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De vuelta de Venezuela

La imagen que uno se lleva de Venezuela es la de un país que ha sido saqueado y que se está desmoronando, literal y figuradamente.

Fundación Heritage
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La imagen que uno se lleva de Venezuela es la de un país que ha sido saqueado y que se está desmoronando, literal y figuradamente. La vida nocturna del centro de Caracas, otrora pujante, no es más que un recuerdo lejano. En la actualidad las calles están desiertas, rendidas ante las mafias y los narcotraficantes. La gente tiene demasiado miedo de la criminalidad descontrolada como para aventurarse a salir de noche, consciente de los cerca de 20.000 asesinatos registrados en el país sólo el año pasado.

Hay escasez de servicios básicos por doquier. Los venezolanos que viajan al extranjero siempre traen a casa una maleta extra llena de medicinas, alimentos e incluso papel higiénico. Mary O'Grady informaba en el Wall Street Journal de que en los últimos diez años la inflación en el precio de los alimentos y las bebidas no alcohólicas ha sido del 1.284%.

Gracias a los ridículamente generosos (y económicamente perjudiciales) subsidios de Chávez a la industria energética, en Venezuela se puede llenar el depósito de gasolina del auto por alrededor de 90 centavos de dólar. Sí, ha leído bien: 90 centavos de dólar dan para comprar algo más de 15 galones de gasolina. Sin embargo, a las familias venezolanas les cuesta mucho encontrar alimentos básicos, como leche, huevos, pan y pollo en los estantes de las tiendas. La gente recurre al acaparamiento, algo que trae a la memoria los malos tiempos en la Unión Soviética.

Un colega venezolano nos comentó que normalmente se pasa los semáforos en rojo cuando maneja de noche por Caracas para evitar convertirse en objetivo de las bandas itinerantes de despiadados ladrones de autos; incluso lleva un indicativo de taxi para confundir a los posibles delincuentes. Y, tan peligroso como manejar en una ciudad en la que, tras 14 años de chavismo, la vida ha perdido valor, el chófer que nos llevó desde el aeropuerto nos dijo que era un profesional con educación universitaria (jefe del Departamento de Relaciones Públicas de un ministerio) antes de que Chávez se hiciera con el poder. Ahora, con más de 40 años, nos dijo que no puede encontrar un trabajo fijo y que miles de personas están afrontando la misma situación que él.

La mayoría de los observadores espera que Capriles tenga grandes dificultades para vencer la simpatía por Chávez y la formidable maquinaria chavista de diseño cubano. Maduro ha estado invocando últimamente la memoria del comandante, y ha contado a los votantes que éste lo ha visitado en forma de pajarito que lo insta a continuar con la revolución. En cambio, nosotros esperamos que la mayoría de los venezolanos decida que es el chavismo lo que ya no sea de este mundo.

©2014 Libertad.org
* Traducido por Miryam Lindberg

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