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ESTADOS UNIDOS

Una elección histórica

John McCain y Barack Obama. Dos estilos. McCain, de 71 años, es parco en sus expresiones, se siente más cómodo ante públicos reducidos y proyecta rigidez en TV. Domina, sobre todo, los temas de política exterior y seguridad nacional. Muy diferente es Obama: con 48 años, emana simpatía y evidencia una extraordinaria capacidad retórica de corte evangelizador. Prefiere los públicos multitudinarios, y en TV muestra la soltura de un rockero. Conoce bien los temas sociales.

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Sin duda, Obama no es un oponente fácil. Coronó su blitzkrieg en las primarias derrotando a la ex primera dama Hillary Clinton, por largo tiempo favorita para encabezar la papeleta demócrata. Es el primer afroamericano que logra la candidatura de uno de los dos partidos principales.
 
Su historia es notable. Alentado por su abuela materna, una mujer blanca de Kansas, completó con becas una pulida educación superior (Columbia y Harvard) y fue profesor de leyes en la Universidad de Chicago. En medio de su carrera académica, se sintió llamado a organizar las barriadas de Chicago. Su éxito en los guetos negros lo elevó al Senado estatal y, en el 2004, al de Washington, donde se concentró en promover su candidatura presidencial.
 
Pregonero de un mensaje de cambio, Obama ha explotado la impopularidad del actual mandatario, principalmente por la guerra en Irak, e insistido en identificar a McCain con las políticas de aquél. Dicho mensaje funcionó con buenos resultados durante las primarias demócratas y alimentó una onda triunfalista. Sin embargo, tras su gira por el Cercano Oriente y Europa, en julio, su ventaja en los sondeos ha decaído hasta el virtual empate con su oponente republicano.
 
La pregunta obligada es: ¿por qué Obama, siendo tan buen candidato, sólo consigue empatar con un oponente agobiado por deficiencias de imagen y frecuentes trastornos de campaña? A estas alturas debería contar con una diferencia mayor, quizá de hasta 10 puntos.
 
Hillary Clinton.Los analistas señalan que Obama no consolida el apoyo de ciertos sectores que respaldaron a Hillary y son clave para los candidatos demócratas, como las blancas mayores de 50 años y los obreros blancos. Además, hay votantes afroamericanos que le consideran débil en la defensa de los intereses de su conglomerado. Asimismo, una importante proporción (cerca del 28%) de las partidarias de Hillary han afirmado que prefieren votar por McCain antes que por Obama.
 
Quizá de mayor importancia para el resultado de los comicios de noviembre es el llamado efecto Bradley. El origen de este fenómeno fue lo ocurrido en 1982 con el entonces alcalde de Los Ángeles, Tom Bradley, un demócrata afroamericano sumamente popular que se postuló para la gobernación de California. Su ventaja en las encuestas frente al candidato blanco y republicano era considerable, pero acabó perdiendo. Algo similar sucedió en 1989, cuando el candidato negro a la gobernación de Virginia, el demócrata Douglas Wilder, que gozaba de un holgado respaldo popular, venció por un muy estrecho margen (por cierto: WIlder fue el primer negro en asumir como gobernador de un estado).
 
La conclusión es que muchos posibles votantes, cuando son entrevistados, no revelan sus reservas hacia candidatos negros para no levantar sospechas de racismo. En el mismo sentido, al momento de dar opiniones o emitir el sufragio, algunos son presa de la desconfianza y cambian su intención original de respaldar al afroamericano.
 
A esto hemos de agregar el hecho de que se sabe relativamente poco sobre Obama. De ahí que episodios como el del pastor Wright, o sus frecuentes cambios de criterio sobre distintos temas nacionales, hayan suscitado dudas sobre su experiencia y capacidad de decisión. Dudas que no han hecho sino incrementarse a raíz de los problemas económicos y los conflictos internacionales que enfrenta Estados Unidos, y que demandarán un liderazgo sólido del próximo presidente. Desde luego, este complejo entorno ha favorecido a McCain, de trayectoria mucho más dilatada. 
 
En todo caso, los debates presidenciales y la intensificación de la campaña a partir de las convenciones de ambos partidos darán oportunidad a los votantes para confirmar o enmendar sus ideas sobre esta contienda electoral histórica.
 
 
© AIPE
 
JAIME DAREMBLUM, director del Centro de Estudios para América Latina del Hudson Institute.
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