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CHUECADILLY CIRCUS

Ahmadineyad en Sarajevo y los amigos de Palin y McCain

La pasada semana Mahmud Ahmadineyad fue recibido afectuosamente por el presidente de la Asamblea General de la ONU, el sacerdote católico y destacado líder de la Teología de la Liberación Miguel D'Escoto Brokmann. Mientras tanto, sus correligionarios intentaban abrirse paso a sangre y fuego en el Festival Gay de Sarajevo. Los clérigos progres abrazan al iraní sin saber que ellos serán los próximos.

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Como va siendo habitual, durante su visita a Nueva York el líder persa fue objeto de una cálida acogida por parte de diversas organizaciones políticas izquierdistas y antisemitas. También fue invitado a la cena multiconfesional organizada, entre otros grupos, por Religions for Peace. Dicen que en los restaurantes chinos sirven carne de perro. No quiero ni pensar lo que les darían a los comensales del evento ecuménico neoyorquino. ¿Cabeza de Abraham a la brasa? ¿Acaso arroz a la sangre de Judith? ¿Y de postre? Cabellos de Sansón caramelizados. ¡Menudo festín! Antes del ágape, D'Escoto había recompensado el discurso de Ahmadineyad en las Naciones Unidas con un fuerte abrazo, atención especial no dispensada a otros mandatarios internacionales y que por alguna extraña razón sentó mal al embajador de Israel.
 
El líder iraní también realizó la acostumbrada gira mediática, que en esta ocasión incluyó a Larry King, de CNN. La entrevista fue bastante aburrida porque, a diferencia de lo que hace con los políticos de su país, Larry no osó interrumpir ni repreguntar a su invitado, quien tras lanzar las conocidas diatribas contra Israel y los EEUU afirmó que en su país, donde ahora sí que hay homosexuales, no se persigue a nadie por su orientación sexual, y que el Estado no interfiere en la vida privada de los ciudadanos.
 
Gracias a Dios, todavía quedan periodistas honrados, como Amy Goodman y Juan González, de Democracy Now!, que, junto al activista irano-americano Kourosh Shemirani, cuestionaron la tolerancia de la teocracia persa mostrando a Ahmadineyad fotos de adolescentes ejecutados por el Estado iraní por practicar la sodomía. Las respuestas de su invitado oscilaron entre la negación ("Eran traficantes de droga, o habrían matado a alguien") y la salida por la tangente ("En Irán la mayoría de edad penal es diferente"). Como dice el británico Peter Tatchell, que lleva más de veinte años denunciando prácticamente en solitario la dictadura iraní y también la homofobia criminal practicada en otros países musulmanes y el peligro que representa la hostilidad de algunas comunidades árabes europeas, quizá la actitud defensiva del presidente de Irán demuestra que las campañas llevadas a cabo por algunas organizaciones LGTB y de derechos humanos están dando resultados.
 
No faltará quien, al igual que el curita rojo nicaragüense, recompense al iraní con un golpe en la espalda, o mire hacia otro lado como si el asunto no fuera con él. Mejor callar que recibir una reprimenda de Moncloa. Hablando de lo cual, ¿recuerdan aquella portada de Zero en la que, sobre una foto de Mariano Rajoy, la revista se preguntaba si se podría sacar del armario a un presidente del Gobierno gay? Tres años después, en su magnífico número 94, dedicado a la Movida, Jesús Generelo se interrogaba indignado sobre la razón de que a algunas personas les importe tanto la orientación sexual de los políticos, y llamaba homófobos a quienes habían aludido a la supuesta homosexualidad de Miguel Sebastián. No seré yo quien acuse de homófobo al director de la revista, aunque si fuera Generelo, que olvidó hacer referencia al tratamiento que la publicación para la que trabaja dio a los chismes sobre Rajoy, hablaría con mi jefe.
 
El outing selectivo, sea la víctima gay o no, es una práctica cada vez más extendida entre los periodistas, que de esta forma intentan beneficiar a los suyos y perjudicar a los del lado contrario. (Lo de Rigalt con Alejandro Sanz fue otra cosa, una imprudencia por la que Carmen ha tenido que pagar un precio que se me antoja demasiado alto). Un buen ejemplo es el sufrido por Mark Buse, jefe del gabinete de John McCain y amigo personal de él y de Cindy, su esposa, desde hace muchos años. Los autores fueron los periodistas de izquierdas Mike Rogers y Michelangelo Signorile. ¿La razón? Que McCain es homófobo y anti-gay, cuando la realidad es que su registro de votaciones sobre el asunto en el Senado es aceptable. Recordemos que una de las razones ocultas de la antipatía que el candidato suscita en algunos sectores es su oposición a la enmienda constitucional apoyada por el presidente Bush contra el matrimonio gay. La defensa impecable del federalismo (la misma que hizo Ron Paul, el candidato republicano libertarian, durante las primarias) y la apelación al auténtico conservadurismo hizo que muchos de sus compañeros se unieran a él y tumbaran la iniciativa presidencial.
 
Después llegó la campaña, y con ella las contradicciones y las posturas incoherentes, aunque no creo que esto sea causa suficiente para sacar del armario a su asesor, quien por cierto nunca ocultó a nadie que es gay, aunque sí se negó a salir en la portada de una revista y a conceder entrevistas sobre el asunto. Tal vez ése haya sido su pecado, no querer dar una exclusiva a los mariprogres. Por cierto, la revista Blade acaba de publicar las respuestas de McCain a su cuestionario LGTB. En ellas, el senador se muestra favorable a una revisión de la política de exclusión de los homosexuales en el ejército americano y afirma que la orientación sexual no le importa a la hora de hacer nombramientos políticos –eso ya lo sabemos todos gracias a Rogers y Signorile–. En cuanto al SIDA, señala que deben hacerse más esfuerzos por parte de todos para detener la enfermedad entre las poblaciones negra y homosexual masculina, y se muestra dispuesto a seguir manteniendo encuentros con miembros de organizaciones como Log Cabin Republicans, el grupo gay de su partido.
 
John McCain.A pesar de estar en contra de la utilización del término matrimonio para designar a las uniones entre personas del mismo sexo, una vez más indica que esa cuestión deben resolverla los diferentes estados de la Unión, lo mismo que la adopción (en este asunto McCain ha expresado opiniones para todos los gustos en los últimos tiempos). No se muestra contrario a la educación sexual, y defiende que se incluya la abstinencia entre las opciones presentadas a los jóvenes. Lo importante para él es subrayar la responsabilidad. Está de acuerdo con el concepto de no discriminación en el puesto de trabajo, y promete considerar cualquier legislación que proponga el Congreso, aunque admite la legitimidad de la discriminación llevada a cabo por algunas instituciones de naturaleza especial.
 
Por su parte, la candidata Sarah Palin, cuyas opiniones sobre la homosexualidad no coinciden con las de McCain, acaba de sacar del armario a una de sus mejores amigas. Aunque no menciona su nombre, no creo que sea muy difícil averiguar quién es. Espero que le preguntase primero. Consecuente con la postura mantenida por la mayoría de los grupos evangélicos de su país (no así los católicos, al menos los que han leído el Catecismo), la gobernadora dice que la homosexualidad es una "elección", y para que quede bien claro que ella no va por ahí buscando mascotas, afirma que "no es mi amiga gay, sino una de mis mejores amigas". Entendido.
 
Como les adelantaba más arriba, un hecho luctuoso ha empañado la convivencia pacífica de los habitantes de la República de Bosnia-Herzegovina. La semana pasada, grupos de barbudos atacaron el Festival Gay de Sarajevo a los gritos de "Muerte a los gays" y "Alá es grande". El gran dispositivo policial evitó un baño de sangre, aunque hubo numerosos heridos debido a las agresiones de los violentos. El diario El Economista habla de las reacciones homófobas de responsables religiosos musulmanes. En cambio, las autoridades bosnias y diversos medios de comunicación internacionales han culpado de los incidentes a "hooligans de algún equipo de fútbol".
 
El outing va por barrios. Algunos optan por hacérselo a sus rivales políticos y luego se enfadan cuando los demás les emulan. Otros aplican un criterio mejor: "A los totalitarios y a los liberticidas, ni agua". Tal vez algún día mis compañeros progresistas pierdan el miedo, aunque por ahora me conformaría con que dejasen de estigmatizar a quienes, progres o no, siguen llamando a las cosas por su nombre. Tatchell y Shemirani, al enfrentarse sin ambages ni eufemismos al islamo-fascismo, hacen un gran servicio a la libertad de todos, incluida la del padre D'Escoto, aunque él prefiera ignorarlo.
 
 
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