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CRÓNICA NEGRA

La belleza y el crimen o la bondad de los ausentes

Hay quien todavía asocia el peligro a los de peor aspecto, a los deformes o simplemente feos. Esto incluso tuvo ínfulas de ciencia con Lombroso. Si hay que sospechar, el candidato siempre es el descuidado, el mal vestido, el sucio o repelente, por actitud o presencia. Y la verdad es que los peores criminales a veces tienen un semblante angelical, visten ropa de marca y se perfuman con agua francesa.

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El asesino de alto nivel no suele ser un mutilado ni un disminuido, tampoco un hombre excesivamente pequeño o excesivamente grande. Por otra parte, la historia está llena de mujeres hermosas que fueron feroces criminales; de traidoras célebres, envenenadoras ilustres.

Esta reflexión sobre la belleza y el crimen la origina el juicio –visto para sentencia– que se ha desarrollado estos días en Gerona, donde una espectacular Miss Lérida ha sido juzgada por su presunta implicación en el secuestro y robo de sus antiguos suegros, obra, se supone, de una banda compuesta por quien pudiera ser el nuevo compañero sentimental de la dama, el hermano del susodicho y un profesor de gimnasia.

La bella, según la acusación, habría facilitado las llaves de una de las dos casas de sus ex parientes, y sus cómplices habrían penetrado con la lección aprendida e instigados por ella, con sus bonitos ojos, el óvalo de su cara casi perfecto. La belleza no es una garantía de bondad, sino más bien una cortina de humo. En los servicios secretos se suele reclutar a las más atractivas para destinarlas a las misiones más retorcidas. No me refiero al CNI, sino a los servicios secretos.

El tribunal dirá ahora si se trata de una loba o de un cordero.

Las atracadoras suelen tirar de influjo arrebatador. Una mujer hermosa es la extraña liante que secuestró y asesinó a la respetable psicóloga Permanyer, en Barcelona. Las hermosas peligrosas rompen la pana en el mundo del delito. La Miss Lérida imputada no es más que una guapa con título, en un mundo de guapas salvajes. Su aspecto despista sobre los propósitos de su mente. En el mundo en que vivimos, el peligro viene de donde menos se espera; muchas veces de la sonrisa carnosa de una lolita rompecorazones.

He sabido de una terrorista que disfrutaba sexualmente dando muerte a miembros de las fuerzas del orden, de una timadora que abusaba de los escotes palabra de honor, de una ladrona enfundada en unas mallas como la piel de un gato. En todos los casos, la mirada era transparente, algo distraída, fija en un punto de luz, como la Miss Lérida derrumbada después de haber sido reina de la belleza y, luego, de los bandidos. El tribunal reflexiona sobre la verdadera actuación de la mujer despampanante, y no puede por menos que reconocer lo bien que le sienta el traje modesto, que resalta su figura, su espectacular anatomía, desplegada como un lanzamisiles sobre el banquillo. El gesto modesto, la postura estudiada, con una falsa indiferencia que funciona como reclamo.

Las fotos de la prensa tienen una extraña armonía, como de fiesta campestre. No se sabe muy bien lo que hacen en esa pacífica imagen dos miembros de los Mossos d'Esquadra, hasta que de pronto caes: ella está en primer término, espectacular e incitante, como una diosa griega. La siguen sus cómplices, a los que les amenaza un buen número de años de cárcel, y por último los guardias. Se sabe el centro de todas las miradas, el punto de luz que deslumbra en las tinieblas de la delincuencia. Y el caso es que, en estos trances, la hermosura, que despista mucho, es el agujero oscuro. La guapa espía siempre obtiene la lista de los agentes dobles, la atracadora hermosa podría abrir la caja fuerte con la fuerza de un beso, y la miss que se lo proponga envolverá a su enamorado en la baba de la mantis religiosa.


FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.
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