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Complicaciones crecientes en Mali

Los terroristas comienzan a reaccionar como, era previsible que hicieran: golpeando con ataques suicidas y con el uso de explosivos improvisados.

GEES
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Aunque era sabido que la guerra contra los terroristas en Mali no iba a ser fácil, las complicaciones abundan aunque también es cierto que el compromiso francés y el de algunos de sus aliados africanos siguen debilitando al enemigo. El problema será mantener ese esfuerzo en el tiempo, y aumentarlo con contribuciones de otros países mientras los terroristas, aunque en parte diezmados, seguirán aprovechando las dificultades geográficas y diplomáticas para resistir.

Entre los logros en el esfuerzo antiterrorista podemos citar la confirmación el 23 de marzo por parte de la Presidencia Francesa de la muerte del sanguinario Abdelhamid Abu Zeid, responsable de múltiples secuestros de occidentales y del asesinato de dos de ellos, en 2009 y 2010. Aparte de provocar fuertes bajas en las filas yihadistas desde el pasado 11 de enero y de liberar ciudades ocupadas por estos en el norte de Malí, es evidente que eliminar a algunos de los cabecillas más visibles (queda por confirmar también la muerte de Mokhtar Belmokhtar) supone también un logro no sólo en términos publicitarios sino también operativos.

A pesar de todo ello, el problema es que los grupos terroristas comienzan a reaccionar como, por otro lado, era previsible que hicieran, a saber: golpeando con ataques suicidas y con el uso de explosivos improvisados (IEDs), emulando así a sus camaradas de Afganistán o de Irak, entre otros, y utilizando a los rehenes occidentales en manos de varios grupos, desde Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) hasta el Movimiento para la Unicidad del Islam y el Yihad en África Occidental (MUYAO) o los nigerianos Boko Haram y Ansaru. AQMI reivindicaba el 20 de marzo el asesinato del rehén francés Philipe Verdon, algo que está aún por confirmar pero que es sin duda creíble.

En cuanto a los atentados suicidas, Gao primero y ahora también Tombuctú, dos de las tres ciudades más importantes del norte de Malí (junto con Kidal), son escenarios de los mismos en las últimas semanas. Por ahora, dichos atentados suicidas han provocado víctimas malienses, tanto civiles como militares, y en cuanto al uso de IEDs, uno de ellos era el responsable hace unos días de la quinta baja francesa en combate al destruir con su explosión un blindado galo en el Adrar de los Ifoghas. El combate en este durísimo escenario, enorme y colindante con Argelia, supone la entrada de lleno en la segunda fase de la guerra contra el terrorismo liderada por Francia y con apoyo africano (por ahora básicamente el que brindan las propias fuerzas malienses más efectivos de Chad y de Níger). Lo que sí está claro en términos de futuro es que dicho esfuerzo deberá mantenerse en el tiempo, y que se debería ver reforzado por efectivos de otros países si no se quiere entrar en una nueva fase, también frustrante, de un esfuerzo antiterrorista que no acaba de ser eficaz como es el que durante años se ha arrastrado (en Irak) o aún se arrastra (en Afganistán).

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