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El Estado de la Unión, 'drones' y republicanos

Hay una 'discrepancia' entre el uso generalizado de 'drones' y la política exterior pasiva que mantiene Obama.

GEES
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Cuando el Pew Research Center preguntó a los norteamericanos cuáles debían ser las prioridades del Congreso y del presidente para este 2013, una gran mayoría contestó que el fortalecimiento de la economía (86%), la mejora del empleo (79%) y la reducción el déficit fiscal (72%). Obama, en su discurso ante el Congreso, iba a demostrar que no había perdido de vista las prioridades de sus ciudadanos.

El discurso del Estado de la Unión es uno de esos escasos momentos en los que la colectividad se engrana con la política. Y parte de esa colectividad –se estima que cuatro de cada cinco norteamericanos– ha vivido de cerca la pérdida de un empleo, bien en su familia, bien en su círculo de amigos. Hablamos de unos ciudadanos-consumidores cuya confianza se ha ido deteriorando, que temen y viven las consecuencias de otra gran depresión y que escuchan atentos el mensaje económico del presidente.

No es una sorpresa que en la alocución de este año –y seguramente en la del próximo– haya una vuelta a la economía y a los asuntos domésticos. Pero, eso sí, nada de la polémica de la semana pasada sobre la licencia para matar del presidente y el uso y abuso de los drones. A la doble cara del presidente, sus defensores lo llaman pragmatismo. Por un lado tenemos al mandatario de los grandes discursos y de las grandes promesas, el de las minorías y la reforma migratoria, el del cambio climático, los problemas de los más necesitados, el bueno; por el otro, al de la intensificación del empleo de drones, pero tratando siempre de silenciar el debate público y dejando que otros, como John Brennan, den la cara por él.

Incrementar los ataques selectivos con drones, en detrimento del despliegue de fuerzas terrestres, desde luego tiene sus ventajas. Se requieren unas fuerzas mínimas y, por lo tanto, se ponen menos vidas en juego; los ataques no son indiscriminados y hay pocos daños colaterales, aunque su impacto en la opinión pública –sobre todo en otros países– es peligrosamente elevado. Además, su coste es reducido, en comparación con otras herramientas. Sin duda, es perversamente atractivo.

El éxito táctico es grande, sobre todo si se eliminan las principales cabezas terroristas. Sin embargo, el éxito estratégico es objeto de dudas. Y es que hay una discrepancia entre el uso generalizado de drones y una política exterior pasiva que mantiene, según las propias palabras del presidente, que la era de la guerra ha terminado. Una incongruencia que Obama debería aclarar.

Con todo, mientras el Partido Republicano esté dominado por las divisiones, Obama seguirá dominando éstas y muchas otras cuestiones que tienen que ver con el papel de Estados Unidos en el mundo. Una división evidenciada la noche del discurso sobre el Estado de la Unión: no hubo una única respuesta republicana a Obama sino dos, la de Marco Rubio y la de Rand Paul.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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