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PANORÁMICAS

¡Zas en toda la boca!

Desde que estamos en la Era TDT sólo he apreciado una mejora significativa respecto a la Analógica: en Neox, una de las cadenas de Antena 3, a eso de las cinco de la tarde, justo cuando empezamos a despertarnos de la siesta, emiten The Big Bang Theory, la mejor comedia de la actualidad, digna heredera de Friends, Frasier y Seinfeld.

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Como aquellas, TBBT consiste en las andanzas de un grupo de amigos a los que une, por encima de diferencias de temperamento y roces propios de la vida en común, un feeling, que diría Guardiola, y una alegría de vivir que se transmite a través de la pantalla plana, que adquiere de esta forma una existencial tridimensionalidad.

Estos amigos tienen una peculiaridad: son tan inteligentes como raritos. Los típicos empollones, frágiles y asustadizos, que se apoyan mutuamente en sus hobbies y en su defensa de un lugar en el que sobrevivir en un mundo que favorece a los brutos en lugar de a los sabios. Según la Wikipedia un nerd es una

persona abocada completamente al estudio y la labor científica, informática e intelectual hasta el punto de mostrar desinterés por las actividades sociales, físicas y deportivas. A diferencia de un intelectual, científico o ingeniero normal, el estereotipo del nerd es de una persona con una conducta obsesiva por estas actividades, al punto de limitarle su participación en otros campos, hasta asociársele con padecimientos como el síndrome de Asperger, en casos extremos. Las características tradicionalmente asociadas al nerd son: desinterés por todo deporte o actividad recreativa física y por la moda, por lo que suelen vestir de manera conservadora y ser o muy raquíticos u obesos, debido a la falta de ejercicio; conducta social retraída (son tímidos, nerviosos y débiles); dificultad para interactuar con el sexo opuesto y tener una vida sexual activa; manejo de conocimientos detallados de ciencias naturales, historia, informática y otros datos usualmente vistos como aburridos o imprácticos para la vida diaria; son fans (en algunos casos obsesivamente) de cómics, sagas de ciencia ficción como Star Trek y Star Wars, juegos de rol y videojuegos; y, en algunos casos, sufren diferentes padecimientos médicos y psicólogicos, como alergias, acné, problemas de la vista y de interacción social, como el mutismo selectivo o el ya citado síndrome de Asperger.

Sheldon Cooper y Leonard Hofstadter son los nerds protagonistas de TBBT. Forman la clásica pareja de comedia: el primero es el iluso y excéntrico, mientras que el segundo es el razonable y serio. Comparten apartamento y ambos trabajan en Centros de Investigación Científica de California. Sus andanzas intelectuales y vitales se desarrollan en un mundillo de nerds, entre los que detacan Howard Wolowitz y Rajes Koothrapali, un ingeniero judío y un cosmólogo indio, respectivamente, que forman otra pareja tan compenetrada que parecen el típico matrimonio bien avenido, aunque discutidor, y la vecinita de enfrente, Penny, la típica rubia buenorra con muchos sentimientos pero sin muchas luces que se convertirá en el eje amoroso de la serie cuando inicie una esporádica y conflictiva relación con Leonard (aunque me parece apreciar una paradójica e inconsciente tensión sexual no resuelta entre el asexuado Sheldon y la love machine Penny).

Los hiperinteligentes pero infrasociales amigos se debaten entre los deseos de ganar el Nobel y la necesidad de mantener relaciones sexuales. Dado que las chicas con un coeficiente intelectual superior a 150 son escasas y las pocas que hay no están muy interesadas en el intercambio de fluidos, los chicos se suben por las paredes cada vez que aparece alguna chica guapa en un radio de diez metros. Pero, o bien porque sus feromonas apestan a desesperación, como en el caso de Wolowitz, o porque tienen un síndrome de mutismo selectivo que les impide hablar con mujeres y hombres afeminados, como le ocurre a Rajes (a menos que beba, o crea beber, alcohol), o porque sienten asco ante la inevitable falta de higiene asociada al tráfico de bacterias del coito, como repite con precisión maníaca Sheldon, nuestros geniales pero emocionalmente estúpidos protagonistas (Zuckerberg podría hacer un cameo sin problemas en esta serie) suelen meter la pata con insistencia, aunque paradójicamente tienen más éxito con las mujeres de lo que podría dar a entender su angustia sexual.

Creada por Chuck Lorre (Dos hombres y medio) y Bill Prady (Las chicas Gilmore), la originalidad de la serie no viene dada por el esquema del conflicto entre el elitismo intelectual de los protagonistas y el contraste de éstos con el común de los mortales, que ya hacía Frasier, sino sobre todo por el fenomenal y fabuloso Sheldon Cooper, interpretado por Jim Parsons, que se ha llevado por ello un merecido Emmy.

En todas las grandes series hay un personaje bigger than life, de esos que te cambian la vida porque de alguna manera te reconoces en ellos, por activa o por pasiva, por lo que eres o por lo que podrías llegar a ser. El Tony Soprano de Los Soprano, el Toby Ziegler de El ala oeste de la Casa Blanca, el Omar de The Wire, el dr. House de House, el Jack Bauer de 24. En TBBT no hay duda de que Sheldon Cooper es esa creación afortunada y fabulosa que es capaz –con sus tics, expresiones, modos de comportarse y pensar– de convertirse en un personaje eterno, como también lo fueron en su momento Pipi Calzaslargas o Heidi, aquellos mitos eróticos de la infancia inocente y salvaje de más de uno. Sheldon es odioso en su arrogancia, egoísmo e incompetencia social, pero al mismo tiempo es adorable en su ingenio (asociado a una expresión que hace furor: "¡Bazinga!", o su castiza traducción española: "¡Zas en toda la boca!"), su ambición y esa mezcla entre ataraxia y hedonismo que hacen de él un paradójico estoico a fuer de epicúreo.

Al fin y al cabo, y como dicen en la canción que sirve de sintonía a la serie, entre el originario Big Bang de donde surgimos y el final Big Crunch que nos espera, total, van a ser dos días, así que vamos a pasarlo bien.

 

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