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CÓMO ESTÁ EL PATIO

El Yoni, la Yesi y el bombo de Bernat Soria

La campaña para aumentar las cifras de embarazo entre adolescentes que ha puesto en marcha Bernat Soria es de lo más entretenido que puede verse actualmente en la televisión. Es natural, tratándose de alguien con un currículum tan abigarrado como el señor ministro.

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Desde luego, está muy por encima de aquella campaña del "Póntelo, pónselo", puesta en marcha en su día por Matilde Fernández, una cosa ñoña y sin sustancia, más típica de una ursulina rebotada con ínfulas de progre que de un aguerrido político socialista. Si tenemos en cuenta que Bernat Soria, además, es un eminente científico, por cuyos servicios se darían de bofetadas las más importantes instituciones dedicadas a la investigación de frontera en caso de que alguna vez hubieran oído hablar de él, es lógico que las actuaciones del ministerio a su cargo tengan un resultado mucho más brillante que las de sus antecesores.
 
El objetivo de la campaña, al contrario de lo que parece sugerir su contenido, es que los chiquillos forniquen a destajo, y si puede ser con condón. De hecho, cuando salen en el telediario las autoridades socialistas lamentándose de las cifras cada vez más abultadas de embarazos no deseados entre adolescentes, ya ni siquiera se molestan en disimular. Los mismos que han promovido la eliminación de cualquier norma moral, denigrado la autoridad paterna –tachándola de imposición intolerable fruto de una educación caduca– y exaltado la rebeldía juvenil como símbolo del progreso no pueden pretender que les creamos cuando fingen horrorizarse por que el número de "rollos con bombo" no deja de crecer. Es el resultado natural de las políticas que vienen implantando desde hace años. Por eso, cuando Lorenzo Milá frunce el ceño para dar los datos de embarazos y abortos adolescentes, a mí me entra la risa.
 
Si la consideración de las relaciones sexuales como fruto del compromiso estable de una pareja adulta es cosa de curas y fachas, y de lo que se trata es de que los niños vean como un signo de modernidad la exploración a fondo de su sexualidad, a despecho de la opinión de sus padres, es absurdo pretender que sigan unas reglas estrictas como la de colocarse el impermeable antes de entrar a matar. Si se les induce a la rebeldía, lo lógico es que se rebelen hasta las últimas consecuencias y dejen los condones para que se los ponga el señor ministro de pasamontañas. El ministro finge querer actuar de padre y que los chiquillos le hagan caso cuando les habla del preservativo, pero los niños han interiorizado de tal manera que la rebelión ante cualquier autoridad es de buenos progresistas, que sus mensajes les dan risa.
 
No sé cómo llevarán en la casa de los Soria eso de las relaciones sexuales entre adolescentes, pero probablemente don Bernat cumpla el patrón progresista como cierta camarada catalana, ilustre política de izquierdas con una hija adorable que se dedica al cine y a la televisión. Muy buena actriz, por cierto, pero en una entrevista le preguntaron sobre el apoyo de sus padres cuando decidió dedicarse a la interpretación y, con toda inocencia, relató el broncazo que hubo en su casa el día que anunció que quería trabajar ante las cámaras. La primera que se opuso fue su señora madre, de la que cuenta la joven que jamás la acompañó a ningún casting. El cine es para lagartonas y desocupadas, debió de pensar mamá, así que déjate de coñas y estudia para ser una mujer de provecho en el día de mañana.
 
Es fácil imaginar, por tanto, que cuando los hijos de un político socialista aparecen en casa a altas horas de la madrugada, suficientemente borrachos y sin ropa interior, los papás no hacen precisamente una fiesta para exaltar la independencia de criterio de los chavales. Eso lo dejan para los albañiles del polígono, a los que han convencido de que la juventud tiene que vivir así y de que cualquier imposición paterna es una opresión intolerable propia de fachas. Los cachorros del progrerío, en cambio, van al colegio de curas y tienen terminantemente prohibido codearse con "malas compañías", es decir, los hijos de quienes forman la clientela electoral de papá.
 
Pero, volviendo a la campaña del "rollo sin bombo", que es de lo que se trata, debo decir que la elección del casting ha sido poco afortunada, porque los dos actores que aparecen en el spot no son precisamente los típicos adolescentes que se dan un par de revolcones en cuanto terminan de vomitar el alcohol de garrafa ingerido en el botellón semanal. A mí me fascina el anuncio, ya lo he dicho, pero me temo que el Yoni, la Vero, el Josete, la Yeni, el Pirulas, la Lorelai, el Yosua y el resto de la peñuka no van a terminar de verse identificados con los personajes elegidos para la campaña. Al chaval le falta un buen peinado cenicero y seis aros en la oreja izquierda, y a ella las mechas y un cuarto kilo de herrajes distribuidos por la jeta, aparte, claro está, del chándal dos tallas más grande y los bambos, que es la indumentaria unisex imprescindible para epatar a la chiquillería a la que va dirigida la campaña.
 
Así que, o adaptan el spot a la estética del polígono, o me temo que la Chenifer va a llegar virgen al matrimonio. Estando en plena crisis económica, es lo que les faltaba a las clínicas abortistas.
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