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Hacia el caos

Es bueno que se quiera frenar a Morsi, pero es irresponsable creerse que todos los opositores son demócratas y que los islamistas van a perder el poder.

GEES
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Sea cual sea la evolución de Egipto en las próximas horas, lo que está claro es que nada volverá a ser como antes. La arrogancia de los islamistas más o menos radicalizados ha encontrado respuesta tanto en parte de la sociedad como en unas Fuerzas Armadas que, al final, son las garantes últimas de la seguridad del Estado. Los contenidos del doble ultimátum presentado al presidente, Mohamed Morsi, por ambos actores –oposición y militares– pueden cumplirse o no, pero la lectura política subyacente es clara.

Las movilizaciones en escenarios urbanos como El Cairo o Alejandría impresionan, y más aún con la cobertura mediática que han tenido y tienen, como las tuvieron las que provocaron la salida del poder de Hosni Mubarak en 2011. Pero no olvidemos que luego las urnas hablaron y que, con una participación muy alta, dieron el 70% de los escaños a los islamistas, tanto a la Hermandad Musulmana de Morsi como a los aún más radicalizados salafistas de Al Nur. Se quiere decir, recordando esto, que no hay que perder de vista el telón de fondo del escenario egipcio.

Por un lado, es cierto que los opositores que ahora se asoman a las cámaras del mundo entero parecen ser adversarios de las políticas islamistas que Morsi y sus secuaces quieren imponer, pero no hay que olvidar que el país es muy grande y muy variado, y no hay que engañarse. Es bueno que se quiera frenar a Morsi, pero es irresponsable creerse que todos los opositores son demócratas y que los islamistas van a perder el poder y, sobre todo, la influencia que tienen en la sociedad egipcia en sentido amplio. Existe un riesgo de enfrentamiento civil porque los partidarios de Morsi y el resto de los islamistas no se van a dejar arrebatar el poder que por primera vez han adquirido. Y es ahí donde tienen su papel las Fuerzas Armadas.

La cúpula militar egipcia ya no es la que era en la época de Mubarak, pero sus funciones y su compromiso con el Estado siguen siendo los mismos: si ve acercarse un escenario de enfrentamiento civil intervendrá, de la forma que sea pero sin duda lo hará. Cabe recordar ahora que en enero de 1991 los islamistas radicalizados del Frente Islámico de Salvación (FIS) iban a ganar la segunda vuelta de las elecciones argelinas y prometieron provocadoramente a la población que serían ya las últimas, porque con su victoria se impondría el rodillo islamista; entonces las Fuerzas Armadas del país encabezaron una intervención para impedir el desmoronamiento de la república y la agudización de una violencia terrorista que ya existía, y que no surgió después como respuesta al golpe militar. Viven, pues, los egipcios momentos críticos, que pueden llevar o no a decisiones que en cualquier caso hay que saber poner en su justo contexto, político y de seguridad.

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