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ESTADOS UNIDOS

Marco Rubio, el hispano al que no defienden los grupos hispanos

Imagine que, durante la campaña electoral de 2008, la Fox averigua que, tiempo atrás, un familiar del senador Obama había sido objeto de arresto. Que la Fox llama a Obama y le hace una oferta de esas que no se pueden rechazar: "O va al programa de Sean Hannity, enemigo jurado de su reforma sanitaria, o hacemos la crónica de la detención de su pariente".

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Imagine que Obama se niega y la Fox difunde la noticia; una noticia con tan poca credibilidad que ningún otro medio de comunicación, conservador o progresista, la airea. Y que un directivo de la Fox acaba ufanándose en una revista de que su canal de televisión trató de chantajear al candidato demócrata.

Imagine que, meses después, un periódico de gran tirada publica un reportaje sobre el sórdido, y posiblemente ilegal, intento de chantaje de la Fox.

La Fox, por supuesto, no hizo nada parecido. Pero suponga que sí, que hizo algo parecido para conseguir que Obama fuera al programa de Hannity. ¿Qué hubiera pasado?

Pues que un movimiento denominado Occupy Fox News (OFN) habría anunciado una concentración ante el edificio neoyorquino desde el que la referida cadena realiza muchos de sus programas. El movimiento OFN contaría con el respaldo del reverendo Jesse Jackson, la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color), la ACLU (Asociación Americana por las Libertades Civiles), Move On, la NABJ (Asociación Nacional de Periodistas Negros), varios grupos de Hollywood, etc. La FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) abriría una investigación, y varias estrellas de la Fox dimitirían luego de que el canal se negara no ya a disculparse, sino a reconocer que la mera idea había sido un error.

Todo eso estaría bien. Sería adecuado. Después de todo, la Fox habría tratado de forzar a Obama a participar en un intercambio durísimo, que podría incluso dar al traste con su campaña, con alguien que mostraba un abierto desprecio por su reforma sanitaria.

Pues bien. Resulta que algo así sucedió, verdaderamente sucedió, el pasado verano. Salvo por el detalle de que la víctima del chantaje periodístico no fue Obama, sino el senador republicano por Florida Marco Rubio; y el victimario, en vez de la Fox, Univisión. El asunto no era la reforma sanitaria de Obama, sino el rechazo de Rubio a la Dream Act (Ley para la Ayuda, el Desarrollo y la Educación de Menores Extranjeros) y su concepción antihispana de la inmigración. El presentador no era Sean Hannity, sino el virulentamente antirrepublicano y crítico de Rubio Jorge Ramos, que considera que oponerse a la Dream Act y a la amnistía de inmigrantes ilegales equivale a ser racista. El pariente de Rubio era Orlando Cicilia, cuñado del senador, detenido por posesión de drogas hace casi 25 años.

En octubre, el Miami Herald publicó una información acerca de lo que Univisión había tratado de hacerle a Rubio. Univisión negó las acusaciones. Pero posteriormente su jefe de Informativos, Isaac Lee, declaró al New Yorker que el canal barajó tres opciones: 1) dar la exclusiva sobre Cicilia, 2) hacer que Rubio cooperara en un perfil biográfico y 3) hacer que el republicano fuera entrevistado en el programa Al Punto de Ramos. El New Yorker: "En cualquiera de los casos –dice Lee–, el caso Cicilia podría haber salido a la luz".

¿Qué hace correcta la actuación de Univisión?

Luego de lo publicado por el New Yorker, el Miami Herald apuntó: "Esto quiere decir que una exclusiva relacionada con el narcotráfico podría o no darse a conocer, en función de cómo jugara Rubio sus cartas. Es decir, si Rubio iba a Al Punto y respondía a un par de preguntas sobre Cicilia en el marco de una entrevista de amplio espectro, entonces el reportaje sobre narcotráfico podría no emitirse. Y una entrevista no siempre se emite íntegramente".

El consejero delegado de Univisión, Haim Saban, llamó "antihispano" a Rubio en un correo electrónico. Por su parte, el jefe de Informativos del canal, el ya citado Lee, dice que éste es prohispano en materia de inmigración. Lo cual convierte a Rubio, hijo de exiliados cubanos, en una amenaza que aplastar.

¿Por qué no están en pie de guerra las organizaciones de defensa de los hispanos? Pues porque Rubio es el prototipo de mal hispano, un republicano conservador partidario de la inmigración legal y detractor de la ilegal que rechaza representar el papel de víctima oprimida.

¿Se acuerda de Kathleen Willey, aquella seguidora de Bill Clinton que llegó a trabajar como voluntaria en la Casa Blanca? Willey acusó a Clinton de manosearla en el Despacho Oval, y dijo haber telefoneado a la abogada feminista Gloria Allred en dos ocasiones en busca de consejo; y que Allred jamás le devolvió las llamadas. Por su parte, Paula Jones, que acusó a Clinton de hacerle tocamientos cuando era gobernador de Arkansas, afirmó que la NOW (Organización Nacional de Mujeres) no se implicó en su caso porque ella "había elegido su foro y sus amistades".

Rubio, conservador en materia fiscal, escribió recientemente al presidente Obama en los siguientes términos:

Los tres primeros años de su presidencia han sido paradigmáticos en lo relacionado con el liderazgo fracasado (…) América se merece unos líderes que se mantengan firmes, en primera línea, que se pongan al nivel del pueblo estadounidense a la hora de afrontar los desafíos y ofrezcan auténticas soluciones. En lugar de limitarse a pedir un nuevo incremento en el techo de la deuda, le insto a que en 2012 presente un programa auténtico para abordar este problema.

Esto explica por qué La Raza, Maldef y otros grupos supuestamente prohispanos se han lavado las manos en el caso Univisión. Para estos izquierdistas, Rubio es un Tío Taco, la versión hispana del Tío Tom.

 

© Laurence A. Elder. Distributed by Creators Syndicate Inc.

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