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VENEZUELA

Sr. Shannon: ¿por qué no se calla?

El ritual se repite con aburrida regularidad: cada cierto tiempo, desde su oficina en Washington o donde quiere que se encuentre, el subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Thomas Shannon, ratifica la invulnerable voluntad de su Gobierno de mantener las mejores relaciones con el régimen de Hugo Chávez.

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No importa que Chávez acabe de insultar a George Bush, o a Dick Cheney, o a Condoleezza Rice; de hablar de la crueldad del Imperio y de los infinitos males supuestamente causados por el inquilino de la Casa Blanca. Tampoco importa que Shannon se haya hecho eco de los numerosos indicios que vinculan al venezolano con las FARC, Hezbolá, Hamás, Siria, Irán y Corea del Norte. Es como si el señor subsecretario tuviese una personalidad escindida, o como si se tratase de dos personas diferentes. ¿Quizá estemos ante la versión diplomática de Jekyll y Hyde?
 
Cuesta de veras entender de qué va todo esto. A lo mejor es que el Gobierno de Estados Unidos ha dejado de tomar en serio a Chávez y su vocero se expresa de esa manera ambigua para que nadie venga luego, cuando el desastre bolivariano alcance su sombrío final, a decir que el responsable de nuestros entuertos tropicales es EEUU. O quizá es que Washington está portándose bien con aquél para que el resto de América Latina no se solidarice automáticamente con él, en función del hondo complejo antiyanqui que padecen tantos en la región. Cabe también conjeturar que pudiéramos estar presenciando otro caso patológico de excesiva ingenuidad gringa, o que Shannon no ha leído Cien años de soledad. Asimismo, es factible que Bush y su gente se estén haciendo los tontos y aguardando a Chávez en la bajadita, como se dice coloquialmente, para pasarle ahí la consabida factura.
 
Hugo Chávez.Honestamente, no lo sé. Pero estoy convencido de que las reiteradas muestras de buena voluntad del Sr. Shannon no están bien pensadas. Jamás conviene que un gran poder adopte una actitud condescendiente ante personajes presuntuosos y altaneros como Chávez. Semejante actitud, por un lado, alienta al presuntuoso a proseguir su camino con aún mayor radicalismo, dado que su conducta parece no acarrearle consecuencias negativas. "El Imperio me teme", podría incluso concluir. Por otro lado, los opositores de Chávez se sienten desalentados al constatar que nada que éste haga, por funesto que sea, le acarrea consecuencias.
 
Es comprensible que Washington rehúse dar nuevas bazas demagógicas a Chávez, pero no tiene sentido que deje saber, así sea de modo indirecto, que el actual Gobierno venezolano se encuentra bajo la amenaza de ser incluido en la lista de Estados que apoyan el terrorismo y que por otro lado afirme constantemente en público que está abierto al trabajo en común, a la cooperación en los asuntos de interés mutuo, etcétera. Semejante incoherencia genera un cortocircuito político y conceptual que poco favorece la lucha democrática en Venezuela.
 
Entiendo que el Sr. Shannon no desee arrojar más leña al fuego; pero, con todo el respeto, y teniendo bien en cuenta los diversos aspectos del caso, me atrevo a formularle la inmortal pregunta: ¿por qué no se calla?
 
 
© AIPE
 
ANÍBAL ROMERO, profesor de Teoría Política en la Universidad Metropolitana de Caracas.
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