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VENEZUELA

La línea roja de Hugo Chávez

El rojo rojito es el color emblemático del presidente bolivariano de Venezuela, que acaba de cruzar una línea de ese mismo color sin que el mundo apenas reaccionara.

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A finales de septiembre Chávez anunció que comenzaría a construir un reactor nuclear con tecnología y asistencia rusas. Regresado de un viaje a Moscú, en el cual Vladimir Putin confirmó que cooperaría en ese área con Caracas, el presidente venezolano expresó su interés en desarrollar energía nuclear; "por supuesto, con fines pacíficos", aclaró. Ello no es muy tranquilizador, que digamos, dada la naturaleza de su Gobierno y su vinculación estrecha con el régimen iraní, su más cercano aliado en el Medio Oriente, que también trata de nuclearizarse y también, por supuesto, con "fines pacíficos".
 
Tal como ha consignado el diario argentino La Nación, Venezuela lleva gastados más de 33.000 millones de dólares en América Latina para consolidar su influencia política en la región. Es financista de las economías argentina, boliviana, cubana, ecuatoriana y nicaragüense. Patrocina agrupaciones terroristas dentro y fuera del continente, tales como las FARC, ETA, Hamás y Hezbolá. Según un informe del Congreso norteamericano, una amplia red islamista se extiende por el territorio venezolano, con base en Isla Margarita y filiales en Barquisimeto, Anaco, Puerto Ordaz y Puerto Cabello. Asimismo, Venezuela recibió buques de guerra rusos en sus costas –es la primera vez, desde la Guerra Fría, que sucede algo así en la región–, anunció la realización de maniobras conjuntas con la Marina rusa para mediados de noviembre y prometió compras de armas rusas por más de 4.500 millones de dólares.
 
Poco tiempo atrás, Chávez expulsó al embajador estadounidense en Caracas, en un presunto gesto de solidaridad bolivariana con La Paz. "¡Váyanse al carajo cien veces, yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno!", clamó, haciendo gala de sutileza, al efectuar el anuncio. Años atrás había retirado a su embajador en Tel Aviv. Frente a la crisis financiera de Wall Street, el presidente venezolano afirmó que estaba gestando "un nuevo sistema financiero propio", junto a Irán, Rusia, Bielorrusia y China, que contaría con la "asesoría" de Fidel Castro. Al momento del anuncio, su canciller, Nicolás Maduro, se hallaba en Teherán dialogando sobre el establecimiento de un banco binacional venezolano-iraní. Ya existe uno similar con China, y se planea crear otro junto a Rusia.
 
La cosmovisión ideológica que anima su repudio a USA, y en particular a "Mr. Danger", como gusta de llamar al presidente Bush, le han valido distinciones especiales: Libia le otorgó el (surrealista) Premio Internacional Gadafi de Derechos Humanos, y la República Islámica de Irán le concedió su más alto honor por apoyar a los ayatolás en su confrontación nuclear con la familia de las naciones. Mahmud Ahmadineyad realizó tres visitas oficiales a Caracas en los últimos dos años, y varias delegaciones venezolanas han visitado Irán. En el año 2007 se estableció el primer vuelo entre América Latina y el Medio Oriente en la ruta Teherán-Caracas. Según algunos testigos, la carga y el pasaje del primer vuelo ingresó a Venezuela sin cruzar ningún control aduanero.
 
Como parte de su estrategia de penetración regional, en los últimos dos años Irán ha abierto embajadas en Nicaragua, Bolivia y República Dominicana. Asimismo, reabrió la que tenía en Chile e inauguró una oficina comercial en Ecuador. Con la Argentina ha multiplicado el comercio bilateral. La embajada en Venezuela –puerto de entrada al continente– ha sido ampliada.
 
La prensa venezolana ha informado de que Chávez se ha gastado un millón de dólares en imprimir pósters de sí mismo en compañía del líder de Hezbolá, Hassán Nasrala, para que fueran exhibidos en una manifestación islamista en Beirut. La prensa israelí ha publicado que Hezbolá ha entrenado en el Líbano a miembros jóvenes del partido bolivariano.
 
Tal como ha señalado el escritor Travis Pantin, el Estado de Israel ocupa un lugar de infamia en el pensamiento chavista. Durante una entrevista que concedió en julio de 2006 a la cadena satelital árabe Al Yazira lo definió como "un instrumento de agresión". En 2007 llamó a Colombia "el Israel de la región" cuando Bogotá asestó un golpe letal a las FARC en su frontera con Ecuador. A su vez, comparó a los palestinos con los indios venezolanos durante un discurso pronunciado en 2005 en conmemoración del descubrimiento de América: "Ustedes fueron expulsados de su patria, como el heroico pueblo palestino".
 
La judeofobia del régimen chavista ha sido ampliamente documentada. Desde la asunción de Chávez, alrededor del 25% de la pequeña comunidad judía venezolana ha emigrado. Dos veces fue allanada la Sociedad Hebraica de Caracas, a partir de la espuria acusación de que allí se ocultaban armas. En junio de este año el embajador venezolano en Moscú denunció un supuesto golpe de estado contra su Gobierno y acusó al servicio secreto israelí (así como a "ciudadanos venezolanos pero judíos") de estar detrás del complot. La sinagoga Tiferret Israel ha sido víctima de vandalismo en más de una ocasión. El programa televisivo pro Chavista La Hojilla suele propagar estereotipos antisemitas. Por otra parte, el propio presidente venezolano denunció, en vísperas de la Navidad de 2004, a "algunas minorías, entre ellas los descendientes de los asesinos de Cristo, [que] se han apoderado de las riquezas de este mundo".
 
Por todo lo anteriormente expuesto, podemos fácilmente advertir la peligrosidad que subyace a las ambiciones nucleares de Hugo Chávez. Si bajo su mandato Venezuela se ha convertido en un Estado conflictivo y provocador, no se requiere demasiada imaginación para anticipar cuán inquietantes serían las cosas para todos los latinoamericanos si accediera a la nuclearidad.
 
 
JULIÁN SCHVINDLERMAN, analista político argentino.
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