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El túnel cegado del 11-M

Si alguien alude al 11-M en algún foro, la respuesta más suave que puede obtener es: “¿No es un asunto cerrado?”.

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Una vez más, contemplamos "cómo se pasa la vida, tan callando...", según expresó Jorge Manrique de forma magistral. Cada final de año cerramos una etapa y se nos abre otra nueva. La añoranza y la esperanza se apoderan de nosotros. Hace unos días felicité en su cumpleaños a una persona joven que es muy entrañable para mí; me hizo una reflexión interesante: "Yo no he hecho nada por lo que merezca ser felicitada, ya que, en lo de nacer como en lo de cumplir años, no tengo ningún dominio". No parece ilógico el razonamiento.

En mi opinión, el túnel al que me voy a referir comenzó antes de llegar a la boca del mismo, fue un acto voluntario. Creo que la obra estaba planificada con antelación. Algo tan trascendente, como lo que estamos viviendo, no puede ser fruto de la improvisación ni de unos ingenieros con tan bajo nivel de formación o tan inexpertos como los que nos han mostrado durante estos casi catorce años.

El "No a la guerra", el "Nunca mais", Perpiñán, Cañaveras, etc., fueron quizás el preludio de una sinfonía patética, escrita para las víctimas y para el pueblo español. Hasta hoy, caminando por la segunda década, dicha sinfonía parece estar incompleta. Al menos esa es mi percepción, yo soy falible, como todo ser humano.

La boca del túnel se abrió el día once de marzo de 2004 a las 8:40. Ese es el momento en que la democracia española inicia una deriva hacia un tiempo nuevo, según dijo algún informador que hábilmente desinformó con la mentira de los terroristas suicidas. La autoría de ETA, aceptada por unanimidad, fue reemplazada por consenso, por la falsedad en la que aún estamos. Las víctimas y el pueblo español, utilizados como víctimas propiciatorias, seguimos representando a la perfección el papel que nos asignaron los mal llamados autores intelectuales que planificaron la masacre.

¿ Quién cegó y sigue tapando el túnel en que nos sumieron? Me atrevo a afirmar que ninguna de las tres personas condenadas por los hechos. Y ¿esto es todo? Espero que alguien mejor informado que yo pueda responder con toda la verdad de los hechos a esa pregunta tan sencilla.

Voy a intentar enumerar algunos de los materiales que ciegan el túnel:

La Instrucción Judicial.

La investigación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad e Inteligencia.

La voluntad política y legislativa para no investigar totalmente los hechos y sus ramificaciones.

El simulacro de juicio celebrado en la Casa de Campo y televisado por plasma.

La Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo que nos vendieron la falsa moneda de que el 11-M es un caso cerrado.

Las víctimas y el pueblo que hemos mordido los anzuelos que nos han lanzado a la ciénaga.

Lo que antecede no es una descalificación total a los grupos y a las instituciones, sólo trato de señalar los lugares desde donde se hizo la labor de zapa de la verdad y la justicia –pendientes todavía–. No podemos olvidar a los medios de comunicación.

Me gustaría hacer estas reflexiones con un espíritu constructivo y agradecido, pero ni la memoria permanente de mi hijo ni mi conciencia de ser humano me lo permiten. El cristianismo y el europeísmo, raíces de nuestra civilización occidental, tampoco pueden ser indiferentes ante este crimen de lesa humanidad, ya que ambos propician el derecho a la vida, la justicia y la paz; éstas no son compatibles con los crímenes impunes a los que nos referimos.

Desde el treinta de noviembre de 2007, fecha en que se dictó la sentencia del único juicio, sorpresivamente sin autores, España ha cambiado claramente su rumbo como país. Parece como si el aludido tiempo nuevo fuera la consigna compartida por todos los partidos con representación parlamentaria.

La investigación de los hechos sigue en suspenso frente a algunas promesas hechas en sentido contrario. El silencio y el olvido son parte de la consigna. Las víctimas parecemos contagiadas por el ambiente generalizado. Si alguien alude al 11-M en algún foro, la respuesta más suave que puede obtener es: "¿No es un asunto cerrado?".

Efectivamente, lo es, al menos para los que siguen cegando el túnel.

En España

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