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No deja de ser curioso que la rata, el símbolo más estrambótico del 15M, fuera el insulto favorito de los enemigos de Pablo Iglesias, que dijo que estaba allí.

Federico Jiménez Losantos
No deja de ser curioso que la rata, el símbolo más estrambótico del 15M, fuera el insulto favorito de los enemigos de Pablo Iglesias, que dijo que estaba allí.
La esperpéntica acampada del 15M ocupó el centro de Madrid durante meses. | C.Jordá

Editorialistas y columnistas, adictos al calendario y esclavos de la hipérbole, recuerdan con estúpida melancolía los diez años del 15M, y la definen como una ilusión que se marchitó. A mí lo que me alegra es que en tan redondo aniversario Ayuso haya enterrado aquella mamarrachada y su significado totalitario. Porque en este 4M ha triunfado la negación del 15M.

Rubalcaba y ZP contra Aguirre

Guardo de aquella feria zoótico-ideológica recuerdos perdurables. El primero, borrado de las hemerotecas por el Soviet de la Memoria, es que fue una acampada ilegal tutelada desde el principio por el infame ministro del interior de Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba, y cuyo blanco político era Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid e inquilina de la sede de la Puerta del Sol, sitiada por aquellos espontáneos protegidos.

La acampada fue una ilegalidad sostenida semanas y semanas por el Gobierno, que, en vez de disolverla, por emporcar la Puerta del Sol y arruinar los comercios, la protegió por antiliberal. Porque Ayuso no ha sido la primera en padecer una campaña infamante de la izquierda mediática y política (siempre más abyecta la primera, sierva de la segunda). Por aquel entonces, la joven Isabel trabajaba con Aguirre, y aquella experiencia la marcó y la blindó para superar lo que luego ha sufrido. Aquel atropello de todas las libertades lo ha vengado una liberal, con el apoyo del pueblo de Madrid, que estaba con los comerciantes, no con los niñatos antisistema.

El segundo recuerdo viene de la derecha antizapaterista, que, con el grupo Intereconomía al frente, dio una cobertura estelar a lo que veía como un acto espontáneo y yo como un típico acto comunista magnificado por los socialistas. Estaba empezando esRadio, y para darle cobertura llegué al acuerdo con Julio Ariza de ir un día al mes a la tertulia de El Gato al agua, su programa estrella, camino de ser engullido por el fútbol. Y allí tropecé, o me tropezaron, en una cita nada a ciegas, porque la urdió Ariza y la buscó y publicitó él mismo, con Pablo Iglesias, figurilla de La Tuerka y figurón del futuro Podemos, hoy retirado tras cortarle la coleta y el moño Díaz Ayuso. El debate está transcrito en Memoria del Comunismo y puede verse en YouTube. No insistiré. Pero creo que las ideas liberales, que el PP había abandonado en 2008, se enfrentaron con aquel comunismo disfrazado de espontaneísmo, al estilo del mayo de 68 que viví y detesto. Y no perdieron.

Apalear a un discapacitado por ir a ver al Papa

Iglesias y la banda de la Complu no estaban el 15M en la Puerta del Sol, porque para cualquier leninista aquello era un movimiento de extrema izquierda infantiloide y fácil de manipular por el Poder. Luego empezaron a pasarse por aquel empedrado convertido en mingitorio y finalmente lo convirtieron en el belén de su epopeya redentora de La Gente, a lo Chávez. Pero los eslóganes de aquella acampada ilegal protegida por el Gobierno, menuda ilusión, apestaban a comunismo rancio y anunciaban la violencia que poco después impuso en la política española Podemos, siempre con la cobertura socialista y con el respaldo mediático de las televisiones del PP.

Hubo un hecho que apartó a los pardillos que curioseaban en Sol la primera semana de acampada y que mostró la auténtica catadura de los acampados contra Aguirre, para entonces sólo anticapitalistas y defensores del totalitarismo zarrapastroso en todas sus variedades comunistas. Fue el apaleamiento de una joven discapacitada que iba en silla de ruedas a un acto, creo que el Encuentro con los Jóvenes, en la visita del Papa a Madrid. Al ver los colores amarillo y blanco del Vaticano, a menudo junto al rojo y amarillo de la enseña nacional, aquellos jóvenes supuestamente ingenuos, en realidad hijos de la perra de Lenin, golpearon y tiraron de la silla a la joven católica. No consta que participara Echenique, pero nadie condenó el ataque. Para mí fue la prueba de que Rubalcaba había rebasado con creces su objetivo. Y, efectivamente, poco después, cuando el movimiento tomó vida propia, vampirizado y redirigido por los chavistas Iglesias y Errejón, el número de tiendas fue cada vez menor, el hedor a orines cada vez mayor y el archivo fotográfico de los móviles agotado, disolvieron aquella cloaca.

Eslóganes estúpidos y la rata como símbolo

El estilo casposamente sesentayochista campaba en eslóganes como "Apaga la televisión, enciende tu mente", cuando Iglesias estaba loco por ir a la televisión, decía que prefería "un telediario a un ministerio" y teorizó en la New Left Review sobre "el pueblo de la televisión". Si te fías de un banco, acabarás durmiendo en uno. Véanse los trinques inmobiliarios de la casta podemita a través de Cajamadrid o la Caja de Ingenieros. El más buenista en apariencia, pero en realidad profundamente violento es "Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir". Nadie les impedía soñar, pero se arrogaban el derecho de no dejar dormir a cualquiera. Ellos y nosotros es la clave del 15M, que es profundamente comunista. En rigor, el comunismo.

Pero por encima de esas parodias grotescas de otro movimiento de niñatos sobrealimentados como fue el Mayo del 68, la imagen que más me chocó, y que de hecho anunció todo el animalismo y las animaladas que ha traído la extrema izquierda en el Poder en esta década, fue la de una chica con una rata en el hombro. Podía haber sido un pico o una pala, pero era una rata y de buen tamaño. De la hoz y el martillo a la rata al hombro: he ahí el desarrollo simbólico de la izquierda tras el 68 y la caída del Muro.

¿Y qué habrá sido de aquella rata? ¿Tendrá algo que ver con la imagen de sí mismo que puso en circulación Pablo Iglesias, imitando a un múrido, entre ratón y castor, y que luego le devolvieron en la pintada "coleta, rata" que le hizo largarse de Asturias, si es que veraneaba allí? ¿No estará disecada sobre la chimenea de la Casa Solariega de Galapagar? Y si la deja ¿no acabará en Valdelagua, en alguna vitrina zoo-histórica? No deja de ser curioso que la rata, el símbolo más estrambótico del 15M, fuera el insulto favorito de los enemigos de Pablo Iglesias, que dijo que estaba allí.

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