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CRÓNICA NEGRA

Carrusel de pederastas

La brigada de investigación tecnológica ha ejecutado la Operación Carrusel contra la pornografía infantil y logrado detener, por descargarse y compartir archivos audiovisuales de contenido pedófilo, a 121 personas, entre las que se cuentan taxistas, camareros, informáticos, miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y un tipo del CNI.

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En un principio se dijo que también había periodistas, y por la cosa de la responsabilidad profesional enseguida nos volcamos en las fuentes para averiguar las identidades de este horror que tanto ha publicitado la autoridad, eso sí, sin dar apenas detalles y ningún nombre. A ver, ¿cómo se llama el del CNI? ¿Y los agentes detenidos? ¿Por qué no se facilita el nombre de los taxistas, del piloto, de los camareros? Tal vez se trata de generar una inquietud general, para que cuando entres en un bar o te subas a un taxi te preguntes: "¿Será éste el pederasta?".
 
El consumo de pornografía infantil es uno de los delitos más repulsivos que pueden imaginarse. En la Operación Carrusel se han intervenido fotografías y videos con imágenes de "extrema dureza", con niños que están sufriendo abusos o violaciones. Es el lado más siniestro de nuestra sociedad.
 
El Ministerio del Interior da publicidad a esta operación, en la que presume de haber empleado a cientos de policías durante meses. Policías que detectaron 1.600 conexiones para bajarse morbo de las redes de intercambio. A partir de ahí se consiguió identificar 250 ordenadores con la letra ñ. Explica la nota policial que hay una selección para evitar a los que se bajen un fichero de forma "errónea o fortuita".
 
A mí todo esto me da escalofríos, me sugiere desprotección. Por cierto, en la novela que estoy escribiendo hay un personaje que se le sorprende con esta terrible carga en el ordenador, unas fotos colocadas ahí por un miserable que se venga del informático torpe, que somos todos. Hay que tener en cuenta que, según la ley, el mero hecho de entrar en redes de intercambio de archivos en busca de pornografía infantil es "motivo para ser acusado de distribución". La policía real sabe perfectamente que esto no conlleva, de momento, grandes penas, aunque son insidiosas y abocan a la ruina social. Es decir, ¿qué significa que fulano haya sido detenido por bajarse pornografía infantil? Significa que si quiere volver a caminar con la cabeza alta, ya puede cambiar de barrio, de ciudad, de nombre y de país. ¡Qué ruina!
 
Es otra espada de Damocles terrorífica que se cierne sobre los ciudadanos. Tan peligrosa que, hasta ahora, Interior, que ha publicitado la operación a bombo y platillo –hasta el punto de que ha suscitado gran recelo y hay quien se pregunta qué marrón estará tapando la "buena nueva" policial, dado que en este Gobierno no se da puntada sin hilo–, prudentemente ha evitado un solo nombre de los desgraciados que tenían niños desnudos en el ordenador.
 
Se amenazó con revelar nombres de periodistas pederastas, y aunque se supone que los hay, todavía no han sido hallados. Aparecen sin embargo agentes de policía en formación, un piloto y un miembro del CNI, gente se supone que informada, al tanto de las patrullas del ciberespacio y del Código Penal. Entonces, ¿por qué han sido cazados?
 
Las redadas de pederastas se suceden con frecuencia desde hace un lustro, y en ellas han sido detenidas más de mil personas, la mayoría hombres de entre 18 y 40 años. La explicación de por qué en este tinglado no se da con gente más mayor es, según la policía, que los entrados en años "no conocen la herramienta". Y es cierto, una cosa es el vicio y otra la preparación técnica: muchos de los que frecuentan los paraísos sexuales no son capaces de distinguir una red P2P, como E-Mule, de un batracio. Así que se mantienen fieles a las viejas prácticas: visitar billares, futbolines y campos de fútbol, rondar los colegios y los parques, llevar siempre los bolsillos llenos de caramelos...
 
En el otro extremo nos encontramos con que se ha capturado a varios menores de edad. Menores abusando de menores. Un círculo espantoso.
 
Salvo dos de los detenidos, que han sido identificados como productores de mercancía (han grabado a sus sobrinos en la intimidad de la ducha o en otros lugares de desnudez inconveniente; sobrinos que quizá no tengan los 13 años, la edad legal para el mantenimiento de relaciones consentidas), a los que puede caerles la intemerata, los otros son meros contempladores de aberraciones: un bebé sometido a prácticas vergonzosas, juegos cercanos al sadismo que se ofrecen al curioso ojeador… Ted Bundy, el asesino del mordisco, decía que la pornografía le empujó a la acción. Salvo si ser trata de un infame error, estos tristes corderitos que pasan sus ocios viendo tan repugnantes escenas no se conforman con ver.
 
En nuestro país son muchos los menores que sufren abusos a manos de personas de su entorno, o mejor, que buscan ese entorno. En la Operación Carrusel se ha detenido a varios conserjes, que por su oficio están siempre cerca de los niños. Otras veces se captura a monitores o profesores. Los pederastas procuran la proximidad, y dado que el delito es una progresión, si no son descubiertos van atreviéndose a cada vez más cosas. De hecho, entre los detenidos en el Carrusel hay al menos una docena de reincidentes –que volvieron a buscar el porno–, y algunos se atrevieron a fabricar imágenes, incluso con carne de su carne.
 
En España hay miles de pederastas que se mantienen en sus puestos de ojeo. Mientras no son descubiertos, siguen ostentando cargos, ejerciendo influjo social, e incluso tratan de defender puntos de vista grecorromanos sobre la función de los efebos...
 
El sexo con niños es la última recompensa en este carrusel de pasiones. Lo peor de todo es la coartada intelectual; y que donde menos te lo esperas salta un pederasta.
 
 
FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.
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