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LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Obama y Miss Alaska

Tengo la fundada sospecha de que John McCain ha cometido un error. Tal vez no desde un punto de vista estrictamente mercadotécnico, al menos a juzgar por ese cliché tan repetido por la prensa española de que está muy bien que lleve a una mujer en el ticket, para arañar votos de los hillaryanos defraudados. Hay muchas mujeres que votan a otras mujeres por el hecho de serlo, pero son minoría, no hay que engañarse sobre eso.

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Yo no creo tan elementales a los votantes americanos, pero no quiero hacer una evaluación del caso en nombre de otros, aunque lo que voy a explicar a continuación se deriva de una conversación con la parte de mi familia que vota en los Estados Unidos.
 
John McCain tiene 72 años y una vida muy dura detrás, en la que no es un dato menor el de los siete años que pasó como prisionero de guerra del Viet Cong, siendo sistemáticamente torturado. Sólo tiene dos años más que Reagan en el momento en que éste accedió a la presidencia, pero es el candidato de más edad en la historia de la nación. Por supuesto, lo sé, Reagan sobrevivió a los dos mandatos, pero su existencia fue, comparada con la de McCain, dorada. En cualquier caso, tenía un vicepresidente joven, George H. W. Bush, que en el momento de las elecciones tenía 57 años, y que llegó a ser presidente con 65. Había que considerar el riesgo, y Reagan lo consideró, de que muriera gobernando. La edad, como se aprende con el tiempo, es muy dura y, sobre todo, muy traicionera. Bush era un vicepresidente ideal porque, como demostró de sobra, estaba perfectamente preparado para sustituir al presidente y se identificaba plenamente, como también se probó, con sus políticas. Así, el candidato a la vicepresidencia se convierte en candidato a la presidencia.
 
McCain tenía la obligación de encontrar dos cosas en su compañero de fórmula, además de un cierto cartel electoral: un/a potencial presidente/a y, por lo mismo, una persona con una seria y prolongada experiencia de Estado, es decir, con un profundo conocimiento de los entresijos de la compleja existencia de la ciudad de Washington. La pregunta clave es si Sarah Palin satisface esos dos requisitos. Y la respuesta, me temo, es que no.
 
Arnold Schwarzenegger.No voy a cometer la torpeza de invalidarla por haberse presentado al concurso de Miss Alaska (donde quedó segunda) –aunque eso revele una mentalidad con la que no simpatizo–, porque al fin y al cabo Schwarzenegger, el gobernador de California, ha sido Míster Universo y Míster Olympia y no desempeña mal su cargo. No sé por qué Dolores de Cospedal se irritó al enterarse de que se decía por ahí que había sido Miss Albacete. El narcisismo, y a eso me refería al hablar de mentalidad, no es un pecado, y menos aún entre políticos, que lo son mayoritariamente. Sólo una persona con un ego enorme puede salir a la calle para convencer a millones de conciudadanos de que tiene la solución para sus problemas y, para colmo, conseguirlo.
 
Pero Sarah Palin viene de ser alcaldesa de su pueblo natal, Wasilla, que tenía 5.470 almas en el año 2000. Después de servir durante años al gobernador Frank Murkovsky, consiguió ganar las elecciones para el cargo en 2006. Es decir, que lleva escasos dos años como gobernadora del estado más extenso de la Unión (con sus 1.717.854 kilómetros cuadrados, el doble de Texas, que es el segundo en la lista, y más del triple de España, que tiene 504.645) y el menos poblado, con sólo unos siete millones de habitantes en una estimación de 2007. También es el quinto en producto bruto interno per cápita, con cerca de 44.000 dólares, posee petróleo, gas y numerosas fuentes de energía hidroeléctrica subutilizadas.
 
Hay países que se dedican al monocultivo petrolero: todos los de la OPEP, por ejemplo. Pero Alaska tiene alternativas muy interesantes para el consumo interno, a las que Palin no sólo ha prestado poca atención, sino que las ha dejado de lado. Su primer objetivo ha sido la construcción de un oleoducto de 3.000 kilómetros. Cuando el secretario de Interior de la Administración Bush, Dirk Kempthorne, propuso declarar a los osos polares especie en peligro de extinción, Palin se opuso y postergó sine die las decisiones al respecto: no sé si eso está bien o mal, aunque experimento una gran simpatía por esos animales, pero lo que sí sé es que con ello no conseguirá arrancar un solo voto clintoniano de su hábitat natural.
 
Todo en Palin está reñido con la progresía de la izquierda demócrata: por ser de derechas, prefirió tener un quinto hijo, consciente de que padecería el síndrome de Down, a abortar, lo cual la distancia definitivamente del caladero electoral de Hillary. El último rumor difundido por la red se refiere al quinto hijo de la gobernadora: afirman que en realidad no es suyo, sino de su hija Bristol, de 16 años, y que la familia decidió ocultar su embarazo. Suena a Falcon Crest, pero es una maldad que puede ser efectiva.
 
Todo les viene bien a los demócratas: la gobernadora acaba de vetar una ley de la Legislatura de Alaska que pretendía impedir que las parejas homosexuales tuviesen los mismos derechos de seguro médico que las heterosexuales, lo cual le ha valido una campaña en contra en la que se le acusa de ser gay y se le reprocha que en Alaska las parejas del mismo sexo tengan tantos derechos como en los estados en los que hay matrimonio gay; una campaña con todo el aspecto de estar promovida por sectores ultraconservadores del Partido Republicano pero que ha sido orquestada por el obamismo, como demuestra el seguimiento de las direcciones IP de los ordenadores empleados en ella, según me hace llegar mi mailer Werner.
 
Y es que Sarah Palin no vive en un iglú, como nos quieren hacer creer, aunque su marido sea, según se dice, étnicamente esquimal (que no culturalmente: no se tienen noticias de que haya mandado a su abuela a morir en la nieve cuando se quedó sin dientes; y lo étnico habrá que verlo, porque en las fotos de familia no parece esquimal). Su conducta y sus decisiones personales respecto del matrimonio son su opción, y no pretende imponerlas a los demás, y mucho menos diferenciarlos ante la ley: se diría que es liberal.
 
Ahora bien: en la campaña de 2000 por la candidatura republicana, que al final ganó Bush Jr., McCain dijo en un discurso lleno de entusiasmo en New Hampshire: "Vamos a arrebatar la política de las manos del Gran Capital y de los lobbistas que han corrompido Washington. Vamos a devolver el poder a los ciudadanos americanos". No tengo motivos para dudar de que ésa sea la línea de Palin, miembro de la Asociación Nacional del Rifle y gran crítica del establishment demócrata, pero eso se hace desde el interior, justamente, de Washington, donde McCain sí tiene una prolongada experiencia y ella no.
 
Barack Obama.Quisiera equivocarme en lo que estoy diciendo, porque un triunfo electoral y una presidencia de Barack Obama serían una enorme desgracia para todos nosotros, la materialización de la pesadilla de tener un tipo como Zapatero en la Casa Blanca; aunque al menos de Zapatero conocemos al abuelo y hasta sabemos que era un masón de base, ni siquiera un mandamás mafioso, sino un aprendiz: de Obama ni siquiera sabemos eso. Todos nos quejamos de que Juan Guerra usufructuara el poder alcanzado por su hermano Alfonso montando un chiringuito de conseguidor en Sevilla, pero es que hay un hermano de Obama en Kenia que vive con un euro al mes: ¿no sería más digno ponerle, digamos, de ujier en el Departamento de Justicia, para que se pase el resto de su vida escuchando por qué se convierten en asesinos los hijos de familias desestructuradas? Perón nombró a su hermano, en el que no confiaba, director del zoo de Buenos Aires. Siempre hay un cargo para los parientes, aunque, como en este caso, sean muchos porque Papá era polígamo.
 
Y nada menos que el Wall Street Journal está pidiendo, si éxito, a Obama que explique en campaña cuáles han sido sus relaciones con el terrorista William Ayers, un asunto que sacó a la luz el periodista Stanley Kurtz, que la semana pasada logró que la Universidad de Illinois abriera sus archivos al respecto. Lo mismo sucede en relación con su amigo Tony Rezko, contribuyente económico a su campaña, convicto de 16 cargos de corrupción, con el que compró una casa en sociedad en 2005. Una casa cara, ya que la parte de Rezko parece haber sido financiada por Nadhmi Auchi, millonario iraquí residente en Londres, con nada menos que 3,5 millones de dólares. En la misma nota del WSJ en la que aparecen estos datos se reproduce una frase citada por Gabriel Sherman en The New Republic, tradicional bastión de la izquierda americana: "Toda la historia de Obama está construida en torno del relato que Obama y [su estratega de campaña] David Axelrod organizaron, pero que, como todos los relatos, no es enteramente cierto".
 
En la vida del candidato demócrata hay de todo, menos transparencia. En el extremo opuesto está Sarah Palin, que, al parecer, lo hace todo en público, lo cual en política no es necesariamente lo mejor. Sobre todo, porque permite que un calamar como Obama esparza su tinta sombría sobre uno: la mejor manera de alejar las acusaciones es hacer otras, cumpliendo la ley del miente que algo queda.
 
Necesitamos, el mundo entero necesita, que McCain gane las próximas elecciones en los Estados Unidos, el 4 de noviembre, y que Obama no llegue a la Casa Blanca. Pero soy enormemente pesimista al respecto.
 
 
vazquezrial@gmail.com

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