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Un sofisticado agresor de mujeres

Este remedo de homicida podría venir de oscuras experiencias y haber convertido su mundo en añicos empujado por un odio feroz al cuerpo de la mujer.

Francisco Pérez Abellán
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El maestro Huang, shaolín experto en artes marciales, se llama en realidad Juan Carlos y es un poco viejo para tener ahora un despertar como maltratador sofisticado de mujeres. Lo normal es que uno comience la carrera de asesino en serie alrededor de los 30 o 35 años. Este remedo de homicida podría por tanto venir de oscuras experiencias y haber convertido su mundo en añicos empujado por un odio feroz al cuerpo de la mujer.

Vivía en Bilbao con una enorme pinta de friki, repartiendo sabiduría oriental. No estamos acostumbrados, pero cualquiera que supiera lo que hay que distinguir descubriría en él una rabia explosiva a punto de estallar, a pesar de la sabiduría shaolín y de sus aires de gurú de antigua secta, o incluso de otras majaderías, como usar las artes de defensa personal para fabricar un muro de paciencia y obtener la comprensión del mundo a través del dominio de los sentidos.

Hasta que el machismo rompe en el corazón, y rompe la xenofobia, y también el miedo al color negro. Procede encontrar un huido de la civilización que apenas ha crecido en su deriva oriental, pero que en medio se ha transformado en un sofisticado y muy agresivo maltratador. En pocas horas puede haber procedido contra dos mujeres. Llegan noticias de que ha confesado que agredió mortalmente a otra chica, quizá un día antes de la que ha conseguido que sea descubierto.

El maestro shaolín ha sacado el diablo a pasear. Uniéndose tal vez al mayor peligro de la civilización: los asesinos múltiples. En España, donde las mujeres son el objetivo preferido de todos los delincuentes, no podía hacer otra cosa sino arremeter contra ellas. Dos, gravemente heridas: tal vez todavía se encuentren más rastros óseos.

Con 47 años ya ha tenido sus quince minutos de gloria, que decía Andy Warhol. Ha sido detenido por haber dejado presuntamente en muy mal estado a una joven africana, a la que habría propinado una enorme paliza, demostrando que los maltratadores son siempre delincuentes.

El maestro shaolín, que fue entrevistado en TV por Eduard Punset, divulgador de su supuesta ciencia, parece ser un sádico consumado con algún tipo de euforizante, lo que explicaría su escasa capacidad de reacción cuando los policías entraron en el gimnasio Zen, en los alrededores de la Gran Vía de Bilbao. Estaba junto a la joven brutalmente golpeada y no se resistió, como si estuviera preso de un gran cansancio que habría consumido sus fuerzas. No cabe duda de que su método fastuoso para esconder un hombre lobo dentro de una serpiente había fracasado.

Juan Carlos eligió una mujer negra, a la que tal vez golpeó en todos y cada uno de sus huesos, como si se tratara de un macabro ritual. Este desastre de la razón empujó a los policías a echar un vistazo al entorno, donde encontraron restos humanos, huesos de otra mujer, quizá con menos suerte todavía que la allí machacada. El resto de las mujeres tal vez esté de enhorabuena.

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