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ECUADOR

Los golpes buenos

En 1997 el presidente Abdalá Bucaram intentó eliminar el subsidio al gas, lo cual afectó de manera muy negativa a su popularidad; tanto, que, aprovechando el cambio en la opinión pública, los diputados hicieron de psiquiatras y declararon que estaba mentalmente incapacitado para gobernar.

Gabriela Calderón de Burgos
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De acuerdo a la nueva lógica que impera en Ecuador, ese fue un golpe de estado bueno, ya que Bucaram había perdido el favor de la mayoría del electorado.

En 1998 y 1999 hubo una severa crisis bancaria, y el entonces presidente, Jamil Mahuad, tomó la fatídica decisión de decretar un feriado bancario y el congelamiento de los depósitos. Lucio Gutiérrez se aprovechó del rechazo popular a aquél y lideró, en colaboración con grupos indígenas, un golpe de estado en enero de 2000. En la madrugada del 22 de ese mes los militares deciden apoyar a Gustavo Noboa, el vicepresidente, para que reemplace a Mahuad. Noboa asumió el poder en uno de los salones principales del comando conjunto de las fuerzas armadas.

A pesar de las circunstancias, nadie dijo nada, porque también ése fue un buen golpe de estado: Mahuad ya no salía bien en las encuestas.

En el 2005 el presidente Lucio Gutiérrez es destituido por el Congreso por, supuestamente, abandono de sus funciones (Gutiérrez estaba en el palacio presidencial cuando le hicieron esta acusación). Los militares le quitaron la guardia y el vicepresidente, Alfredo Palacio, rápidamente asumió el poder.

Al igual que en los casos anteriores, Gutiérrez había perdido el respaldo de la mayoría en las encuestas, por lo que este golpe también fue bueno. Un joven economista de apellido Correa, en ese entonces prácticamente desconocido, apoyó el golpe. Palacio lo nombraría ministro de Economía días después. Daba así inicio la carrera política del actual mandatario.

Pero también ha habido golpes que han tumbado a los titulares de los otros poderes del Estado. En marzo del 2007 el Tribunal Supremo Electoral (TSE) destituyó a todos los diputados de la oposición luego de que éstos se opusieran a la convocatoria de una Asamblea Constituyente. El TSE se atribuyó entonces una función que sólo corresponde a la Corte Suprema. En abril del mismo año el Tribunal Constitucional, apelando a sólidos argumentos jurídicos, restituyó a 51 de los 57 diputados. Poco después de anunciarse tal decisión, turbas oficialistas irrumpieron violentamente en las instalaciones del TC. La Policía Nacional permitió su entrada y miró pasivamente mientras se agredía físicamente a los magistrados.

Esos golpes de estado también fueron buenos; se justificaban porque el proyecto del líder popular no podía ser obstruido por pequeñeces como el Estado de Derecho y la separación de poderes. La misma OEA los aplaudió: felicitó al presidente Correa por "sacar adelante el proceso constitucional para poner fin a la inestabilidad crónica que afecta a Ecuador en las últimas décadas".

En diciembre del 2007 la mayoría oficialista de la Constituyente emitió su primer mandato: tras declararse en posesión de "plenos poderes", disolvió el Congreso democráticamente elegido en el 2006. Otro golpe bueno ...

Pareciera que, para los líderes que se manifestaron "a favor de la democracia" y de la "institucionalidad" el pasado 30 de septiembre, hay golpes de estado buenos y golpes de estado malos. Dejando a un lado la cuestión de que es difícil defender la tesis de que ese día hubo un golpe, sería bueno que se explicasen. Tal vez para ellos la democracia es solo aquel sistema en el que un líder consigue el derecho al poder ilimitado gracias al apoyo de una mayoría circunstancial del electorado.

 

© El Cato

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, editora de El Cato.

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