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ESTADOS UNIDOS

Los amigos de nuestras tropas

El pasado día 5 Newsweek llevaba en portada a una mujer con las piernas amputadas y una sudadera en la que se leía la palabra "Ejército". En ese mismo número del semanario había un artículo, titulado "Héroes olvidados", con páginas y más páginas en las que se veía a veteranos de guerra desfigurados o gravemente heridos.

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Esa palabra, "héroes", nos da la medida de la tremenda hipocresía que subyacía al despliegue de Newsweek. Nuestras tropas han protagonizado numerosos actos de heroísmo en Irak, pero no consiguieron conquistar la primera plana de Newsweek. Una vez, uno de nuestros hombres se lanzó sobre una granada para proteger a sus compañeros: dio su vida para que los demás pudieran seguir viviendo. Pero Newsweek no le concedió su portada. Los medios progresistas apenas se hicieron eco de ello.
 
Sucede que a los medios progresistas no les interesa el heroísmo, sino dar cancha a las víctimas, ya sea en el ámbito civil o en el militar.
 
Lo de Newsweek no es un caso único. La hipocresía es la norma, no la excepción, en unos medios que se dedican a filtrar e hilar las noticias sobre lo que pasa en Irak. Dan prioridad absoluta a la información sobre bajas y dicen que así están "honrando" a nuestras tropas.
 
Cuando asistimos a un servicio religioso en memoria de un ser querido, o cuando concedemos un premio a alguien que sigue entre nosotros, ¿qué es lo que hacemos? Pues hablar de las cosas buenas del homenajeado, de sus retos y desafíos, de sus logros. El mero hecho de decir que alguien ha muerto no equivale a rendirle honores. Tampoco se honra a un inválido diciendo, simplemente, que lo es.
 
"Apoyar a las tropas", "honrar a los muertos"...: se está corrompiendo el lenguaje con fines políticos. Es como cuando alguien proclama: "Asumo la total responsabilidad"; en realidad no está diciendo: "Me habéis pillado con las manos en la masa, y como no hay manera de negarlo, os suelto esta frasecita para ver si os calmáis un poco y me libro del castigo que merezco".
 
Luego de que varias generaciones hayan sido concienzudamente embrutecidas en nuestras escuelas, quizá sea inevitable que no sean muchos los capaces de diferenciar entre retórica y realidad. Pero la realidad nos dice que muchos de los que hablan de "apoyar" y "honrar" a nuestras tropas llevan años formando en la vanguardia de las filas de quienes se dedican, desde mucho antes de la guerra de Irak, a criticar y minar a nuestro Ejército.
 
En los primeros momentos de la guerra se criticó a nuestros soldados, que se estaban jugando la vida, porque no protegían los bienes de determinado museo. Y el New York Times ha tardado menos de nada en llevar a portada acusaciones no contrastadas contra miembros de nuestro Ejército. En cambio, puede que no lleguemos a conocer cosas que han hecho nuestras tropas que nos harían sentir orgullosos.
 
¿Que una joven soldado se despide de su padre antes de partir hacia Irak? Pues el New York Times se lleva la historia a portada. ¿Que unos reservistas se encuentran en apuros financieros por tener que abandonar sus trabajos para dirigirse a Irak? Pues el New York Times se lleva la historia a portada. Todo lo que pueda servir para cargar las tintas en un sentido negativo es susceptible de copar la portada del NYT, mientras que los actos de valentía y compasión pasan por sus páginas sin pena ni gloria.
 
Se están montando performances en las que se ve a unos activistas plantar pequeñas banderas americanas cada vez que cae uno de nuestros soldados en Irak. Es probable que alguno de estos activistas haya echado mano por primera vez de la bandera para algo que no sea quemarla.
 
Quizá lo más irresponsable de todo haya sido la resolución no vinculante del Congreso contra el incremento de tropas en Irak. Evidentemente, la gente puede tener opiniones distintas sobre el despliegue de tropas, incluso si, como la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, no ha desplegado tropa alguna en su vida y no tiene la más mínima experiencia militar. Pero si de lo que se trata es de parar la guerra desde el Congreso, basta con cortar el grifo... y, claro, asumir las consecuencias.
 
Pero no. Prefieren estar en misa y repicando. Y aprobar una resolución que sólo conseguirá fortalecer a nuestros enemigos y minar la moral de nuestros soldados, ésos a los que tanto apoyan...
 
 
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