Estados Unidos y, en particular, hacia su presidente, ni apagaron la voluntad ciega de ese influyente sector de la opinión de asegurarse que la empresa de conducir Irak hacia la paz y la democracia se hunda de un modo u otro.
 
Poco importan los iraquíes, nada interesa la posibilidad de que en el mundo árabe surja un régimen civilizado que saque la región de su ancestral atraso. Lo que realmente se desea es que Bush no tenga éxito. Priva el odio por encima de todo.
 
Hace poco leí la "larga lista" de 1.700 muertos estadounidenses, en más de dos años de combates esporádicos en Irak. Tan sólo en Okinawa, durante la Segunda Guerra Mundial, y para poner las cosas en perspectiva, el ejército de EEUU perdió 12.500 hombres en tres meses, y tuvo más de 33.000 heridos y desaparecidos. En Irak han perecido, lamentablemente, 1.700 soldados, en más de dos años, luchando a favor de un régimen democrático, y la prensa de izquierda lo usa para atacar a Bush.
 
Sadam Husein.¿Qué es lo que quieren?, cabe preguntarse. ¿El retorno de Sadam? ¿Se han preguntado alguna vez los críticos de la guerra de Irak qué implicaciones tendría abandonar el esfuerzo de sostener el experimento democrático? ¿Se han percatado de lo que significa construir allí una democracia viable, después de décadas de despotismo?
 
¿Qué explica tanta insensatez y odio irracional hacia a Bush y Estados Unidos en general? Un significativo cambio ha tenido lugar en la escena internacional. La izquierda, que antes combatía las dictaduras, hoy prefiere a Sadam Husein por encima de Bush. Unos pocos soldados norteamericanos, desobedeciendo órdenes explícitas, cometen en una cárcel actos contrarios a los derechos humanos y a raíz de ello Amnistía Internacional, contaminada de izquierdismo y movida por el odio a Bush, declara que esas situaciones son comparables al Gulag soviético, donde fueron aniquiladas entre 20 y 30 millones de personas de manera sistemática por el socialismo.
 
Las violaciones diarias a los derechos humanos en Irán, China y Cuba no son reportadas ni parecen interesar demasiado a la ONU o a Amnistía Internacional, pero Washington recibe un cuestionamiento incesante, y las más de las veces injusto y distorsionado, de parte de los comentaristas de izquierda. Estados Unidos, al que antes censuraban por sostener los autoritarismos, ahora levanta la bandera de la libertad y la democracia, y la izquierda se coloca junto al fundamentalismo islámico. No hay duda: el mundo está cambiando.
 
Hoy es en apariencia fácil para los europeos dar la espalda a Washington, pero las cosas lucían muy distintas cuando Estados Unidos les protegía frente a los soviéticos. Europa está desgastada, indefensa y acobardada; China asoma sus ambiciones de poder dominante en el Pacífico y se expande globalmente; Japón considera un rearme a fondo, mientras Corea del Norte esgrime amenazante su programa nuclear. Lo mismo hacen los ayatolás iraníes.
 
Pronto se redefinirá claramente la geopolítica mundial, y los que con tanto fervor rechazan a Bush y la guerra de Irak caerán en cuenta de su enorme miopía.
 
 
© AIPE
 
Aníbal Romero, profesor de Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar.

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