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NOVEDAD EDITORIAL

Perón, tal vez la historia

A continuación reproducimos un fragmento del capítulo XX de Perón, tal vez la historia, recientemente publicado en España por Alianza Editorial. Además de una minuciosa biografía íntima del líder populista, con abundante documentación inédita, en esta obra Vázquez-Rial hace un estudio de época en el que se incluye el análisis de las inversiones exteriores en la Argentina, entre ellas las españolas, que otorgaron a Cambó y a algunos de sus colaboradores un papel relevante en la génesis del peronismo.

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Aquel 2 de diciembre [de 1943], en su discurso inaugural como secretario de Trabajo y Previsión Social, Perón estableció el sentido de la mayor parte de su política futura:
 
"Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patrones y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que, si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y por consiguiente del engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionando con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones".
 
En la Secretaría de Trabajo y Previsión se congregaron varias de las figuras que componen lo que el historiador israelí Raanan Rein ha denominado "liderazgo intermedio peronista", imprescindible para explicar la primera etapa de Perón en el poder formal, como presidente, tanto como la ruta que llevó a ella: el economista y estadígrafo catalán José Figuerola, el coronel Mercante y el abogado laboralista de origen socialista Atilio Bramuglia, hasta entonces abogado del sindicato ferroviario y pronto organizador de la nueva CGT, a pedido de Perón.
 
Francesc Cambó.Merece párrafo aparte en este contexto José Figuerola. Este brillante personaje, cuya influencia en el nacimiento del primer peronismo aún no ha sido lo bastante valorada, había sido en España funcionario de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, en el Ministerio de Trabajo, Industria y Comercio, cuyo titular era el conde Eduardo Aunós. Ambos, Figuerola y Aunós, tenían vínculos personales con el gran empresario catalán Francisco Cambó, el principal accionista de la CHADE (Compañía Hispano-Americana de Electricidad; la radicación de capitales españoles en la Argentina no es ninguna novedad), que él mismo había creado en 1919, a partir de la compra de la CATE (Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad). Al caer el marqués de Estella y, poco después, la monarquía de Alfonso XIII, en 1931, Figuerola se había marchado a París, en una suerte de exilio voluntario en el que no habían faltado las penurias económicas. Le había escrito entonces, hablándole de su situación, a Cambó. Y éste le había propuesto emplearlo en la CHADE, cosa que Figuerola había aceptado.
 
Por su parte, Eduardo Aunós, quien posteriormente volvería a ser ministro, esta vez de Justicia y con Francisco Franco como jefe del Estado –para promover desde ese puesto la Causa General contra los militantes de la República Española–, fue en 1942 a Buenos Aires para dirigir una negociación triangular en la cual España sería el país intermediario para la compra de armas por el ejército argentino a Alemania. Además, Aunós estaba encargado de la reorganización de la Falange Española Tradicionalista en Buenos Aires. Si a Perón, en la vejez, le daba cierta vergüenza (...) reivindicar las corporaciones medievales, Aunós no tenía el menor empacho en hacerlo, como se comprueba en su discurso de asunción como miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
 
Cambó, por su parte, vivía en Buenos Aires desde 1941, y, por sus propios intereses, tenía que estar en estrecho contacto con las autoridades, ya que en 1943, como una de las primeras medidas del Gobierno militar, Bartolomé Descalzo creó la Dirección Nacional de Energía, lo cual implicaba un primer paso hacia la nacionalización de las compañías eléctricas. La posición de Cambó en este tema requiere una investigación a fondo del problema de las compañías eléctricas en la Argentina, que aún no se ha realizado.
 
En 1936 el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires prorrogó las concesiones de las dos empresas que proporcionaban luz y fuerza motriz a los porteños, la CHADE de Cambó y la CIAE (Compañía Ítalo-Argentina de Electricidad), hasta el año 2000. La sesión en que fue aprobada esa prórroga, de hecho sine die, duró veintisiete horas y estuvo señalada por el escándalo, ya que era de público dominio que varios ediles habían sido sobornados, cosa que probó en 1943 la comisión investigadora designada para el caso, a la vez que demostraba que los contratos habían sido redactados en las oficinas de la CHADE. En ese mismo 1936 el paquete accionario de la CHADE pasó a manos de un consorcio francés, SOFINA (sólo nominalmente francés, porque en su directorio había banqueros españoles y alemanes, y algún miembro del Consejo Fascista), y la empresa pasó a denominarse CADE (Compañía Argentina de Electricidad). Fue vox populi que los nuevos capitales no eran tan nuevos, y que ciertos miembros del consorcio con sede en París eran testaferros de Cambó: la vox populi, como se sabe, no siempre es de fiar, pero el tema merecería gran atención.
 
Juan Domingo Perón.Lo que no queda claro en ninguna de las historias disponibles es cómo tuvo lugar el encuentro de Perón con Figuerola. Desde luego, la historia de Figuerola que cuentan, con su habitual ingenuidad, Luca de Tena y Calvo en sus glosas al relato autobiográfico del General no es cierta: después de atribuir a Figuerola la creación de las comisiones paritarias –los que posteriormente se llamarían jurados mixtos de empresa o comisiones de empresa: es cierto que colaboró con Aunós en la elaboración del Código de Trabajo– y de hacerlo pasar por la OIT –la XIII Conferencia Internacional del Trabajo de 1929, en Ginebra, la presidió Aunós– y por Italia, "donde estudió la organización corporativa" [¡!] –él, que había ayudado a Aunós a implantar la Organización Corporativa Nacional–, lo sitúan como "relativamente modesto letrado" de la CHADE y sostienen que

"el azar que le abrió las puertas de la administración argentina fue como sigue: durante la presidencia de Farrell se iniciaron los trámites para la reglamentación de la jornada de ocho horas en los servicios públicos. Se requirió entonces el concurso de algunas grandes empresas y la Compañía de Electricidad CHADE designó a su funcionario José Figuerola como representante suyo en la comisión que habría de estudiar aquella medida laboral. Su actuación en aquellas reuniones fue tan brillante que el Gobierno lo promovió para ocupar el cargo de jefe de Estadística del citado departamento del Trabajo, con evidente anterioridad a que todo ese organismo pasara a fusionarse con la Secretaría de Previsión Social recién creada y presidida por el coronel Perón. Éste advirtió en seguida las condiciones de Figuerola y, tras darle un despacho, lo instruyó para que, tras revisar el cristalizado aparato de leyes obreras que había en el país, le elevara un informe general incluyendo todas las modificaciones que considerara oportuno realizar"*.
 
Mal pueden haberse sucedido así los hechos, puesto que la presidencia de Farrell es posterior a la creación por Perón de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. La ley que establece la jornada de ocho horas, y la semana laboral de 48, había sido promulgada en 1929, y, en efecto, su reglamentación fue gradual y por sector de actividad, pero mal podían Farrell ni Perón convocar a ese efecto a la CHADE, desparecida como tal en 1936. Y, desde luego, aun suponiendo que un presidente cualquiera, antes de 1936, hubiese convocado a la CHADE para un asunto tan delicado, la empresa jamás hubiese sido representada por un "relativamente modesto letrado", de cuyas condiciones se habría percatado un funcionario argentino, pero no Cambó. Tengo para mí que los editores del relato, una vez más, se han fiado de la memoria de Perón, o de lo que a él se le ocurrió decir, y no comprobaron los datos.
 
Hay, pues, que establecer la biografía de Figuerola e intentar precisar dónde y cuándo se origina su relación con Perón. En modo alguno basta con decir, como se viene haciendo, que el coronel encontró al estadígrafo y economista perdido en la Secretaría de Trabajo. Las personas que podían tener en común eran demasiadas para que no se hubieran conocido antes y no hubieran establecido sus afinidades ideológicas antes de octubre de 1943, sobre todo habida cuenta del interés que la experiencia de Primo de Rivera tenía para Perón.


* Yo, Juan Domingo Perón. Relato autobiográfico recogido por Torcuato Luca de Tena, Luis Calvo y Esteban Peicovich. Editoriales Planeta, Sudamericana y ABC de las Américas, Buenos Aires (1976).
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