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Gabriel Moris

Los verdaderos conspiradores

Los políticos, los gobernantes, los jueces, los responsables policiales y los dueños de muchos medios de comunicación podrán intentar engañarnos y burlarse de nuestro sufrimiento. Lo que no lograrán es que renunciemos al sentido común.

Gabriel Moris
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Acabo de leer los resultados de una encuesta realizada por Libertad Digital. Antes leí los que sobre el mismo asunto arrojaba otra del diario El País. En las dos encontré el mismo resultado. Una clara mayoría de los encuestados compartían la opinión de que la hasta ahora última sentencia sobre la masacre de Madrid no ha explicado convenientemente quién pensó, decidió, planificó, ejecutó o mandó ejecutar, los atentados del 11-M. Tampoco quién explotó su éxito, quién impidió e impide que se investigue sin límites, quién la financió, o por qué se ha premiado a los que ni la impidieron ni la investigaron convenientemente.

Si según el Tribunal Supremo no se puede culpar ni a ETA ni a Al Qaeda, es lógico que si se pregunta a los ciudadanos, estos respondan que más de cuatro años después no saben quiénes son los responsables de la masacre que asesinó e hirió a mansalva el once de marzo de 2004. No obstante, por lo que se desprende de sus declaraciones, los políticos de uno y otro signo aseguran que sí lo saben. Lástima que no compartan con sus electores todo lo que dicen saber. Por lo que han podido leer, entenderán que tenga la sensación de vivir en un país distinto al de nuestros políticos y al de los medios de comunicación. Ninguno se toma en serio las cosas cuando estas se ponen serias. 

Poco antes de que comenzara la vista pública que presidió, Javier Gómez Bermúdez aseguró que sería la primera de otras que le seguirían tras instruirse lo que quedaba por investigar y que aún no habían podido poner a su disposición. También nos informó de que el objetivo de esta primera determinaría el grado de implicación de los entonces imputados. Pues bien, sería conveniente que recordásemos que de los ciento dieciséis sujetos inculpados en la matanza en mayor o menor grado, sólo veintinueve fueron incluidos en el Auto de Procesamiento. Y lo que es peor, después de enredarnos en miles de folios, y tras tres años de investigaciones que han sido premiadas, de los ciento dieciséis detenidos inicialmente sólo a tres se les ha relacionado directamente con la barbarie.

  • Suárez Trashorras, español y confidente policial, condenado por colaboración necesaria tras supuestamente haber proporcionado los explosivos que nos dicen estallaron en los trenes.
  • Otman el Gnaoui, marroquí, condenado como supuesto colaborador en el transporte de un explosivo que por increíble que parezca no se ha podido apellidar.
  • Jamal Zougham, marroquí afincado en España y posible confidente policial. Condenado gracias a que tres ciudadanos, entre ellos uno que no declaró en la Casa de Campo, aseguraron en su día que le vieron en un tren poco antes de que estallara un explosivo que los hoy premiados sólo han logrado encontrar fuera de los trenes.

Bien. Puesto que a pesar de todo lo leído y de todo lo escuchado, los gobernantes, los políticos y los medios que siempre corren en auxilio de los poderosos dicen saber quiénes asesinaron a mi hijo, les exijo, en la medida en la que puedo exigirles, que justifiquen su poder, su sueldo y sus informaciones respondiendo a lo que públicamente y a continuación les planteó.

  1. Dado que los muertos en Leganés no pueden ser objeto de sentencia ¿alguien puede llegar a creer que los tres sujetos antes citados, y solo ellos, pudieron perpetrar un atentado de tal calibre? Por cierto, ¿no hubo forma de negociar la entrega de los de Leganés?
  2. Si las premiadas investigaciones policiales hubieran sido correctas ¿no se habría detenido a un mayor número de terroristas? ¿Incluso a todos los participantes? Máxime tratándose de células repletas de confidentes policiales.
  3. ¿Qué razones de peso ofrecen los que quieren que todo termine donde está? ¿Qué tienen que objetar a los que pensamos que, salvo el sufrimiento, no conocemos nada o casi nada de lo ocurrido? ¿Acaso financiaran ellos las investigaciones que rechazan?
  4. Yo, como, víctima del 11-M, tengo el derecho de exigir que se conozca absolutamente toda la trama y que se aplique la ley a todos los que impidieron que se investigara. ¿No parece razonable lo que pido? ¿Alguien que no haya participado, por acción u omisión, se puede sentir molesto porque yo exija lo que en justicia me debe el Estado de derecho?
  5. ¿No tengo derecho a exigir que se corrija lo que se ha hecho mal? Si se hubiera hecho bien conoceríamos absolutamente todos los elementos de la trama y a todos los que intervinieron en la misma. Y eso, a fecha de hoy, no hay quien lo defienda. Los políticos, los gobernantes, los jueces, los responsables policiales y los dueños de muchos medios de comunicación podrán intentar engañarnos y burlarse de nuestro sufrimiento. Lo que no lograrán es que renunciemos al sentido común y que les compremos como cierto lo que no puede serlo.
Sé que a pesar de todo lo que antecede serán muchos los desalmados que insistirán en calificarme de conspiranoico, término utilizado por los interesados en que yo no conozca el nombre del asesino de mi hijo. Mienten. Les consta que no conspiro y que pregunto por lo mismo que ellos preguntarían en mi lugar. Son otros los que conspiraron y conspiran para que no sepamos los nombres de quienes destrozaron la vida de centenares de familias. Y no conspiran por el placer de conspirar. Conspiran porque les va mucho en ello. Algo más de muchísimos años de cárcel y el buen nombre del que presumen y disfrutan.

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