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CRÓNICA NEGRA

Cazadores de mujeres

En las sociedades avanzadas surgen delincuentes sexuales que llevan una vida aparentemente normal. Incluso son delincuentes blancos, sin antecedentes, con residencia habitual y trabajo fijo. Por eso son tan difíciles de descubrir. En nuestro país, los delitos contra la mujer, en especial los más graves, no paran de aumentar.

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Hace muy poco fue detenido un agresor sexual de menores que llevaba seis años actuando impunemente. Por otro lado, ha recibido una nueva condena el violador y asesino Tony King, esta vez por el caso Wanninkhof. Por si el asunto no estuviera suficientemente de actualidad, en Inglaterra resucita el fantasma de Jack el Destripador, ahora en Ipswich, donde un hombre de 48 años ha sido acusado de la muerte de cinco mujeres. Lo más curioso es que quienes le conocen no le creen capaz de tener "suficiente coco" para haber cometido crímenes tan inteligentes.
 
Nos enfrentamos a delincuentes que sirven a un retorcido impulso y que siempre nos sorprenden. Son cazadores de mujeres. Así se ha definido últimamente el británico Tony King, en una de sus múltiples y contradictorias declaraciones. Acaba de salir la sentencia que le condena a 19 años por el asesinato de Rocío Wanninkhof, a los que hay que sumar los 36 por el de Sonia Carabantes, condena ésta que acaba de ratificar el Supremo.
 
Personalmente, considero que el célebre Estrangulador de Holloway ha ido superando tabúes-osbtáculo cada vez más altos. En Londres no mataba, sólo estrangulaba hasta el punto recogido en El imperio de los sentidos, donde el placer se mezcla con el regusto sadomasoquista. Luego participó en el asesinato de Rocío, aunque no fue el actor principal. Intuyo que se atrevió a matar por primera vez en España en el caso de Coín, a la hermosa y desprevenida Sonia, que pensaba que en su pueblo no había gente sin escrúpulos.
 
En un mundo sin fronteras, no sería extraño que el nuevo Jack el Destripador haya matado en la Costa del Sol aprovechando un vuelo de bajo coste, en un fin de semana de polvo blanco y vino barato. Así que Tony estaba en Coín, de paso, menos borracho de lo que confiesa y dispuesto a transgredir todas las fronteras del respeto humano.
 
Tony King.En cambio, en el caso de Rocío podemos enfrentarnos a un móvil de odio o venganza, motivos que no caben en un cazador, porque no suele conocer a sus piezas lo bastante para odiarlas. Además, King es un estrangulador, como su colega y paisano de Ipswich. Y a Rocío la mataron a cuchilladas, con un objeto punzante que no ha sido hallado. COmo la sentencia no acepta el móvil sexual, nos quedamos con la duda: el autor de la muerte raramente pudo ser King, a quien tira el sexo perverso.
 
Cazadores de mujeres como Chimo Ferrándiz, el Estrangulador de Boston o el Sacamantecas son claros precedentes de violadores en serie que han cometido raptos cada vez más atrevidos, como Tony King. Hasta que acaban asesinando. Eso no significa que todos los violadores hayan matado alguna vez. Para matar se precisa estar entrenado; incluso podría decirse que, antes de matar, hay que superar diversas fases.
 
King y su colega de Ipswich, del que ignoramos la identidad, aunque la policía haya presentado cargos, ya han completado todo el ciclo. Son tipos protervos que persiguen hembras y disfrutan con su captura. A veces ni siquiera abusan de sus cuerpos. Les basta con la caza recreativa. La motivación está en el acto de matar. Su órgano sexual más activo es el cerebro. A veces es el único.
 
Los medios de comunicación suelen destacar que estos cazadores matan sólo a prostitutas, y producen un efecto falsamente tranquilizador, quizá no buscado pero real. Se reduce el campo de acción y se despreocupa a las demás féminas. Lo que hay que hacer es justo lo contrario: porque se ajusta a la verdad y porque es necesario que las principales víctimas tomen conciencia de que en ocasiones matan a mujeres de la calle porque resultan más vulnerables, pero amenazan a todas.
 
Un ejemplo clarificador es del castellonense Chimo Ferrándiz, que fue finalmente acusado de tantas muertes como Jack el Destripador. Dos de sus víctimas eran chicas normales y corrientes; una de ellas, profesora de inglés. Las otras tres hacían la carrera en el arcén. Chimo desarrolló una manera de actuar que lo mostraba como una especie de caballero andante. Vendía la penicilina después de haber inoculado la enfermedad. Es un cazador tipo en el que encajan los demás, incluido este inglés extravagante que desnuda a las jóvenes en el sureste de Inglaterra, las abandona en el agua, limpia los cuerpos y procura no dejar huellas.
 
Son crímenes, estos últimos, complejos, perpetrados en una pequeña ciudad aterrorizada a la que la policía trata de tranquilizar con la captura de un extraño divorciado, que tiene cartel de torpe y, a primera vista, no parece un pérfido peligroso. Sin embargo, es posible que lleve una doble vida: la de vecino modélico y la de cazador nocturno. Son compatibles, fácilmente reversibles, y se ocultan con esa media sonrisa que siempre cubre a uno cuando hace el tonto. El violador de Pirámides era instalador de gas, vecino amable, padre atento y marido educado. En sus ratos libres provocaba la mayor angustia en decenas de jovencitas.
 
También es posible que, como sucedió en Boston, cuando la ciudad se hallaba asediada por un solo hombre, los investigadores hayan optado, para quitarse presión de encima, por practicar detenciones a las que posteriormente resulte difícil poner reparos.
 
Los métodos científicos de que disponemos hoy en día, aunque no pueden poner a salvo a las mujeres, sí son capaces de frenar la carrera de los cazadores sexuales. Pero nunca antes de que hayan cometido alguno de sus horribles crímenes.
 
Por otro lado, en España hay que tomar nota: de Ecuador nos llegó el Monstruo de Machala, y de Londres Tony King; entre otros todavía no descubiertos. Son delincuentes ocultos en una marea de respetables inmigrantes que vienen a trabajar y ganarse la vida pero que inevitablemente importan, como piojos en costura, individuos inteligentes y peligrosos que viven para causar daño.
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