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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Bajarse al moro

Asombrosamente, todos los partidos e instituciones coinciden en que con nuestro vecino del sur, ese país absurdo, hay que llevarse excepcionalmente bien. En progreñol, eso quiere decir que tenemos que estar siempre dispuestos a ponernos los zahones por debajo de la rótula esbozando la mejor de las sonrisas.

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Lo cosa no deja de ser curiosa, dado que, salvo las folclóricas en periodos vacacionales o los luchadores por un mundo más justo con cargo a la ONG de guardia, Marruecos no es un país que despierte demasiado interés entre la gente medianamente sensata.

En realidad, no hay por qué llevarse bien con Marruecos. De hecho, todos los tratadistas de geopolítica, desde el gran Saavedra Fajardo, aconsejan tener buenas relaciones con el vecino del vecino, que es lo que ha ocurrido siempre y ocurre en la actualidad en los países que no han perdido su sentido histórico. Sólo hay que pensar en Francia o Alemania para darnos cuenta de que el sabio principio sigue operando en las naciones serias.

En todo caso, los políticos españoles son partidarios de la rendición preventiva con carácter general, actitud que en los socialistas adquiere tintes de fanatismo, así que no es previsible que nuestro país vaya a adoptar una línea de sensatez en las relaciones con el Sultán, cuya vida Alá guarde muchos años.

Somos un chollo para Mohamed, sobrino no carnal de nuestro monarca, quien al papá de la criatura llamaba "hermano", quizás en nombre de todos los españoles. Somos una bicoca, un bizcochito, una ganga y, con Zapatero dirigiendo los destinos nacionales, una pintoresca banda de descerebrados a los que se puede abofetear diariamente, en algunos casos de forma literal, como comprobaron algunas mujeres policía de nuestra frontera recientemente.

Mohamed VI.Los socialistas se horrorizan sólo de pensar que alguna vez tuvieran que enviar tropas a defender al pueblo saharaui, el mismo al que arengaban desde las dunas de Tinduf en los setenta para que se decidieran a luchar por su independencia, que habría de garantizar la ONU.

¿La ONU? ¿Ha dicho usted la ONU? Pues sí, eso he dicho/escrito: la ONU, Organización de las Naciones Unidas, cuyos mandatos, insinuaciones, consejos y abusos respetan hasta la veneración nuestros socialistas; salvo cuando perjudican a Marruecos, en cuyo caso no le hacen ni puñetero caso. El Sáhara es el último ejemplo, que es lo que el lector sagaz estaba seguramente pensando cuando lanzó esa pregunta.

Zapatero ha cedido al teócrata del Magreb la soberanía residual del Sáhara, incluidas las aguas jurisdiccionales, al parecer ricas en petróleo, sin que se le mueva una ceja. Sus ministros, para no ser menos, o hacen gala de una ignorancia rayana en el retardo mental cuando hablan de este asunto, o salen huyendo a los Andes a cuidar inditos en hospitales de lujo, a base de chullitas de jabugo cinco jotas.

Pero hay quien compite seriamente con los socialistas a la hora de mostrarse obsecuente con el adversario meridional y se larga en plena crisis diplomática a dar una vueltecita por el golfo pérsico, zona que teníamos bastante abandonada últimamente.

Una maravilla, oiga, España, lo que se dice un país orgulloso de su historia, cumplidor de los compromisos internacionales adquiridos y exigente con los países vecinos, para que cumplan su parte de los acuerdos firmados.

Cuando Zapatero viajó a Marruecos por primera vez, estando en la oposición, las autoridades del sultanato cazaron al vuelo la solvencia del personaje y lo rapidito que iba a dejarse derrotar en todos los contenciosos que mantienen con nuestro país. Eso fue hace siete años. Si aquel viaje se produjera ahora, el mapa de Marruecos llegaría hasta Santurce. Y porque está el Cantábrico, que si no...

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