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ORIENTE MEDIO

Cómo recuperaron los libaneses su libertad

Desde la retirada israelí del sur del Líbano, en 2000, cuatro acontecimientos relevantes han tenido impacto en la política del país del Cedro: el 11 de Septiembre, la Syrian Accountability Act, la Guerra de Irak y el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri. Cada uno de ellos contribuyó a propulsar el movimiento de reforma democrática y facilitó la cooperación entre grupos cristianos y algunos grupos sunníes y chiíes.

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Sin embargo, el esfuerzo total por importar la democracia al Líbano, conocido como "la Revolución del Cedro", se remonta a los años 80 y a la creciente oposición libanesa a la ocupación siria; oposición que cobró fuerza a finales de los 90.
 
Antes del 11 de Septiembre los lobbies wahabí, islamista y arabista, liderados por los saudíes en Washington, fueron capaces de garantizar la hegemonía siria en El Líbano y perpetuar la ocupación. Estos lobbies protegían los intereses de los dictadores árabes musulmanes de Oriente Medio, esencialmente aplastando movimientos pro democracia como el del Líbano.
 
Sin embargo, tras el 11-S la dinámica de los lobbies cambió. Los saudíes necesitaban centrar toda su atención en proteger sus propios intereses, específicamente en defender su presunta alianza con EEUU. Así, los esfuerzos por influir en el Congreso norteamericano en favor de la ocupación siria del Líbano finalizaron.
 
Esta consecuencia, junto con el interés norteamericano en todo lo relativo a Oriente Medio y al terror que se originó después del 11-S, abrió el camino para que el movimiento pro democracia libanés hablara eficazmente contra la ocupación del régimen sirio, que además es un Estado patrocinador del terror.
 
El segundo acontecimiento significativo que ayudó a apuntalar la Revolución del Cedro fue la Syria Accountability Act del Gobierno norteamericano, la cual pretende presionar a los sirios para que pongan fin a su ocupación del Líbano.
 
Rafic Hariri.El tercero fue el cambio de régimen en Irak, que dio comienzo en marzo del 2003. Tras la liberación de Irak, una delegación en representación de miles de libaneses de todo el mundo empezó a influir en favor del cambio. Además, los grupos libaneses que no apoyaban a los baazistas, como los sunníes y los drusos, vieron en la caída del régimen baazista de Sadam Husein una oportunidad para manifestarse contra el régimen de Asad. Posteriormente, las elecciones iraquíes del pasado enero infundieron un enorme ánimo al movimiento a favor de la democracia dentro y fuera del Líbano. Si la democracia podía echar raíces en Irak, ¿por qué no en el país del Cedro?
 
Por último, el asesinato de Rafik Hariri, en este mismo año. Hariri, otrora aliado de Siria, se había distanciado del régimen y hacía campaña en favor de la reforma democrática. Su asesinato, que con total certeza está vinculado a un complot sirio, fue un postrero esfuerzo de Damasco para mantener su hegemonía en el Líbano, así como para impedir que la democracia eche raíces en la región.
 
El régimen de Asad ha tomado parte, por ejemplo, en la promoción del sentimiento antiamericano en Oriente Medio ayudando a la insurgencia contra las tropas americanas en Irak. Los sirios temen que la democracia en Irak, en el Líbano y en toda la región inflija una enorme presión sobre la dictadura baazista para que promueva reformas democráticas.
 
Pero el tiro del asesinato de Hariri ha salido por la culata, ya que ha presionado tremendamente al régimen sirio, sin pretenderlo, para que se retirara del Líbano. Tras el crimen, cometido el pasado 14 de marzo, el pueblo libanés celebró la mayor manifestación en favor de la democracia nunca vista en Oriente Medio, suscitando así la atención mundial.
 
En un acto de simpatía con los intereses democráticos libaneses, EEUU, Francia y Gran Bretaña fijaron el 30 de abril como fecha límite para la retirada siria del Líbano. Veinte días antes de que se cumpliera el plazo dichos estados enviaron a la zona cinco buques de guerra, a través del Canal de Suez, para disuadir a Damasco de la idea de no adherirse a sus exigencias. En consecuencia, los sirios se retiraron oficialmente del Líbano antes de lo establecido.
 
A pesar de este logro, la lucha de los demócratas libaneses contra Siria no ha acabado. Aunque Damasco retiró a su ejército oficial, mantuvo en sus puestos al oficioso, conformado por el grupo islamista Hezbolá, en el sur, y otras manifestaciones de la inteligencia siria. Estos elementos buscarán bloquear los esfuerzos de reforma democrática. Además, el dictador sirio, Hafez el Asad, firmó un acuerdo con Beirut en 1991 que da derecho a su ejército a la reocupación en caso de que un Gobierno libanés la apoye. Damasco puede utilizar dicho acuerdo en el futuro para bloquear los progresos del Líbano.
 
La Revolución del Cedro depende del nuevo establishment. Si los políticos libaneses quieren promover verdaderamente la democracia, darán los pasos necesarios para desarmar a Hezbolá y cortar lazos con el anterior régimen sirio de ocupación. Si no se toman tales medidas, el país bien podría volver a las andadas.
 
 
Walid Phares, profesor de Estudios de Oriente Medio en la Florida Atlantic University y miembro de la Foundation for the Defense of Democracies.
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