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A la izquierda del Padre

La politización de la Iglesia en Hispanoamérica ha sido la causa principal del auge de los cultos protestantes.

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La semana pasada se celebró una misa en la ciudad paraguaya de Villa Florida. El obispo de la diócesis, monseñor Mario Melanio, aprovechó la presencia del presidente de la república, Federico Franco, para arremeter en su homilía contra la expansión de los cultivos transgénicos de algodón. El presidente, que seguramente no permitiría que alguien interrumpiese un discurso suyo en el Congreso, se levantó para replicar al obispo. Otro asistente espetó que "los peligros" son los del grupo terrorista Ejército del Pueblo Paraguayo, no los atribuidos a los transgénicos.

Federico Franco cometió una falta reprobable para un fiel católico –el se define como tal–, pero el obispo cometió una imprudencia y hasta podría decirse que abusó de su posición, ya que metió la morcilla de la denuncia social en una homilía a la que sabía asistirían el presidente y los medios de comunicación. Cabe preguntarse si en los Evangelios o las encíclicas papales aparecen los transgénicos, y si los sacerdotes tienen derecho a usar los púlpitos para obligar a los laicos a soportar sus opiniones sobre temas mundanos.

Este incidente ilustra los defectos del clero católico hispanoamericano, que –como el de gran parte del mundo occidental– en los años 60 fue intoxicado por ese humo de Satanás que había penetrado en la Iglesia a raíz de interpretaciones enloquecidas del Concilio Vaticano II: Teología de la Liberación, opción revolucionaria por los pobres, análisis marxista, lucha armada y mundanización... El objetivo era el mismo que el de los movimientos socialistas: el compromiso con el advenimiento del Hombre Nuevo.

La politización de la Iglesia en Hispanoamérica ha sido la causa principal del auge de los cultos protestantes.

Gracias a Dios, en las últimas décadas, a partir del pontificado de Juan Pablo II, han llegado a las diócesis americanas nuevos obispos, que en México reclaman el derecho de los católicos a no ser discriminados por el Estado y en Venezuela denuncian la dictadura de Chávez. Sin embargo, en el ambiente eclesial de la América española pervive, como en una habitación mal ventilada, la mala política. Mientras los obispos de Estados Unidos promueven una quincena de oración y movilización contra las políticas del presidente Obama, en Paraguay el obispo Melanio se limitó a reñir en público al presidente por los transgénicos, pero luego se achantó.

Es lo que ocurre cuando se habla por hablar. Ya ha recomendado Roma que las homilías se preparen y duren menos de diez minutos.

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